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Pozo de Thor: dónde queda y qué explica ese "agujero" que parece tragarse el océano

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El Pozo de Thor está en Cabo Perpetua, en la costa del estado de Oregón, a pocos kilómetros al sur de Yachats. Impresiona porque, con marea alta y oleaje fuerte, el mar se desploma hacia un orificio casi circular en la roca, desaparece por unos segundos y luego reaparece expulsado en forma de chorros y salpicaduras. A simple vista, parece un desagote gigante: un "agujero negro" marino que se traga el agua.

La escena se vuelve todavía más potente por el entorno: acantilados de origen volcánico, roca basáltica oscura y un Pacífico que rara vez se queda quieto. El sonido profundo del agua entrando y saliendo completa el efecto de abismo.

Qué es, en realidad, el Pozo de Thor

No es un vacío sin fondo ni un misterio sobrenatural. Es una cavidad conectada con el océano por túneles y grietas subterráneas. Cuando el mar empuja con fuerza, el agua cae hacia el interior, circula por esas fisuras y vuelve a salir por aberturas cercanas, como si la costa "respirara" a presión.

En días de mar más calmo, el nivel del agua baja y se ve mejor su forma irregular, con bordes pulidos por la erosión. Su profundidad ronda los seis metros y la apariencia cambia mucho según la marea y el oleaje.

Cómo se formó: el colapso de una cueva marina

El origen se explica por un proceso geológico: el derrumbe del techo de una cueva marina. La roca volcánica es resistente, pero está atravesada por fracturas naturales. Durante siglos, el oleaje fue ensanchando esas grietas, debilitando la estructura hasta que cedió. El resultado: un "agujero" costero que quedó conectado al sistema de túneles que drenan y devuelven el agua.

Por qué no conviene acercarse de más

El Pozo de Thor es un imán para turistas y fotógrafos, pero también puede ser traicionero. Con mareas altas, tormentas o mar picado, el agua puede cubrir la plataforma de roca y generar corrientes repentinas. No hay aviso previo: un golpe de ola alcanza para barrer la superficie y dejar sin margen de reacción.

La recomendación es simple: mirar desde una distancia prudente, especialmente cuando el oleaje está fuerte. Es un espectáculo hipnótico, sí, pero no está hecho para "asomarse a ver qué pasa".

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