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EL DIARIO digital
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La represión de las protestas en Irán dejó hasta el momento al menos 648 personas muertas, de acuerdo con datos difundidos este lunes por la organización Iran Human Rights (IHR). Organismos de derechos humanos advierten, sin embargo, que la cifra real de víctimas fatales podría ser mucho mayor, en un contexto marcado por protestas masivas, crisis económica, censura informativa y una respuesta cada vez más dura de las fuerzas de seguridad.
Según precisó IHR, el número informado corresponde únicamente a víctimas verificadas. La organización señaló que, de acuerdo con distintas estimaciones, los fallecidos podrían superar los 6.000, aunque aclaró que el bloqueo casi total de Internet impuesto por el gobierno iraní durante varios días dificulta de manera extrema la verificación independiente de los datos.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, luego del colapso del rial iraní, que alcanzó un mínimo histórico al cotizarse en 1,42 millones por dólar estadounidense. El derrumbe de la moneda aceleró la inflación y disparó el precio de productos básicos como alimentos y combustibles, lo que derivó en un estallido social que se inició en mercados del centro de Teherán y se extendió rápidamente a más de 280 localidades en 27 provincias.
De acuerdo con reportes de organizaciones civiles, en los primeros días las fuerzas de seguridad respondieron con represión violenta, cortes de Internet y amenazas de aplicar la pena de muerte contra los manifestantes. En ese marco, ya se contabilizaban cientos de víctimas fatales antes de finalizar el año.
El 29 de diciembre, en medio del agravamiento de la crisis, el presidente del Banco Central iraní, Mohammad Reza Farzin, presentó su renuncia, mientras la policía utilizaba gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. Al día siguiente, el presidente Masoud Pezeshkian mantuvo reuniones con líderes empresariales y prometió atender los problemas económicos, aunque la violencia no cesó.
Los enfrentamientos más graves se registraron el 1 de enero en la ciudad de Azna, en la provincia de Lorestán, donde circularon videos que mostraban incendios, disparos y fuertes disturbios. También se reportaron muertes en Bakhtiari e Isfahán, además del asesinato de un voluntario de la fuerza Basij de la Guardia Revolucionaria.
En el plano internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió públicamente que su país podría intervenir si Irán continúa "matando violentamente a manifestantes pacíficos". Sus declaraciones se produjeron en un contexto de alta tensión, tras recientes bombardeos estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes y amenazas cruzadas entre ambos países.
Mientras tanto, organizaciones de derechos humanos insisten en que la magnitud real de la represión aún no puede dimensionarse por completo y reclaman una respuesta urgente de la comunidad internacional ante lo que describen como una escalada de violencia sin precedentes recientes en el país.