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EL DIARIO digital
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Leo Messi, que con apenas 20 años todavía no sabía lo que era levantar un Mundial ni convertirse en el futbolista que marcaría la historia, sostenía con cierta timidez un bebé de seis meses que chapoteaba dentro de una bañera.
Un patito de goma entre ambos arrancó las sonrisas de los presentes y deshizo la tensión que suele imponer una cámara. Nadie prestó demasiada atención a aquella fotografía, parte del calendario solidario de Sport de 2008, hasta hace dos años. Casi dos décadas después, la escena adquiere un significado imposible de prever: este domingo, el joven futbolista que bañaba al niño y aquel bebé se enfrentarán en la final del Mundial entre Argentina y España. Messi y Lamine Yamal.
El vigente campeón que ha dominado el fútbol frente al futbolista llamado a liderar la siguiente generación. "He crecido un poquito, y Leo también. Ojalá sí que pueda enfrentarme a él en una final, ya que no se pudo en la Finalissima", bromeó Lamine Yamal a Dazn recientemente sobre la fotografía. "Lamine era muy simpático. Se ganó a Messi en dos sonrisas", recordada hace dos años a EL PAÍS Joan Monfort, fotógrafo de la escena. Una imagen, tan inocente como fortuita, que invita a hablar de legado y sucesores, y que este domingo tendrá un capítulo más.
La fotografía permaneció prácticamente olvidada durante más de quince años. Hasta que hace dos veranos, en plena Eurocopa, el padre de Lamine la rescató al publicarla en Instagram. El momento no pudo ser más oportuno. Mientras Europa descubría el talento de un joven de 16 años que desafiaba los límites de la precocidad, la imagen ofrecía un relato irresistible. En Barcelona, Lamine ya despertaba ilusión, y era el futbolista señalado para llenar el vacío emocional que dejó el traumático adiós de Messi y que nunca llegó a ocupar Ansu Fati. "Hay una nueva generación de futbolistas que es muy buena y que tiene muchos años por delante, pero si me tengo que quedar con uno por la edad, por lo que ha hecho hasta ahora y por el futuro que puede llegar a tener, es Lamine. No hay duda, para mí es el mejor", señaló Messi a su heredero hace unos meses en un acto de Adidas. "Para mí es el mejor y lo sigue demostrando. Tiene ventaja sobre todos y tiene 40 años", aseguró Lamine sobre el argentino.
Las comparaciones entre ambos no han cesado desde que Lamine explotó. Desde sus cifras, récords, hasta semejanzas sobre el césped. Ambos irrumpieron desde la banda derecha, zurdos, y Lamine ya imagina un recorrido parecido al del argentino. "Creo que a Leo también le defendían tres. Y en el único sitio donde no te pueden defender tres es en el medio. Hay mucha gente. Con el paso del tiempo acabaré ahí", aseguró en una entrevista a EL PAÍS en los primeros días de competición en este Mundial de EE UU, México y Canadá.
También coincidieron los paralelismos más simbólicos: el dorsal 19 en sus primeros pasos con la selección y el Barça y, sobre todo, el 10 azulgrana, el patrimonio emocional de Messi que Lamine heredó la temporada pasada.
La historia detrás de la fotografía empezó a finales de 2007. Sport preparaba la segunda edición de un calendario solidario junto a UNICEF en la que cada mes un futbolista del Barcelona posaba con un niño proporcionado por la ONG. Los padres de Lamine, Mounir Nasraoui y Sheila Ebana, inscribieron a su hijo en el sorteo. Y fue uno de los elegidos. También el jugador que compartió la sesión con él: Leo Messi.
La fotografía se tomó en el vestuario visitante del Camp Nou, con la madre de Lamine presente. La bañera fue idea de Joan Monfort, que la noche anterior visualizó la escena mientras bañaba a su propia hija. A Messi aún le quedaban años por delante para ser padre y seguía siendo un joven reservado. "Fue una foto complicada. Messi antes era aún más tímido que ahora. Pero es muy profesional y lo puso fácil. Estaba tranquilo, paciente, alegre. Coger el niño no era su especialidad, pero lo hizo muy bien", explicaba Monfort a este medio hace dos años después de que la imagen se hiciera viral. Oriol Canals, entonces responsable de marketing de Sport, conserva una imagen parecida de aquel día. "Le impresionaba más el bebé que la cámara", bromeó Canals sobre Messi, al que tildó de "prudente" sujetando al bebé. La tensión desaparición cuando Monfort sacó un patito de goma. Ambos sonrieron. Y la fotografía fluyó.
La imagen permaneció olvidada durante años, ajena a todo lo que vino después. Hasta que Lamine empezó a sonar como el candidato a ocupar el hueco emocional que dejó Messi hace años, y a forjar su propio camino como futbolista. Este domingo, aquella fotografía dejará de ser una amable anécdota. El campeón del mundo y el futbolista que aspira a sucederle compartirán por primera vez un terreno de juego. Durante años fue únicamente la fotografía de un calendario solidario. Este domingo también será la fotografía de una final del Mundial.