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EL DIARIO digital
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Es un día especial porque la carrera lleva el nombre de Juanjo Besi y porque hay tiempo libre para que el Profesor Omar Lastiri se emocione profundo cuando muchos de sus dirigidos lo acompañan a meta para su homenaje. Omar encuentra siempre las palabras justas, se emociona porque ve cómo la transición de treinta años parece ser una película de época que tiene un punto en común y es la pasión por pedalear y correr.

En la mirada retrospectiva del cerebro de aquella organización modelo que fue Tiempo Libre, comienzan a llegar muchos actores para acompañarlo. Será un día inolvidable, lo mismo que para Juanjo Besi, acaso un de sus mejores alumnos.
En esta nueva etapa del ciclismo de ruta, en esta parte de la provincia, Lastiri es uno de esos indispensables de la historia, como tantos otros. Y es, además, un padre autorizado para bendecir a un deporte tan castigado, herido y bombardeado a lo largo de los años.
Ahí, en la esencia, en lo simple y mientras el tiempo pasa, hay tiempo para un dignísimo plato fuerte del tercer capítulo del Provincial.
Julián Barrientos decide atacar, romper el pelotón, hacerse fuerte y viajar contra el viento. Quiere ser, ahora que tiene 30 recién cumplidos, el más fuerte hasta que una roseta de las tantas que habitan -desafortunadamente- en el pavimento lo hace ser uno más. Frustrado, con bronca interior porque sabe que en este vértigo que es el Provincial de Ruta, todavía está en deuda con la victoria. Y ahí va, como pidiendo respuestas al aire.

La carrera principal, con el viento pegando en la cara como si se empecinara en hacer el daño que nunca antes, se corta porque los fuertes van a la cabeza y los otros persiguen. En esa ventana, que también puede ser un túnel, intentan primero Sebastián Lastiri, y luego Barrientos y Lobosco, con Díaz y Jorgito González.
Es, tras ese corte, donde todo se esfuma atrás. Porque no hay gente con piernas para cerrar la fuga y solo el Toro Lastiri con un colaborativo Elías Spon, le ponen onda hasta que deciden bajar las pulsaciones, acomodarse y esperar al grupo.
El viaje especial es el que termina en meta. El cuarteto acuerda ponerla a fondo con el viento de cola y lo que es un minuto se estira a tres cuando Barrientos se va con González y se prometen duelo, como en el oeste, a una bala. Pero Julián desaparece de la escena y ya nada será lo mismo.
González se funde de nuevo con Lobosco -que había recuperado vuelta por pinchadura- y entre los tres pactan ir hasta la raya con las fuerzas propias.

Como si tuviese una calle angosta, Lorenzo tiene uno de esos Díaz y le hace honor a su San Luis. Cómodo, levanta la mano, gana y busca a su amigo, Julián, finalmente cuarto.