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EL DIARIO digital
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"Manuel Antonio Carrizo Córdoba, acepta por esposa a Martina Cipriani" pregunta Rubén Funes, el Juez de Paz que repite la pregunta, pero a la inversa. Los dos dicen: "¡Sí, acepto!" y el amor sin fronteras se sella en una firma estampada una noche de diluvio en Santa Rosa. Aquí, en la ciudad donde empezó a escribir una de las historias más importantes en el básquetbol pampeano.
Manu tiene más años de vida en Italia que en Argentina. Hoy, a los 43, recuerda en una mirada regresiva cuando su padre era profe y él lo acompañaba por donde fuera, mientras creía y creía y pintaba a mano alzada sus primeras pinceladas sobre el liencillo de su historia. Estudiantes, Ferro, la Selección, la capitanía y el mundo por delante. Todo eso mismo, mientras sus sueños eran modestos, más bien humanos.
"Mi sueño era ser Marcelo Milanesio" dice en su charla con El Diario. "Miraba a Milanesio, al Pichi Campana, eran cordobeses, se identificaban con sus clubes. La Liga Nacional Tuve propuestas de universidades norteamericanas, muy importantes, que eran previo a un paso a la NBA. Pero yo quería otra cosa", aporta. "Quería jugar en mi club, en Estudiantes, por eso me quedé un par de años más. Cumplí sueños más reales: jugar en la Selección y usar la camiseta 9 en Estudiantes como usó mi padre. A ambos los pude cumplir".
Manu tiene tres hermosas niñas con Martina, su mujer: Mía, Mili y Nina, bautizada en Santa Rosa recientemente. "Ser padre me ordenó todo. Te acomoda cada cosa en su lugar" cuenta mientras espera el café y pide el cortado. "¿Edulcorante o zucchero?" le preguntan, y va por la segunda.
Hoy, en Ferentino Basket, el club que le dio el amor y del que se enamoró, respira como un jugador de básquet. Ya no pica la bola para entrar en calor ni sigue los rituales que cada uno tiene puertas adentro, en su intimidad, pensando en una nueva batalla. Pero, eso sí, lo respira, lo siente, como si estuviera en la cancha. "Yo siempre voy a ser un jugador de básquet".
- ¿En algún momento estuviste cerca de estar en la órbita NBA?
- No, pero del paso anterior a la NBA sí, me querían universidades muy importantes de Estados Unidos. Pero en ese momento no era mi prioridad irme. Fue antes de ir a jugar Liga Nacional a Ferro. No era la prioridad para mí en ese momento.
- ¿Qué querías?
- En ese momento no tenía la idea de ir a una Universidad, ni siquiera ir a Europa. La Liga Nacional estaba muy fuerte y quería jugar acá. Quería ser Marcelo Milanesio En realidad va un poco más allá. Yo nunca tuve el sueño de jugar en la NBA.
- No te volvía loco.
- No. Tenía dos sueños y los cumplí a los dos: uno era jugar en la Selección argentina y otro jugar en el club Estudiantes, con el número 9, como mi papá.
- Toda la etapa de la Generación Dorada, que es una generación mayor a la tuya, tenía varios pies en la NBA. ¿Tampoco eso llegó a entusiasmarte?
- Toda esa Generación Dorada es más grande que yo. A mí me fascinó el hecho de que Milanesio y el Pichi Campana pudieron llegar al máximo en sus clubes. Eran cordobeses, y a mí me encantaba esa relación que había, entre ellos, el público, el club Por eso jugué dos años más en Estudiantes porque quería jugar en mi club. Me pude haber ido antes, pero quería dejar algo acá.
La charla se interrumpe. El que abre la puerta es Nicolás Pérez, compañero y amigo de la vida. Compadre de Manu. Solo bastaba una mirada o un dialecto para que la sociedad funcione en el Coliseo Celeste a fines de los 90. Arreglan horarios, se ponen de acuerdo como antes, pero para pasar tiempo juntos antes de que Manuel vuelva a Italia.
"Nico es un hermano de la vida para mí. Soy el padrino de su hija más grande, él es el padrino de mi hija. Nos unen un montón de cosas, con él y su familia. Estoy seguro de que si le preguntás a él cuál era su sueño, te decía lo mismo: jugar en el club".
General Pico estaba en el esplendor. Llegaban americanos, Independiente tenía páginas de diarios, segundos de radio y el Gigante de la avenida se veía repleto, en los cuatro costados, con más de cinco mil personas. Era un boom. "Nosotros estábamos más atrás de ellos, pero queríamos demostrar que acá también podíamos hacer nuestras cosas".
- En TNA llegó Tyrone Weeks, una figura universitaria, compañero de un gran jugador NBA que fue Marcus Camby. Estudiantes tenía un equipazo. ¿Qué recordás?
- Para mí son los recuerdos más lindos del básquet. Jugar en Estudiantes, joven, que me haya ido a bien. Que toda la ciudad esté comprometida con el proyecto. Quedan cosas hermosas de esa época, nos entendíamos con una palabra con Nicolás, por ejemplo, en una jugada que hacíamos. A veces no salía y nos comíamos un reto. El club es parte de nuestras vidas.
- La gente siempre te quiso mucho a vos. ¿Llegaste a tomar dimensión de eso?
- No es que sentía que me querían más o menos que los demás. Sentía, eso sí, un gran reconocimiento. En la ciudad la gente valoraba lo que yo hacía. Eso era muy lindo para mí. Cuando tenía que salir o cuando estaba en la Selección, sentía que la gente me empujaba. Quería jugar bien en la Selección para que esté representado el club Estudiantes, la ciudad, Santa Rosa, y la provincia. Eso fue muy fuerte.
- Jugar el Argentino 2010, en casa, fue otra decisión importante cuando tu carrera en Italia estaba consolidada.
- Jugué ese Argentino porque se lo había prometido a Tincho Pérez Isa, presidente de la Federación Pampeana. Me hubiese gustado ser campeón, por supuesto, pero no está mal el tercer puesto. Nicolás estaba jugando en Italia, también. Cuando me levantaba saludaba a mi familia con mensajes y a Nico le escribía: "La Pampa campeón argentino". Volver a jugar en el club, en casa, con la cancha llena, fue una experiencia increíble.
- ¿Hoy un chico puede llegar a tener el sentido de pertenencia que tuviste vos con el club? Porque da la sensación de que la vida pasa por otro lado, básicamente por un teléfono.
- Espero que sea así. No vivo el día a día como lo viven los chicos de hoy. En mi caso el verano iba a la colonia, papá era bañero y estaba hasta las 9 de la noche en el club. Hoy mis amigos son del club, sus hijos van al club Mis hijas, cuando vienen, van al club. Para nosotros era muy importante el lugar en el club. Representarlo en el deporte que amamos, con la gente acompañando, te hacía sentir un súper héroe. Era algo hermoso.
Manuel jugó el campeonato mundial de Japón 2001, después de su paso por Ferro de Caballito, y la medalla de bronce le significó una gran línea para el cuaderno. Una más. Fue la que disparó, definitivamente, su decisión de ir a Europa. La Dinamo Sassari, de Sardegna, lo esperó con los brazos abiertos. Italia, su cultura, su tradición, lo bautizó para ser uno más. El Indio, le llegaron a decir.
Hoy, de vuelta en casa y en un país revolucionado, Manu se refugia en los amigos y anhela que la política no sea disparadora de enfrentamientos. "No vale la pena, lo que vale la pena es respetar los puntos de vista, poder discutir y tratar de entender por qué uno piensa así y el otro de otra manera. Enfrentarnos no nos ha llevado a ningún lado".
- Pasaron 22 años, más de la mitad de tu vida en Italia.
- Nunca imaginé que iba a tener mi familia allá. Sabía que si quería ser jugador de básquet en serio, tenía que estar listo mentalmente para irme. Italia y España eran los destinos más buscados. Cuando se dio el momento justo, me fui. Me pude haber ido antes, pude no haber ido a Ferro, pero dejé que la cosa vaya a su ritmo. Dejé que fluya. Nunca forcé nada. No fui a equipos demasiado importantes donde podía estar relegado. El famoso, "¿cabeza de ratón o cola de león?". A mí me gusta jugar al básquet, si no me siento importante, no tiene sentido.
- Pero en cada proceso fuiste referente, líder llegaste a ser capitán de Selección.
- Para mí el básquet es un modo de vivir la vida. No soy jugador de básquet y otra cosa, todavía soy jugador de básquet. El médico que es médico, va a ser médico siempre. El deporte, por ser atleta de alto rendimiento, te da un montón de cosas más. Si lo sabés volcar en la vida, te ayuda. No voy a considerarme jamás un ex jugador porque sigo viviendo como un jugador de básquet.
Un vendedor de medias interrumpe. La charla se pierde, el hilo se enrula y llega una historia de referentes, de ídolos populares. Messi, LeBron James o Vincenzo Nibali, uno de los pocos ciclistas en tener el honor de haber ganado las tres carreras más grandes del planeta: Giro de Italia, Tour de France y Vuelta a España.
"Allá el ciclismo es deporte practicado por mucha gente. Mis amigos, de más de 40, se preparan y se lo toman muy en serio. Corren por un jamón de premio" confiesa.
- ¿Qué tiene el jugador de básquet con respecto a deportistas de otros deportes?
- Si vas a la esencia de lo que es un deportista de alto rendimiento, es más o menos lo mismo. En cada nivel, si vas a la elite, si agarrás a Nibali, LeBron James o Messi, y los sentás juntos, en la mayor cantidad de cosas coinciden. Uno hace 150 kilómetros, el otro entrena tirando al aro mucho tiempo y el otro pateando tiros libres Si bajás un nivel, en otros deportistas, va a pasar lo mismo.
- ¿Por qué llegan además de ser buenos?
- ¿Qué es ser bueno?
- Tener conducta, ser talentoso, esforzarse una suma de cosas.
- Creo que hay tres columnas: una, el talento que vos tenés para ese deporte, por ejemplo: los pies de Messi, las manos de LeBron y los pulmones de Níbali; otra, la física (vos podés tener las manos de oro, pero físicamente ser una porquería); y la tercera columna, la capacidad mental: si sos fuerte mentalmente, las podés tapar. Si vos tenés un súper talento, bien físicamente, pero mentalmente sos un desastre, hacés mucho menos. Te falta algo.
- Parte de eso fue lo que te marcó en tu carrera para mantenerte en un nivel alto, con una rodilla lastimada.
- Yo sabía cuál era mi límite físico. Pero no estuve al nivel altísimo.
- Lo que quiero decir es que para tener una carrera de veinte años, incluyendo paso por Selección, tuvo que haber sido importante lo mental.
- Fue 'lo más' importante. Si no, no hubiese podido jugar. A los 20 años tuve que haber dejado de jugar. Hubiese sido fácil dejar de jugar y que todos digan: "Manuel era un fenómeno, hubiese jugado en la NBA si no se hubiese roto la rodilla". Lo más difícil fue aceptar que no iba a poder seguir las expectativas que había sobre mí, entendía que gente con la que me codeaba iba a llegar más lejos que yo. Para mí fue muy difícil eso, ¿eh? Para poder ser un deportista de elite, sobre todo en el básquet, tenés que tener un ego muy alto, muy muy grande, y lo tenés que trabajar.
- ¿Por ejemplo?
- Vos tenés que tener el ego para agarrar la pelota ante 5000 mil personas que te están mirando y puteando, y tenés que meterla en un arito así de chiquito con tres tipos defendiéndote. Si la metés sos el mejor, si no Vos tenés que trabajar eso, tenés que arrancar diciendo: "la voy a meter". Pero hay que ser inteligente para ver eso.
- ¿Quién era así en tu familia?
- El temperamento mental que tenía mi papá, me lo pasó. Viendo a mi papá cómo se manejaba en su vida, mi madre, viéndolos , no puedo manejarme en mi vida de otra manera. Si hubiese tenido otra profesión hubiese sido igual. Lo que soy me lo dieron ellos.
- ¿Cómo ves el futuro de ustedes en diez años más?
- Es difícil. A mí me encantaría tener una carrera dirigencial, ser más importante y que este sea el primer paso para una carrera más importante. El problema es lo que lleva hacer una carrera así a nivel personal. Yo lo viví mucho, he agarrado un bolso y me he ido a un lado, a otro , pero no quiero que mi mujer y mis hijas pasen eso. Me imagino bastante tiempo en Ferentino y la idea de que ellas crezcan ahí. Estamos muy bien y en la medida en que el trabajo vaya bien, vamos a tener un futuro más largo en la ciudad.