Lo dijo el entrenador pampeano, Mauricio Giganti, en una charla magistral.

Mauricio Giganti es el entrenador pampeano con mejor proyección. Un Director Técnico que hoy por hoy no tiene techo, ni límites. Su pasión y dedicación por el trabajo le han dado sus frutos. No ha sido fácil el camino pero cada error o desacierto ha sido una enseñanza que le permitieron en este 2020 encontrarlo firme y con las ideas claras.

En la post-pandemia, el "Buli" afrontará un nuevo desafío: el de dirigir en la Primera Nacional, la segunda categoría más importante del fútbol argentino. El equipo que apostó por él fue Estudiantes de Buenos Aires, que pelea por el ascenso a la Liga Profesional.

Pero este sueño hecho realidad comenzó exactamente 10 años atrás cuando colgó los botines a los 33 años y se dedicó de lleno a la dirección técnica. Hizo sus primeras armas en Vietnam, una experiencia por Ferro de Pico, luego pasó por el fútbol de Chile en dónde dirigió tres equipos diferentes, volvió a Ferro, dio el salto a Alvarado de Mar del Plata dónde hizo historia y en el mejor momento decidió retornar a su General Pico. Todo ese recorrido ha sido una conjunción de errores y aciertos. Todo fue un aprendizaje.

En una de las tantas charlas y capacitaciones que se realizan vía Zoom, en este caso organizada por Técnicos Unidos Argentinos (TUA La Pampa), Giganti compartió sus trabajos con un grupo de casi 70 entrenadores de La Pampa y del resto del país.

El pampeano disertó ante la presencia de colegas del Torneo Federal "A" como Carlos Mungo (DT de Villa Mitre), pero también estuvieron presentes entrenadores de élite como Juan Pablo Pumpido (lo sucedió en Alvarado), o sus ayudantes en el equipo marplatense Ezequiel "Trapito" Ceballos y Osvaldo Nartallo. Entre los pampeanos presentes estuvieron: Ignacio Archieri, Guido Carracedo, Nicolás Hernández Bocca, Daniel Petrucci, Daniel Peinado, Miguel Quirulef, Marcelo Costantino, Sebastián Bernardi, Luis Olivera, Walter Gonzalo, Carla Camerlinckx y Agustín Labarraz, entre otros.

Un ADN

Giganti confiesa que su idea es casi inamovible: el 4-3-3 o las variantes de 4-2-3-1 o 4-1-3-2 como terminó jugando en Ferro de Pico antes del receso por la pandemia. En ese sentido confesó que no cambiará y que buscará en Estudiantes de Buenos Aires reforzarse con futbolistas para llevar adelante ese modelo de juego. "Ahora puedo contratar masivamente porque no hay un cupo, si el presidente me lo permite y también la parte económica, no me voy a salir de mi ideología, de mi sistema y de mi idea", expresó.

"Tengo el placer de dar clases en el colegio de entrenadores y siempre digo lo mismo: me parece que la virtud más grande de un entrenador es mantener una convicción. Yo la he defraudado tres o cuatro veces, volví a mi casa y no pude dormir, por más que haya sacado un resultado favorable, porque no es lo que pregono, con lo que intento, con lo que sueño, con la identidad, esto es un ADN. Cada uno vive el fútbol de una manera, de jugarlo, expresarlo y desarrollarlo y de trabajarlo".

"Todo lo que se ejecute en cancha tiene que estar trabajado previamente. En mi corta carrera siempre mantuve la idea, hasta cuando llegué y tenía que sacar resultados, no me metí en el 4-4-2 que es más pragmático, más simple y te soluciona un montón de cuestiones. Es el sistema que menos me gusta a mí, el que menos me convence y el que menos me identifica, entonces prefiero... si voy a perder, lo voy a hacer de una manera en que me gusta jugar a mí, con una idea de juego vistosa, que dañe al rival, que desafíe y trate de convivir en el campo rival lo máximo que se pueda", subrayó el hoy entrenador de Estudiantes de Buenos Aires.

Cabeza diferente

En toda su exposición quedó en claro otro concepto: la importancia del videoanalista. En ese sentido, contó que con la llegada de los videos como soporte, los futbolistas también se han adaptado a estos nuevos tiempos. "Antiguamente se decía: los jugadores son cabeza de termo. En el plantel de Ferro tengo cinco tipos que terminaron la Universidad... uno es martillero público, otro es nutricionista... el tipo que estudia se prepara diferente. Lo chicos automáticamente después del partido te preguntan por whatsapp... ¿Buli no me envías lo individual que hice con balón o sin balón?. El jugador hoy está preparado de otra manera. Va a ver las diferencias individuales y colectivas", relató.

"Hoy el jugador abrió su cabeza, te habla de táctica, te pide materiales, entonces vos no podés plantearle un escenario diferente todas las semanas. Entonces vamos con esta idea porque consideramos que es la mejor, vamos a darle. No necio pero sí darle confianza a un sistema", subrayó.

Sobre la altura

El ex entrenador de Atlético Macachín, Daniel Petrucci, le consultó si buscaba jugadores altos a la hora de conformar su equipo para un Torneo Federal "A" o una Primera Nacional y sobre ello, Giganti, contó una curiosa anécdota de como resolvió una situación de bajo promedio de altura en Alvarado. Fueron a visitar a un basquetbolista de la Generación Dorada: "No somos de salir a buscar el biotipo necesario. En el torneo 2017/18 teníamos un promedio de altura de 1,74, no es malo pero tampoco es bueno. Le dije a mi profe y ayudante de campo que teníamos poca altura y que la íbamos a padecer. Nos fuimos a verlo a Leo Gutiérrez, jugador de básquet de la Generación Dorada y técnico de Peñarol, fuimos a dos charlas con él, un fenómeno. Hicimos una hora de pizarra y dos con los sparrings, nos dio un par de tips para enseñarnos movimientos de doble cortina, triple cortina, movimientos de distracción... ese año convertimos nueve goles de pelota parada y recibimos muy poco.  A nosotros nos gustan los jugadores chiquitos, ágiles, rápidos, porque nos gusta el juego dinámico, con mucha movilidad".

Mensaje final

No hay dudas que Giganti se hizo desde abajo y que su crecimiento no tiene límites. Es un apasionado de su profesión y así lo demuestra: "Yo lo único que le pongo es mucho amor y dedicación, me sobre exijo, no me pongo límites. Los sueños están para tratar de llevarlos a la realidad. Laburé en Liga, en Chile, en Vietnam, en Ferro y sigo buscando posibilidades que me motiven y estimulen mi crecimiento. Hay que asumir el error, volver atrás, no agrandarse con las certezas y los logros... sigan soñando. Hace 10 años pensaba que podía ser entrenador profesional y hoy sigo en la búsqueda. No dudo en el potencial de cada uno que hay que desarrollarlo. Dentro de las posibilidades que se me han presentado hubo momentos que dije que sí y otros que no. Cuando dije que sí fui a fondo. Cuando dije que no es porque evalué. Hay momentos que hay que estar preparados para decir que no. En el mejor momento de mi etapa profesional (por el ascenso en Alvarado) decidí venirme a casa y estoy feliz con la decisión. Tomé energía de vuelta. Di tres pasos para atrás pero los agarré seguro. No me desespera llegar a Primera, sé que lo voy a lograr, capaz dentro de 10 años o dentro de 5 pero son los objetivos que me puse en mi cabeza. No soy el dueño de la verdad, lo mío es todo copia".