30 años de El Diario

Un parto en tiempos complejos

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El 3 de Mayo del ''92 se cumplen los 30 años de la salida a la calle de El Diario de La Pampa. Revisar los primeros tiempos es un ejercicio de memoria.

Hace 30 años germinaba la idea de El Diario de La Pampa, en un tiempo especialmente complejo y convulsionado. Eran los inicios de la década del ''''90 y esos laberintos del momento eran tanto internacionales, globales, como regionales y locales.

Ya se escribió en este espacio que antes de la salida formal, el 3 de mayo de 1992, se vivieron varios meses de expectativas, sueños y obstáculos. Fue una larga etapa de "número 0", ensayos de la edición gráfica, una suerte de entrenamiento antes de salir a la calle.

Pero más allá del día a día, el nacimiento de El Diario no era una empresa sencilla. Fue un parto en tiempo complejo. No lo esperaba a su salida ni una alfombra roja, ni un lecho de rosas.

El "fin de la historia", el comienzo de una historia

El mundo se adaptaba al aparente final de la guerra fría, todavía se vivían los coletazos de la caída del muro de Berlín, empezaba a gestarse la extensión del Consenso de Washington y la Argentina también se acomodaba -con un gobierno peronista pero neoliberal- a esas nuevas ondas.

Reinaba el discurso hegemónico de que era "el fin de la historia", según inmortalizó Francis Fukuyama en el libro que editó justamente en el año ''''92, cuando para El Diario de La Pampa era, paradójicamente, el comienzo de su historia.

Todas aquellas ideas -novedosas, de cambio, en algunos casos revulsivas respecto del período anterior, en todo caso en medio de la confusión general- derramaban en la provincia y encontraban a su paso fanatismos o resistencias, según el caso.

Se abrían para la prensa y el periodismo puertas y desafíos, nuevos caminos, ciertos horizontes, pero nada parecía tan simple.

Confrontar la tradición

En Santa Rosa la prensa gráfica estaba monopolizada por el diario La Arena. Estaba instalada la costumbre de pasar por sus páginas en blanco y negro a informarse de la "realidad".

Sumar otra voz implicaba también confrontar con esa tradición. Y llenarse de preguntas: ¿había lugar en la capital provincial para otro diario? ¿Para qué diario? ¿Había espacios y expectativas en la comunidad? ¿Cuál sería la relación con los actores sociales, con las entonces llamadas "fuerzas vivas", con el poder político?

En las líneas que se publican en el artículo aparte, Jorge Navarro -uno de los periodistas que formó parte de esa primera etapa, que también tuvo aspectos románticos como el de todo parto y toda fundación- navega por algunos de aquellos interrogantes.

Navarro era todo un personaje: cordobés, ya con extendida experiencia en medios de comunicación, era no solo un redactor de los más prestigiosos que firmaban sus artículos en El Diario, sino además un divulgador de la tarea reportera, un permanente comentador crítico de la tarea de comunicar. También docente de Comunicación en colegios secundarios.

Le gustaba prenderse en la charla, se bancaba de buena gana las referencias al tiempo que pasaba en los bares tomando algún café con sus fuentes. Hizo un pequeño clásico de su columna política bautizada "El Alfiler": no escatimaba posicionamientos ni se fingía del equipo de los "neutrales".

Y describe en su comentario, a 30 años de la fundación, un tiempo que también fue de insolencias e incorrecciones políticas.

Era necesaria a veces esa postura, como era imprescindible desde lo económico una inversión sideral para la publicación de un periódico, en un tiempo donde las facilidades tecnológicas no eran ni por asomo las de esta época.

En ese escenario nació El Diario, una apuesta complicada, porque además innovó en forma y contenidos: fue el primero que en la provincia apostó a la fotografía a todo color, se nutrió de personas que daban sus primeros pasos en la industria del periodismo gráfico y conformó una Redacción nutrida tratando de combinar experiencia y juventud.

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