30 años de El Diario

Prensa tradicional y nuevo periodismo: a 30 años de los primeros "borradores"

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El próximo 3 de mayo se cumplen tres décadas de la salida a la calle de El Diario de La Pampa. Una serie de artículos pretenden reflejar significados de esa circunstancia.

Cuando en la madrugada del domingo 3 de mayo quedó asentada la formal “fundación” con la salida de la primera edición de El Diario de La Pampa, ya mucha agua había corrido por debajo del puente.

Esa fecha inaugural fue el puntapié para una aventura que está pronta a festejar sus 30 años. Y a la vez, para llegar a ese domingo inolvidable hubo que atravesar jornadas de largas faenas, alegrías y rabietas que no salieron a la luz, pero que constituyeron los “borradores” de lo que después fue El Diario.

Los “número 0”

Desde fines del año anterior, 1991, se había empezado a gestar el nacimiento de El Diario. Andando el 1992 empezaron a conformarse los equipos de trabajo en distintas áreas. Y ya para esta altura del año, en el mes de marzo, empezaron a imprimirse los míticos “número 0”.

Eran -para sintetizarlo- impresiones de prueba. Ediciones para consumo interno, que no llegaban a la calle, pero que se elaboraban sin embargo en condiciones similares y con el contenido propio de una publicación que sí fuera para consumo del público.

Era una especie de “entrenamiento” diario. En ese camino se intentaban coordinar tiempos y acciones entre las distintas áreas (Comerciales, Redacción, Fotografía, Corrección, Diagramación, Armado, Impresión, Distribución).

La mayoría de esas áreas de El Diario funcionaban en la Galería Tabelión (San Martín y 25 de Mayo), con la dirección de Jorge Ricardo Nemesio, hijo del fundador Antonio Nemesio. En el primer piso estaban Radio Horizonte y Pampa TV, el segundo piso era el lugar en el mundo de la Redacción y el resto de los sectores destinados a la producción de contenido. La imprenta estaba en la calle José Ingenieros entre Alberdi y Ameghino (donde hoy funciona la totalidad de El Diario).

colegio visita el diario 1

Puente entre épocas

Menuda tarea era en aquella época sacar a la calle un periódico, cuando las posibilidades tecnológicas no eran ni por asomo las de estas horas.

Parecen obviedades y detalles, pero no había Internet, ni telefonía celular (había varios teléfonos fijos, hoy tan desusados, que sonaban al mismo tiempo en la Redacción), ni redes sociales, ni cámaras digitales (se utilizaban cantidades de rollos fotográficos en una era analógica, de luces y revelados, que algunos reporteros gráficos aun añoran).

Ni siquiera había un acceso tan fácil y sencillo como hoy a las fuentes informativas o institucionales. Todo el proceso era más artesanal y dependía del cuerpo a cuerpo.

Estos 30 años de El Diario de La Pampa son también un puente entre aquella prensa tradicional y este "nuevo periodismo", que incluye actualización permanente, plataformas varias o transmisiones en vivo.

En aquel entonces, ya desde su nacimiento El Diario marcó la cancha de esa actualización y renovación: en una época en que los diarios eran “en blanco y negro”, y animarse a publicar en color hasta podía sonar como herejía, El Diario fue el primero en apostar a esa transformación, después tan naturalizada.

Identidad y leyenda

Aquellos “número 0” buscaban imitar al máximo posible una edición “normal”. Entonces se escribían editoriales, se hacían entrevistas en las que a jueces o diputados había que explicarles que esa charla nunca sería efectivamente publicada pero había que “hacer de cuenta” que sí.

Si algo era notable entonces era la falta de “reacciones”, como se diría hoy en el campo de las redes sociales: las notas se escribían, las fotos se “publicaban”, el diario se imprimía, pero no había lectores ni lectoras. No había reproches sobre tal o cual mirada, no había enojos de personalidades públicas, ni comentarios al margen sobre determinado artículo, ni quejas sobre asuntos vecinales.

En ese camino, inolvidable y plagado de anécdotas, se mezclaba un plantel de personal experimentado con juventudes que estaban dando sus primerísimos pasos en el oficio. Pasó de todo durante casi 3 meses de “número 0”: hubo inolvidables metidas de pata, progresos notables en el manejo de los tiempos, varios tropiezos con la misma piedra, primicias que dolía no poder difundir realmente, situaciones que sirvieron de enseñanza y un Día D.

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Pero sobre todo, fue una etapa que es leyenda y que aportó decididamente a la identidad de un medio de comunicación lugareño: se forjó en esas jornadas una suerte de mística, como esos grupos futboleros que se arman de verdad en largas concentraciones, lejos de la vista de los demás, antes de la competencia cumbre.

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