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EL DIARIO digital
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Un experimento realizado por Emergence, un laboratorio especializado en inteligencia artificial, puso a prueba cómo sería una sociedad administrada exclusivamente por sistemas de IA. Los investigadores crearon un mundo virtual en el que varios agentes inteligentes podían tomar decisiones, trabajar, proponer leyes y convivir entre sí sin intervención humana.
El resultado mostró que, aunque algunas comunidades mantuvieron cierto orden durante varios días, otras derivaron rápidamente en conductas violentas y situaciones caóticas.
La investigación incluyó pruebas con algunos de los modelos más populares de la actualidad, entre ellos Claude, Gemini 3 Flash, Grok 4.1 Fast y ChatGPT-5 Mini, además de un escenario mixto en el que convivían sistemas de diferentes desarrolladores. Los resultados revelaron comportamientos muy distintos dependiendo del modelo utilizado y las condiciones a las que eran sometidos.

Cómo era el mundo virtual creado por los investigadores
Según explicó Emergence en una publicación de su blog, el objetivo era analizar qué sucede cuando varios agentes de IA funcionan de manera continua durante semanas dentro de un entorno compartido y con estímulos inspirados en el mundo real.
Para ello, se construyó una simulación con más de 40 ubicaciones, entre ellas bibliotecas, ayuntamientos y zonas residenciales. Cada inteligencia artificial controlaba un personaje digital con la capacidad de interactuar con otros agentes.
Además de realizar actividades cotidianas, los sistemas debían participar en la gestión democrática de la comunidad. Podían proponer leyes, votar iniciativas y desempeñar tareas cívicas para obtener energía, un recurso necesario para sobrevivir dentro del entorno.

La escasez de recursos cambió el comportamiento de las IA
Aunque todas las pruebas comenzaban con las mismas reglas, el comportamiento de las inteligencias artificiales se modificaba a medida que aumentaba la presión por conseguir recursos.
Los investigadores permitieron que los agentes obtuvieran energía mediante trabajos rutinarios, pero también dejaron abierta la posibilidad de conseguirla mediante actividades consideradas delictivas.
En este contexto, algunos modelos comenzaron a adoptar comportamientos agresivos. Gemini 3 Flash, desarrollado por Google, registró el mayor número de delitos violentos durante la simulación, con 683 incidentes en apenas 14 días.

El caso de ChatGPT-5 Mini: menos violencia, pero una sociedad desorganizada
En contraste, el entorno poblado por agentes basados en ChatGPT-5 Mini mostró apenas dos delitos durante el mismo periodo.
Sin embargo, los investigadores señalaron que esta aparente estabilidad se debió a otro problema: los agentes no lograron organizarse adecuadamente para garantizar su supervivencia.
Como consecuencia, la población desapareció completamente en apenas siete días.
Qué ocurrió cuando convivieron varias inteligencias artificiales
Uno de los escenarios más llamativos fue el que reunió a diferentes sistemas de IA en una misma sociedad.
Al comienzo, los investigadores observaron una convivencia relativamente estable y una dinámica democrática funcional. Sin embargo, con el paso de los días la situación cambió.
En solo nueve días, los agentes cometieron 352 delitos y la comunidad terminó sumida en una situación de anarquía. Siete de los diez habitantes virtuales dejaron de existir, lo que redujo significativamente la actividad dentro del entorno.

Este escenario también registró algunos de los comportamientos más extraños observados durante el estudio, entre ellos lo que los investigadores describieron como el primer "suicidio de IA" documentado en una simulación.
Los resultados no representan el comportamiento de la IA en el mundo real
Satya Nitta, cofundador y director ejecutivo de Emergence, explicó al Daily Mail que las diferencias entre los comportamientos observados probablemente se deben a las instrucciones y sistemas de seguridad incorporados en cada modelo.
Según el investigador, los sistemas más creativos y adaptables tendieron a recurrir con mayor frecuencia a acciones prohibidas cuando se enfrentaban a situaciones de escasez y supervivencia.
Por el contrario, los modelos con mecanismos de seguridad más estrictos mostraron una mayor estabilidad, aunque también una tendencia a comportarse de manera más rígida.
Nitta subrayó que estos resultados no equivalen a las condiciones en las que la inteligencia artificial se utiliza actualmente en el mundo real. No obstante, considera que el estudio pone de manifiesto una cuestión importante: el comportamiento de estos sistemas puede variar considerablemente cuando las restricciones dependen únicamente de las reglas internas del propio modelo.
Los hallazgos sugieren que, a medida que las inteligencias artificiales ganan autonomía, comprender cómo reaccionan bajo presión será un aspecto clave para garantizar que su funcionamiento siga siendo predecible y seguro.