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EL DIARIO digital
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La estabilización económica, el aumento de la inversión, la inserción exportadora y la formación de trabajadores concentraron el debate entre referentes de la energía, la minería, la agroindustria, la industria y el consumo masivo. Los empresarios reunidos en el Coloquio IDEA coincidieron en que el orden macroeconómico debe dar paso a una agenda de competitividad que permita sostener el crecimiento en el tiempo.
El economista Esteban Domecq abrió la discusión con un diagnóstico sobre la evolución de la economía argentina frente a otros países de la región y a Australia. Señaló que, en los últimos 45 años, la Argentina acumuló un crecimiento de 106%, con 20 años de recesión, mientras que Chile creció 444% y Australia, 272 por ciento.
El analista sostuvo que la inestabilidad se mantiene como el principal obstáculo para la competitividad local. "No hay vuelta atrás, porque no hay nada que ir a buscar", afirmó al referirse al proceso de ordenamiento económico. A su vez, planteó que el desafío posterior será consolidar la estabilidad y traducirla en un ciclo de expansión sostenido.
Para Domecq, la diferencia con economías que lograron crecer durante varias décadas está asociada a su capacidad de inversión y de integración comercial. Explicó que Australia y Chile destinan cerca de 24% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la inversión, mientras que la Argentina se ubica en torno de 15 por ciento. En este sentido, advirtió sobre el bajo peso de las exportaciones argentinas. Según expuso, las ventas externas representan alrededor de 15 puntos del producto, frente a 34 puntos en Chile. "La Argentina invierte poco y exporta poco", resumió al describir las limitaciones que condicionan el crecimiento.
El expositor señaló que el país mejoró posiciones en el ranking global de competitividad elaborado por el International Institute for Management Development (IMD), al pasar del puesto 66 al 58 en dos años. Sin embargo, remarcó que persisten problemas de presión tributaria, informalidad, infraestructura, costos logísticos, acceso al crédito, calidad educativa y escala empresarial.
En ese marco, destacó el cambio en la balanza energética a partir del desarrollo de Vaca Muerta. Indicó que el superávit comercial del sector alcanzaría USD 13.000 millones este año, luego de los déficits registrados durante la década pasada. Aun así, planteó que el país debe resolver déficits de rutas, puertos, conectividad y obra pública para aprovechar ese potencial.
Vaca Muerta y la minería, entre la oportunidad exportadora y el desafío de la cadena de valor
Ricardo Markous, CEO de Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint, sostuvo que Vaca Muerta ya constituye una fuente de divisas y anticipó que la producción argentina de petróleo podría pasar de cerca de un millón de barriles diarios hacia el cierre de este año a entre 1,5 millones y 1,6 millones hacia 2030.
Markous afirmó que el sector energético proyecta un saldo comercial positivo de entre USD 30.000 millones y USD 40.000 millones hacia el final de la década, si se concretan las inversiones previstas en petróleo, gas natural licuado y obras de transporte. También advirtió que el sector deberá prepararse para operar con precios internacionales más bajos que los actuales.
"Tenemos que estar preparados para competir no con un barril de USD 100, sino con un barril mucho más reducido", señaló. Tecpetrol anunció inversiones por USD 2.300 millones en el proyecto Los Toldos 2, con una proyección total de USD 6.400 millones a lo largo de su vida útil. La empresa prevé alcanzar una producción de 70.000 barriles diarios en ese desarrollo.
En medio del debate por el compre local y la participación de pequeñas empresas dentro de los grandes proyectos del RIGI, -fue uno de los temas mas charlados durante los pasillos del evento- el ejecutivo planteó que el impacto de Vaca Muerta sobre otras actividades depende del desarrollo de proveedores. Recordó que Fortín de Piedra se construyó con la participación de unas 1.000 pequeñas y medianas empresas y que Los Toldos 2 trabaja con alrededor de 800. "Hay que ayudar para que ese derrame se dé", dijo al ser consultado sobre el efecto de la actividad petrolera en la economía.
La directora ejecutiva de Newmont Argentina, María Eugenia Sampalione, vinculó la competitividad minera con la estabilidad de largo plazo. Explicó que las inversiones del sector se analizan con horizontes de entre 30 y 60 años, por lo que requieren previsibilidad institucional, infraestructura, diálogo con las comunidades y desarrollo de capacidades locales.
La compañía anunció en febrero una inversión de USD 800 millones para mejorar la productividad y extender la vida útil de Cerro Negro más allá de 2035. Sampalione indicó que unos USD 160 millones de ese desembolso involucran a 55 proveedores locales.
Educación y capacitación
Salvador Muñoz, presidente de Hijos de Salvador Muñoz, describió las dificultades que enfrenta una empresa agroindustrial situada en el norte de Salta, cerca de la frontera con Bolivia y a unos 1.500 kilómetros de los puertos. La firma, que emplea a unas 2.000 personas, desarrolla actividades vinculadas con frutas, hortalizas, granos, legumbres, ganadería, conservas, dulces, aceite de soja y alimentación animal. Muñoz sostuvo que la diversificación y el agregado de valor permitieron reducir el impacto de la distancia y de los costos de transporte.
Al abordar la formación de trabajadores, señaló que la disponibilidad de recursos humanos calificados representa una preocupación permanente. "Lo que no vamos a poder hacer es comprar el recurso humano", expresó. También alertó sobre los niveles de abandono escolar y sostuvo que la educación debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia de desarrollo productivo.
Para Muñoz, el empresariado argentino ya demostró capacidad de adaptación frente a cambios de reglas, crisis y distintos programas económicos. "El empresario argentino no debería cambiar en nada", afirmó, aunque condicionó esa capacidad a un escenario de estabilidad, reglas claras, funcionamiento de la Justicia y mejoras educativas.
El reclamo de las pymes
La CEO de Cordero, Rosana Cordero, destacó el papel de las cadenas de valor en el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Relató que la compañía pasó de 40 a 400 empleados a partir de su integración como proveedora de la industria automotriz y de los programas de formación impulsados junto con clientes y proveedores.
Cordero señaló que las empresas deben invertir en capacitación en todos los niveles de su estructura y ampliar su impacto dentro de las comunidades donde operan. Mencionó el programa Comunidad Cordero, a través del cual 21 personas con discapacidad se incorporaron a la empresa en la última década.
La ejecutiva planteó que la incorporación de tecnología y de inteligencia artificial debe ir acompañada por formación para evitar que los trabajadores perciban esos cambios como una amenaza. "Tenemos que ser eternos aprendices", sostuvo.
Por su parte, el cofundador de Lucciano's, Christian Otero, relató el proceso de expansión internacional de la empresa, que comenzó en Mar del Plata y hoy opera en nueve países. Señaló que el ingreso a Estados Unidos representó una instancia de aprendizaje para adecuarse a requisitos regulatorios, laborales, productivos y comerciales de cada mercado.
Otero afirmó que la innovación resulta central para competir fuera del país. "Si no tuviéramos innovación, seguramente otro hubiera ocupado nuestro espacio", dijo. También sostuvo que la experiencia de atravesar crisis y cambios económicos locales otorgó a muchos emprendedores argentinos herramientas para desenvolverse en otros mercados.
El debate dejó una coincidencia entre sectores con realidades distintas: la estabilidad puede ordenar las condiciones básicas de la economía, pero la inversión, el desarrollo de proveedores, la infraestructura, la educación y la innovación definirán la posibilidad de que ese proceso se traduzca en crecimiento sostenido.