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EL DIARIO digital
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La brecha entre el costo de vida real y los ingresos de la clase pasiva se sigue profundizando a ritmo acelerado. En la Ciudad de Buenos Aires, una pareja de jubilados que alquila necesitó $2.526.219 en agosto para cubrir su canasta básica de consumo. La cifra, relevada por la Defensoría del Pueblo porteña, expone el impacto brutal de la vivienda: ser inquilino eleva el presupuesto en más de $811.000 respecto a quien posee techo propio ($1.714.568).
El informe detalla que solo en alimentos una pareja de adultos mayores gastó $638.994 mensuales, mientras que los bienes y servicios del hogar insumieron $1.390.706. A eso se le suman $187.337 en medicamentos y salud, elevando el gasto diario promedio a $84.207 para no quedar desprotegidos. En lo que va del año, la canasta para este sector acumula un aumento del 16,6%, alcanzando un salto interanual del 35,3%.
En contrapunto con la disparada de los alquileres y los insumos básicos, la respuesta del Gobierno nacional volvió a ser una prórroga sin actualización. A través del Decreto 1108/2026 publicado en el Boletín Oficial, la ANSES confirmó que en octubre abonará nuevamente un bono extraordinario de hasta $70.000 para quienes perciben el haber mínimo, la PUAM y pensiones no contributivas. Un refuerzo que permanece congelado y licuado frente a la inflación real del sector habitacional.