Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
Lo que comenzó como una recorrida en moto por los huizachales y caminos rurales de Sierra de los Padres terminó convirtiéndose en una anécdota imborrable. Leonardo Albarracín y su hijo Ramiro salieron con la ilusión lejana de cruzarse a Emiliano "Dibu" Martínez quien adquirió recientemente un campo en la zona, pero jamás imaginaron que terminarían convertidos en los rescatistas del ídolo albiceleste.
Las intensas lluvias habían transformado la huella en una trampa de barro intransitable. Una camioneta había quedado sepultada en el lodo y, al intentar auxiliar a su amigo, la pick-up del arquero del Aston Villa terminó encajada exactamente en el mismo lugar.
"Ese es el Dibu, papá"
Padre e hijo transitaban la zona cuando divisaron las dos camionetas varadas y una figura inconfundible. "Mi hijo me dijo: 'Ese es el Dibu, papá'. No lo podía creer", relató Albarracín.
Al acercarse, el marplatense los recibió con la sencillez que lo caracteriza y les explicó la situación. Lejos de la postura de una figura internacional, Martínez aceptó la ayuda codo a codo:
Herramientas clave: Leonardo aportó una navaja con la que cortaron los nudos de las lingas trabadas y se tiró al barro a trabajar codo a codo con el arquero.
Trabajo en equipo: Ante la complejidad del terreno, Albarracín convocó a su esposa y a su otro hijo para que trajeran palas. Por su parte, el propio "Dibu" fue a buscar un pequeño tractor de su propiedad para traccionar los vehículos.
Una charla de igual a igual: "La calidad humana del Dibu es impresionante. No hablamos del Mundial ni de fútbol; fue una charla común, como si nos conociéramos de toda la vida", rememoró el vecino.
Tres horas de odisea
Tras más de tres horas de maniobras entre paladas y tirones, las camionetas lograron salir de la huella. El arquero no escatimó en agradecimientos, asegurándoles entre risas y abrazos que lo habían "salvado".
Antes del adiós, Albarracín sacó una camiseta de la Selección, fibrones y un póster con la icónica atajada a Kolo Muani que había llevado por si el destino le sonreía. Martínez firmó cada recuerdo paciente y sonriente. Sin embargo, el verdadero broche de oro llegó segundos antes de subir a su vehículo: el arquero se frenó, se quitó el camperón oficial de la Selección argentina que llevaba puesto y se lo regaló en mano a Leonardo, sellando una jornada inolvidable a pura emoción.