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EL DIARIO digital
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El II Congreso Arquidiocesano de Adicciones, realizado en la Universidad Católica de Córdoba, reunió a más de 500 participantes en un encuentro que trascendió lo institucional para convertirse en un llamado de alerta nacional. La Comisión de la Pastoral Nacional de Adicciones advirtió que el consumo problemático ya no puede ser tratado solo como una cuestión individual o sanitaria, sino que debe abordarse como una crisis social, familiar y comunitaria que requiere la intervención coordinada del Estado, las organizaciones sociales, universidades y las instituciones civiles.
Desde Roma, el cardenal Ángel Sixto Rossi propuso cinco pilares para enfrentar este flagelo: educar para la libertad, fortalecer la autoestima, acompañar con escucha, llenar el vacío con bondad y brindar un fundamento espiritual a la vida. A su vez, el cardenal Víctor Bokalic Iglic, primado de la Argentina, transmitió el interés del papa León XIV por las respuestas pastorales que el país está implementando, enfatizando la necesidad de actuar en comunión ante una problemática que, según advirtió, empobrece y denigra la condición humana.
El congreso contó con una fuerte presencia multipartidaria, incluyendo al gobernador Martín Llaryora, el intendente Daniel Passerini y la diputada Victoria Tolosa Paz. El diagnóstico fue compartido: la fragmentación de las políticas públicas es uno de los mayores obstáculos para la asistencia. En este sentido, Passerini subrayó que, cuando los tres niveles del Estado se comprometen y articulan con la comunidad, la respuesta es mucho más efectiva.
Uno de los hitos del evento fue la presentación del Manual Latinoamericano de Adicciones, un documento que sistematiza saberes territoriales de 18 países. El sacerdote Carlos "Charly" Olivero destacó que el material "nace del barro", del trabajo diario en los barrios, y busca ser una herramienta concreta para quienes acompañan a personas en situación de vulnerabilidad. Durante las jornadas, también se destacó el rol de los Hogares de Cristo y se analizó la evolución del abordaje estatal, que hoy busca alejarse de la centralidad exclusiva en la sustancia para enfocarse en la integralidad de las personas.
El encuentro, que concluyó con una misa en la Catedral y una peregrinación, cerró con un reclamo unánime: la necesidad de dejar atrás las soluciones aisladas. La conclusión final fue contundente al establecer que, frente al avance de las adicciones, la articulación entre el Estado, la familia, la escuela y las organizaciones sociales es el único camino posible para recuperar a los jóvenes y fortalecer el tejido social.