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La muerte del Indio Solari: las cinco canciones que hicieron eterno el mito ricotero

El Indio en una de sus Ãltimas apariciones pÃblicas
El Indio en una de sus últimas apariciones públicas.
El músico falleció a los 77 años. Aquí un recorrido por las obras que marcaron a generaciones y convirtieron a Los Redondos en un fenómeno cultural único.

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EL DIARIO digital

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 La muerte de Indio Solari, líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, reavivó el legado de una banda que trascendió la música para convertirse en símbolo de identidad popular. Entre discos, rituales multitudinarios y letras cargadas de imágenes urbanas y políticas, algunas canciones quedaron grabadas como himnos inevitables del rock argentino.

Ji ji ji ocupa un lugar central en esa historia. Publicada en el álbum Oktubre (1986), la canción se transformó en un fenómeno colectivo gracias al célebre "pogo más grande del mundo", convertido en postal inseparable de los recitales ricoteros. Su ritmo frenético y su energía desbordada la volvieron una pieza emblemática de la cultura popular argentina.

Otra composición decisiva fue Juguetes perdidos, incluida en Luzbelito (1996). La canción condensó el costado más melancólico y generacional de Los Redondos, con versos que retratan desencanto, marginalidad y resistencia emocional. Con el paso de los años, se convirtió en uno de los temas más coreados por el público.

La bestia pop, del disco Gulp! (1985), consolidó el perfil contestatario y callejero de la banda. Su mezcla de ironía, crítica social y potencia rockera sintetizó el espíritu ricotero de fines de los años ochenta y abrió el camino hacia la masividad definitiva del grupo.

La lista se completa con Un ángel para tu soledad, uno de los mayores éxitos de Lobo suelto, cordero atado (1993). El tema amplificó el alcance popular de Los Redondos y mostró una faceta más accesible sin perder la densidad poética que caracterizó a la banda.__IP

En la misma línea aparece Preso en mi ciudad, también de Oktubre, donde la banda retrató el clima opresivo de las grandes urbes y la sensación de encierro social. La mirada filosa del Indio Solari y la guitarra de Skay Beilinson construyeron allí uno de los relatos más oscuros y lúcidos del rock nacional.

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