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EL DIARIO digital
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El bolsillo de los consumidores no encuentra respiro. Según el último informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva), la carne vacuna registró un incremento del 10,6% durante marzo. La cifra es preocupante en el análisis a largo plazo: en los últimos doce meses, el asado y otros cortes vacunos aumentaron un 68,6%, una cifra que representa más del doble de la inflación general del mismo período.
Los cortes que más golpean
A diferencia de otros meses, el mayor impacto se sintió en los cortes de menor valor, los más demandados por los sectores de menores ingresos.
Picada común: Subió un 20,4%.
Carnaza común: Aumentó un 17,7%.
Falda: Registró un alza del 13,4%.
En la otra vereda, los cortes "premium" mostraron subas por debajo del promedio mensual, como el lomo (8,5%) y el matambre (7,6%).
Carnicerías vs. Supermercados
El informe revela una brecha importante según el canal de venta. Las carnicerías de barrio aplicaron aumentos promedio del 12,2%, acumulando un 73,5% interanual. En cambio, los supermercados mostraron una variación más moderada del 7,1% mensual.
Si bien los supermercados suelen ser más económicos en cortes como el asado (un 16,8% menos que en carnicerías) o la picada (un 37,8% menos), las carnicerías mantienen precios más competitivos en cortes específicos como el lomo y la colita de cuadril.
El avance de los sustitutos
La brecha de precios está modificando la dieta de los pampeanos. El pollo fresco subió un 10,9% en marzo, pero sigue siendo la opción más accesible: hoy, con el valor de un kilo de asado se pueden comprar casi 4 kilos de pollo. Esta relación de canje mejoró un 22,8% a favor del pollo respecto al año pasado.
Lo mismo sucede con el cerdo: el pechito de cerdo aumentó solo un 6,3% mensual. Actualmente, un kilo de asado equivale a poco más de 2 kilos de cerdo, una ventaja que creció un 37,3% interanual para quienes optan por la porcina.
Menos vacas, precios más altos
Desde la Cámara de Matarifes y Abastecedores (CAMyA) advierten que no hay señales de que los precios bajen. La explicación es estructural: la oferta de hacienda es escasa debido a las sequías previas y a un stock ganadero que está estancado desde hace 50 años. Con un consumo de carne vacuna en niveles históricamente bajos (47,3 kilos per cápita), el mercado se sostiene gracias al crecimiento del pollo y el cerdo, que evitan una caída mayor en el consumo total de proteínas.
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