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Mauricio Macri y Juliana Awada se separaron 

Macri y Awada durante la asunción presidencial en 2015
Macri y Awada, durante la asunción presidencial en 2015.
Lo que nació entre bicicletas fijas en un gimnasio de Barrio Parque llegó a su fin. Tras un año de crisis silenciosa y viajes por separado, el expresidente y la empresaria decidieron de común acuerdo poner punto final a su relación. Pasaron las fiestas juntos por su hija Antonia, pero la decisión ya es irreversible.

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Fueron, durante una década y media, la personificación del glamour en el poder. Él, el heredero xeneize que llegó a la Casa Rosada; ella, la "hechicera" de elegancia natural que modernizó el rol de la primera dama. Sin embargo, tras 15 años, un mes y 25 días, la historia de amor entre Mauricio Macri y Juliana Awada llegó a su último capítulo.

El final no fue una explosión, sino un proceso de desgaste que el entorno de la pareja define como "maduro y respetuoso". Según trascendió, la crisis que comenzó a rumorearse a mediados de 2024 —cuando los posteos románticos en redes sociales desaparecieron y los viajes en solitario de Juliana a Europa se volvieron frecuentes— era real. Aunque en noviembre de aquel año ambos intentaron desmentir la ruptura asegurando que "la gente estaba aburrida", el vínculo ya estaba herido de muerte.

El flechazo del Ocampo

La historia comenzó en septiembre de 2009, en el exclusivo gimnasio Ocampo Wellness Club. Mauricio, por entonces Jefe de Gobierno porteño, leía el diario sobre una bicicleta fija cuando Cupido, o quizás su personal trainer, acortó la distancia con Juliana. Tres meses después ya convivían.

Ella, que le había dicho que "no" dos veces a su propuesta de casamiento, terminó aceptando tras un gesto que la conmovió: Mauricio ocultó ante la prensa que un moretón en su ojo se lo había propiciado, por accidente, la hija de Juliana. "Es el hombre indicado", pensó ella. Se casaron en noviembre de 2010 en Costa Salguero y poco después nació Antonia, el sello definitivo de la unión.

Un final de común acuerdo

El desgaste propio del ejercicio del poder y la pérdida de la intimidad terminaron por erosionar la complicidad que tanto pregonaban. La decisión final se tomó apenas siete días antes de las últimas fiestas. En un gesto de afecto por la historia compartida y por el bienestar de su hija menor, decidieron pasar la Navidad y el Año Nuevo juntos antes de comunicar la noticia.

Hoy, aquel "estado civil: feliz" que Macri proclamó el día de su boda ha mutado en una separación de hecho. Se apagan las luces para la pareja más glamorosa de la política argentina contemporánea, dejando atrás la "telaraña" de un amor que, durante 15 años, pareció indestructible.

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