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EL DIARIO digital
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La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní generó una ola de condenas globales y situó a la región de Medio Oriente ante la posibilidad de un conflicto de consecuencias imprevisibles. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, calificó la situación como peligrosa y exigió el cese de las hostilidades para evitar la expansión de los enfrentamientos.
En la misma línea, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, rechazó la acción militar unilateral al considerar que contribuye a un orden internacional más hostil. Sánchez, quien también cuestionó las acciones del régimen iraní, hizo un llamado urgente a la desescalada y al diálogo para evitar una guerra devastadora en la zona.
Desde las Naciones Unidas, el alto comisionado para los derechos humanos, Volker Türk, condenó tanto la incursión aliada como las represalias de Teherán. El funcionario enfatizó que el uso de misiles y bombas solo provoca destrucción y sufrimiento, recordando que los civiles son quienes enfrentan el costo más alto en estos escenarios de conflicto.
Por su parte, el Ministerio de Exteriores de Rusia calificó la operación como un acto de agresión premeditado contra un Estado soberano. Moscú acusó a Washington y Tel Aviv de utilizar el programa nuclear iraní como pretexto para buscar un cambio de régimen y advirtió sobre el riesgo de una catástrofe humanitaria y radiológica, considerando inaceptable el bombardeo de instalaciones bajo control internacional.
Finalmente, el Reino Unido aclaró que no participa de los ataques, aunque el primer ministro Keir Starmer convocó de emergencia al comité de crisis ante la gravedad de la situación. El gobierno británico recomendó a sus ciudadanos evitar viajes a la región debido a la inestabilidad imperante.