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EL DIARIO digital
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El escenario energético en Sudamérica ha dado un giro radical. Tras la salida forzada de Nicolás Maduro y la intervención de fuerzas estadounidenses, Washington ha comenzado a ejecutar su plan para "controlar" la producción petrolera de Venezuela. El primer paso visible es el despliegue de una flotilla de al menos once buques de la compañía Chevron, que ya se dirigen a los puertos estratégicos de José y Bajo Grande.
La petrolera con sede en Houston se ha convertido, de hecho, en el único exportador autorizado del crudo venezolano. Bajo una licencia especial del Departamento del Tesoro, Chevron no solo extrae el recurso, sino que lo envía directamente a refinerías en Estados Unidos, como Valero Energy y Phillips 66.
El control es total. Mientras el gobierno de Donald Trump mantiene un bloqueo naval en el Caribe para interceptar cualquier comercio que no pase por sus manos, los buques de Chevron operan con vía libre. Este despliegue ocurre en un momento de tensión, donde el propio Trump declaró que EE.UU. mantendrá el control del país hasta que se concrete lo que denominan una "transición segura", advirtiendo incluso al nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.
Reactivación y cautela
El objetivo de la Casa Blanca es que las compañías estadounidenses reconstruyan la infraestructura petrolera venezolana. Sin embargo, el sector privado actúa con cautela ante la inestabilidad política. Esta semana, el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, mantendrá reuniones clave con ejecutivos del sector para acelerar la extracción.
A pesar de que las exportaciones generales de Venezuela tocaron su mínimo en 17 meses debido al bloqueo naval, el flujo de Chevron se intensifica. De los once petroleros programados para este mes, varios ya se encuentran en muelle o cargando, marcando el inicio de una era donde el petróleo venezolano vuelve a ser administrado directamente por intereses norteamericanos.