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A 50 años del último alunizaje de EE.UU., llegó a la Luna la primera misión privada

La sonda de la empresa norteamericana Intuitive Machines se posó suavemente sobre el suelo de nuestro satélite alrededor de las 20:30 de Argentina de este jueves.

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EL DIARIO digital

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La primera nave espacial estadounidense en llegar a la Luna en más de 50 años alunizó exitosamente este jueves, como parte de una nueva flota de robots comerciales sin tripulación financiados por la NASA y destinados a allanar el camino para las misiones de astronautas a finales de esta década.

Intuitive Machines guio su módulo de aterrizaje Odiseo, con forma de hexágono, hasta un suave aterrizaje cerca del polo sur lunar a las 23.24 GMT, tras haber reducido su velocidad desde los 6500 km/h.

Se espera que los controladores de vuelo confirmen el aterrizaje minutos después de que se alcance el hito, y el acontecimiento se retransmitirá en directo a través de la página web de la compañía.

El objetivo, marcado por la NASA, pero ejecutado por la compañía Intuitive Machines, creadora de Odiseo, era convertirse en la primera nave privada en alunizar sobre nuestro satélite. Bautizada como misión IM-1, también es la encargada de transportar desde instrumentos de la agencia espacial estadounidense a esculturas de Jeff Koons, el artista que creó el famoso perro floral frente al Museo Guggenheim.

Una amalgama de objetos que prepararán los futuros asentamientos humanos en la Luna y la vuelta de las tripulaciones de astronautas a nuestro satélite, algo que no ocurre desde 1978 y la misión Apolo 17. Pero aún hay más en juego: desde entonces, ninguna sonda americana (ni pública ni privada) había alunizado con éxito, si bien ha habido ya un intento previo: la malograda Peregrine.

Y al final, todo salió según lo previsto, Odiseo alunizó cerca de la región del codiciado Polo Sur lunar, donde la humanidad tiene puestos sus ojos para las primeras bases permanentes de astronautas en nuestro satélite. La agencia estadunidense retransmitió en directo la culminación de este viaje, que comenzó en realidad en mayo de 2019, cuando la NASA eligió a Intuitive Machines para ser una de las empresas estadounidenses que integran la iniciativa Commercial Lunar Payload Services (CLPS), un proyecto en el que la agencia espacial invertirá 2600 millones de dólares hasta 2028 para alentar a las compañías de su país para que se hagan cargo del envío de suministros e instrumentos científicos a nuestro satélite, haciendo de "avanzadilla" y proveedores de suministros al Programa Artemis.

"Entendemos y damos la bienvenida a la responsabilidad de la misión IM-1", había afirmado Trent Martin, vicepresidente de Intuitive Machines durante una rueda de prensa celebrada el pasado 31 de enero. "Las esperanzas y los sueños de nuestros empleados y sus familias, además de nuestros clientes, accionistas y las operaciones lunares de todo el país, están empaquetados y listos para el lanzamiento», sentenciaba. Ahora mismo, Odiseo se encuentra a tan solo unas horas de poder poner su nombre en la historia espacial.

Un viaje épico, pero tranquilo

El viaje fue apacible: el despegue, que se retrasó un día por problemas técnicos, se produjo sin mayores problemas el 15 de febrero desde Cabo Cañaveral. Odiseo, montado sobre un Falcon 9, de SpaceX, alcanzó la órbita terrestre con éxito e incluso después, ya volando en soledad, se tomó algunos 'selfies' desde la última frontera espacial. El último reporte de la compañía el martes, "Odiseo sigue gozando de excelente salud y se encuentra aproximadamente a 68.000 kilómetros de la Luna", amén de haber completado con éxito las maniobras de posicionamiento antes del alunizaje sin tener que encender un tercer motor, tal y como estaba previsto.

La inserción en la órbita se completó el miércoles de forma satisfactoria, según informaron desde Intuitive Machines: "Después de viajar más de un millón de kilómetros, Odiseo está ahora más cerca de la Luna que la distancia entre un extremo y otro conduciendo a través de Houston, en Texas". El motor principal se encendió para frenar al módulo de aterrizaje y la sonda pasó de unos 90 kilómetros de altura hasta los 10 kilómetros, cerca del lugar elegido para tocar tierra. Ahí Odiseo operó de forma totalmente autónoma, reduciendo su velocidad hasta conseguir un descenso suave.

Durante todo el proceso, las cámaras instaladas en sus patas tomaron imágenes del descenso tanto en dos como en tres dimensiones. También unos CubeSats grabaron desde los lados las maniobras, proporcionando una visión desde diferentes puntos.

Más viajes en 2024

"Odie", tal y como ha apodado cariñosamente a la nave el equipo de Intuitive Machines, es el primer prototipo que se probó sobre el terreno del modelo de alunizadores Nova-C creado por la compañía. No obstante, este viaje del primer Nova-C no será el último: este año también veremos las misiones IM-2 e IM-3, con idéntico objetivo, explica la NASA en un comunicado. Porque esta sonda, que mide algo más de cuatro metros de altura y pesa unos 675 kilos, es capaz de transportar hasta 130 kilos de carga útil a la superficie lunar.

La nave porta una decena de instrumentos, entre ellos seis creados por la NASA. Algunos de estos equipos son similares a los que portaba hace un mes Peregrine -la nave de Astrobotics que fracasó en el mismo viaje debido a una fuga de combustible-, como el instrumento LRA (Laser Retroreflector Array), una suerte de 'espejos' sobre una estructura de aluminio que, al apuntarse con un láser, permiten determinar con exactitud la distancia desde cualquier nave espacial en órbita o durante el alunizaje; o el NDL es un sensor basado en LIDAR (Light Detección y Rango) que utiliza láseres para proporcionar una detección extremadamente precisa de velocidad y alcance (distancia al suelo) durante el descenso y aterrizaje del módulo de aterrizaje; algo así como el radar de la policía, pero con láseres.

Éxito donde todos han fracasado

A pesar de que todos tenemos en nuestra retina el éxito de la misión Apolo 11, históricamente, tan solo algo más del 50% han conseguido su objetivo. Además, en los últimos años hemos asistido a sonados fracasos: desde el intento de Rusia este verano que acabó con la nave Luna-25 chocando contra la superficie lunar, pasando por la propia Peregrine o las japonesas MoonSniper y Hakuto-R. Famoso fue el caso de la sonda privada israelí Beresheet, que en 2019 se estrelló portando miles de tardígrados en su interior, unos diminutos seres casi indestructibles sobre los que se barajó que siguieran vivos sobre la superficie de nuestro satélite.

Por otro lado, ninguna nave hasta la fecha, salvo la nave india 'low cost' Chandrayaan-3 ha conseguido posarse suavemente sobre el codiciado Polo Sur de la Luna. Odiseo podría cambiar la historia si triunfa allí donde el resto (privado) ha fracasado.

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