El hombre que le cuidaba los chicos declaró hoy que vio a Melody Martines toda ensangrentada la noche del crimen. 

En la segunda jornada del juicio a Pablo Daniel O’Lery y Melody Cecilia Martines, por el asesinato de Felisa Acevedo, se registraron dos testimonios claves y controvertidos: el de Franco Nicolás Ríos, que aseguró escuchar a Martines reconocer, toda ensangrentada, “me la mandé, la maté”.

El segundo fue el de una mujer que pidió reserva de identidad y el de un perito aseguró que las zapatillas del hombre acusados son únicas, “no hay otro par con esas particularidades”.

El hecho que investiga la Audiencia de Juicio, conformada por los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz, se produjo en el departamento de la víctima, ubicado en el barrio Calfucurá, en Santa Rosa.

De acuerdo a la acusación del Ministerio Público Fiscal, O’Lery (42 años) y Martines (29) golpearon a Acevedo, con una barreta en la cabeza, para robarle dinero y joyas y luego buscaron matarla para que no pudiera identificar a su agresora, quien había realizado tareas domésticas en la vivienda. La víctima, de 86 años, quedó tirada en el piso durante 48 horas y terminó falleciendo el 21 de noviembre como consecuencia de las lesiones sufridas. El móvil, según el Ministerio Público Fiscal, fue el robo de dinero y alhajas.

Antes del inicio de las testimoniales hubo un contrapunto entre el fiscal Facundo Bon Dergham y los defensores Gastón Gómez (particular) y Silvina Blanco Gómez (oficial) por las declaraciones de dos testigos, Franco Nicolás Ríos, y otro que no se identificará.

De acuerdo a la fiscalía, ambos habían solicitado –por temor– que los imputados no estuvieran presentes en la sala de audiencias. Gómez, en nombre de Martines, y Blanco Gómez, en representación de O’Lery, se opusieron. “Ríos tiene más de 33 causas… parece difícil que tenga miedo de declarar con alguien al lado. Y la otra testigo estuvo llamado a mi clienta hasta ayer a su lugar de detención; así que no entiendo porqué ahora no quiere que esté presente”, adujo Gómez.

Ante ello, Bon Dergham replicó que la testigo no identificada aceptaba hablar frente a los acusados, pero sin que se divulgue públicamente su nombre ni sea fotografiada. El tribunal aceptó esta última petición y que Ríos testifique con los acusados fuera del recinto. “Queremos que lo haga con la mayor libertad posible”, fundamentó Olié.

juicio martes Ríos

Antes sí, ahora no

La testigo no identificada, que actualmente mantiene la relación de amistad con Martines, afirmó que la imputada la llamó una noche llorando –cuando aún estaba en libertad– y le dijo que se “encontraba mal. Yo pensé que estaba enferma; por eso llamé a su familia, pero nadie me supo decir nada”. A la mañana siguiente fue a verla dónde estaba, en la casa del padre de sus hijos.

– ¿Qué le dijo Martines textualmente en esa llamada?, preguntó Bon Dergham.

– No recuerdo qué me dijo textualmente.

– ¿Melody le contó del hecho?

– No.

– En una declaración anterior dijo que le había contado del robo.

– Estaba nerviosa, me sentí muy presionada, me decían que si no hablaba estaría implicada.

– Entonces lo que dijo antes fue mentira…

– ….

– ¿Con qué relacionó que Melody estuviera llorando durante la llamada?, insistió el fiscal.

– Con la enfermedad.

– ¿Qué enfermedad?

– No sé.

– ¿Sufrió presiones por venir a declarar?

– Vinieron muchas veces a mi casa a entregarme citaciones… Quizá los vecinos… salió en los medios…

– ¿Un día antes de ir a declarar, entraron a su casa a robarle? ¿Fue Toto? (por Juan Edgardo Gómez, un próximo testigo).

– Sí.

– ¿Lo conoce?

– Sí, vive en el barrio e iba a cortarle el pasto a Melody.

– Además del robo, ¿sufrió amenazas por parte de Toto?

– Sí, hice la denuncia cuando entraron a robarme el televisor. Yo fui a su domicilio a buscarlo.

– ¿Le dijo que no fuera a declarar?

– No recuerdo bien… esto me pone muy nerviosa.

– Toto la amenazó para que no declare. ¿Qué era lo que quería que no dijera?

– Para que no declarara.

– ¿Qué no declarara qué?

– Lo que estaba pasando. La verdad es que yo de este caso no sé nada. Me citaron, me citaron y me citaron, y en realidad no sé nada.

En ese momento, Bon Dergham hizo una pausa y calificó a la mujer como “testigo hostil porque modificó la declaración” que había brindado anteriormente ante el M.P.F. Por eso pidió que se exhibieran los mensajes y los audios telefónicos que mantuvo con Ríos del 4 de noviembre. “Me quiero morir, pero jamás voy a soltarle la mano; amo a mi amiga”, expresó ella.

Luego de oírse el diálogo, el fiscal insistió en preguntarle a la testigo si Martines había admitido el robo y ella lo negó.

– ¿En una declaración anterior dijo que sí?

– No.

– ¿Usted se comunicó ayer con Melody?

– Sí.

Quiénes presionaron

Luego preguntó Alberto Acosta, patrocinante de la querellante Nilda Susana Redondo, hija de Acevedo. Allí la testigo dijo que mantiene el sentimiento de amistad con Martines, que continúa hablando con ella (“a veces todos los días, a veces de vez en cuando”) y que el audio que le había hecho escuchar la fiscalía fue de “antes de ser detenida, quizá cuatro días antes”.

– Usted dijo que fue presionada. ¿Cómo y quiénes la presionaron?

– Cuando pasó todo esto, la policía fue a mi casa y me dijo que tenía que decir dónde estaba ella (por Martines). Que ella había matado y que si no los llevaba dónde estaba, iba a estar implicada. Me hicieron llevarlos hasta la casa del papá de sus nenes, que era donde estaba. ¿Quiénes lo hicieron? Creo que era la policía del barrio.

– La amistad que mantiene con Melody, ¿le impide decir la verdad?

– No.

 “Me la mandé, la maté…”

El joven Ríos, con su relato, incriminó directamente a Martines como autora material del homicidio. ¿Qué dijo? “El lunes (29) Melody me invitó a almorzar y me contrató para cuidar a sus hijos. Ese día en la casa también estaba Pablo (O’Lery). Ellos, en un momento, se fueron al dormitorio a hablar en privado. Ella me contó que a la tarde iría a la casa de una abuela, de nombre Felisa, a limpiarle, porque había conseguido trabajo. Pablo la llevó en una camioneta Ford F-100 y yo me quedé a cuidar a sus hijos entre las 18.30 y las 21. Cuando volvieron, Pablo no quiso quedarse a cenar. A esa hora Toto también estaba en la casa, así que armamos una ‘comilona’”.

Continuó: “El miércoles (31) Melody me llamó y volvió a pedirme que le cuidara a los chicos porque iría a lo de la abuela nuevamente. A eso de las 19 fui para su casa con Toto y antes de llegar los cruzamos a ella y a Pablo en la camioneta. A eso de las 21 volvieron en la camioneta a alta velocidad. Melody se bajó llorando y ensangrentada y el vehículo arrancó al palo (sic). ¿Qué te pasó?, le pregunté. ‘Me la mandé, me la mandé, la maté, la maté…’, me contestó”.

JUicio martes Ríos2

 “Yo no entendía nada –expresó Ríos–. Pensé que había tenido un accidente. Estaba llena de sangre. De la cabeza a los pies. Ahí me contó que había ido a la casa (de Acevedo) con la intención de robarle y que llevaba una barreta escondida en la manga. La señorita (por la víctima) la hizo pasar, ella le pidió un vaso de agua y al darse vuelta, le dio fierrazo (sic). Como la mujer le gritaba ‘asesina, asesina, la vas a pagar’, y no se callaba, continuó pegándole. No sé cuántos fierrazos le dio. También me dijo que le pegó con una tostadora, que estaba llena de sangre y Pablo se la llevó”.

Ofreciendo detalles precisos, Rios siguió reproduciendo lo que, según él, le manifestó Martines. “Melody le abrió la puerta a Pablo y ambos buscaron plata y joyas. Pablo tenía el dato, por una chica que había trabajado en la casa, que la señorita guardaba alrededor de 300.000 pesos. Melody reconoció que la situación se les fue de las manos”.

Sin necesidad de preguntas y con cierta tranquilidad en su tono de voz, Ríos añadió que “entre los dos revisaron el lugar. En un momento, sonó una especie de alarma, se desesperaron y salieron con una bolsa negra conteniendo dinero y alhajas. Esa bolsa, según Melody, la escondió cerca del departamento, en un lugar que ella solo sabe”.

El testigo sostuvo que Toto también escuchó esas palabras de boca de Martines porque regresó cinco minutos después que la imputada llegara ensangrentada. De hecho Ríos manifestó que, como ese día Melody no le pagó por el cuidado de los chicos, se enojó y se fue de la casa de la acusado junto a Toto.

El relato cronológico y detallado de los dichos de Martines sorprendió a los presentes, especialmente a los defensores. Por eso Gómez habló de “un falso testimonio sumamente visible” y pidió que se reprodujera la declaración del joven ante un juez de control en la etapa de investigación. Aseguró que “dio una versión ante la policía, otra frente al juez de control y ahora una tercera” y le preguntó por sus contradicciones. Fundamentalmente porqué nunca había revelado la virtual confesión de Martines y tampoco que Toto oyó a la acusada aquella noche.

– ¿Qué relato tenemos que creerle?, inquirió el defensor.

– Los tres porque nunca mentí. Es cierto que hubo cosas que no había contado por miedo y por las presiones y amenazas sobre mi familia. Pero a medida que hablé con el fiscal Bon Dergham me fui desahogando. Cuando le conté a mi mamá, ella me dijo que debía hablar con la policía. Tengo miedo desde el principio porque la madre y el padrasto de Melody amenazaron a mi familia, a mis hermanos y hasta con prendernos fuego la casa. Una vez, el padrastro me tiró un cuchillazo mientras lavaba autos en el centro (de Santa Rosa)”.

 “Estuve detenido un año y dos meses por una unificación de penas. En la alcaidía decían que me iban a matar, y un compañero de celda, al que le pagaron, me dio 25 puñaladas en la espalda porque querían que me retracte. No querían que esté acá diciendo la verdad, con la frente alta. Yo digo la verdad, pero también le pido jueces que resguarden a mi familia, que nos protejan. Ya no puedo salir de casa. No puedo vivir así”, concluyó implorando con lágrimas en los ojos.

Juicio martes Morales

Pericia a zapatillas

Alberto Emanuel Morales es técnico en criminalística, secretario de la Procuración General y se desempeña en la Agencia de Investigación Científica. Él ingresó al departamento en los primeros minutos del sábado 3 de noviembre, horas después de que encontraran a la víctima. Estimó que el hecho se habría producido entre uno y cuatro días antes.

El punto central de su testimonio fueron las pericias que practicó, especialmente sobre unas huellas de calzado. Específicamente sobre un par de zapatillas marca Topper que O´Lery habría usado ese día y que Morales reconoció cuando hoy se las mostraron durante la audiencia.

 “Del cotejo de huellas surgieron 12 particularidades, cuando nosotros aceptamos 10 por la importancia del caso y mundialmente alcanza con cinco. Además mi dictamen lo firmó otro perito porque llegó a la misma conclusión. Por lo tanto, es improbable que en el mundo exista otro par de zapatillas con esas particularidades”, aseveró.

Gómez, a sabiendas que la propia hija de la víctima dijo que tiempo después encontraron una suma muy importante de dinero en el placard, le preguntó a Morales como no lo advirtieron si es que varios policías revisaron el inmueble.

Cuando el testigo dijo que habían entrado a robar, el defensor le preguntó qué objetos faltaron, ya que su teoría es que no existió un intento de robo ni fueron los acusados quienes ingresaron a la vivienda. “No sé…pero fue evidente que algo faltó porque todo estaba revuelto”, respondió Morales.

Juicio martes Ríos1

Un hombre en la puerta

La vecina Verónica Elena Selva entró al departamento junto a un médico y vio a Acevedo en el piso (“se quejaba permanentemente”). Después volvió al lugar como testigo para dar fe del trabajo policial (“vi una carnicería, mucha sangre por todos lados”).

Ella afirmó que el miércoles en que la víctima fue agredida, vio a una persona parada en la puerta de la vivienda entre las 18 y 19, y que es la misma a la que reconoció en una rueda de reconocimiento. Pareció aludir a O’Lery, pero en ese momento nadie mencionó su apellido ni formuló preguntas sobre él. “Estaba como esperando que le abrieran. No me llamó la atención para nada; tal es así que me fui a mi departamento. ¿Si golpeó? No. Pensé que podía ser un familiar, un abogado o un contador de Felisa”, señaló.

Por último declararon cuatro policías (Yago Facundo Arcuri Lahoz, Juan Sandoval, Marcos Emanuel Giménez y Vanesa Mastracci), quienes inspeccionaron las cámaras de seguridad ubicadas en las calles para constatar si el recorrido que O’Lery declaró ante la policía coincidía con el real…y no coincidió. Su camioneta fue ubicada sobre la avenida España por dos de esas cámaras. Uno de los testigos admitió que no tenían pistas firmes hasta que apareció Ríos en escena.

El noveno testigo citado había sido Sergio Daniel Zorzi, pero Gómez desistió a último momento. Por eso el tribunal, a partir de un requerimiento de Acosta, le pidió disculpas por las molestias al informarle que podía retirarse.