La Pampa

"Me quería matar, me buscaba el cuello": el desgarrador testimonio de la joven atacada a cuchillazos

La víctima del ataque cuando todavía permanecía internada en el Hospital Favaloro
La víctima del ataque, cuando todavía permanecía internada en el Hospital Favaloro.
La víctima del intento de femicidio ocurrido en el barrio Santa María de La Pampa relató en diálogo con El Diario los detalles de la salvaje agresión sufrida por parte de su pareja, un alambrador de 40 años que le propinó incontables cortes en el rostro y el cuerpo.

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EL DIARIO digital

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Juan Carlos Acosta (40), el agresor de Dana Gómez en el barrio Santa María de La Pampa.

"Me quería matar... me decía que si no me mataba ahora me iba a matar en tres meses cuando lo soltaran". Las palabras de Dana Gómez -conocida públicamente por exponer la gravedad de la causa- resuenan como una radiografía brutal del horror y de la desprotección institucional. En un diálogo exclusivo con El Diario, la víctima del intento de femicidio ocurrido en el barrrio Santa María de La Pampa rompió el silencio para exponer el raid de tortura y saña al que fue sometida por su pareja, Juan Carlos Acosta (40), un trabajador rural dedicado a las tareas de alambrado en los campos, con quien mantenía una relación de tres años.

Pese a la magnitud del intento de femicidio, la respuesta de la Justicia deja algunas dudas: este lunes, la fiscala Micaela Sucurro dispuso solo 60 días de prisión preventiva para el agresor, una medida considerada exigua frente al riesgo inminente de vida y los antecedentes de ataques previos que la víctima había soportado por temor a represalias fatales. "Deseo que quede preso hasta el juicio, porque si sale me mata", resaltó en tono tembloroso.

Hambre, golpes y puñaladas

La agresión se desató este domingo, tras la finalización de un partido de Boca y Ruver en un contexto totalmente sobrio, descartando el consumo de alcohol o sustancias por parte de ella, aunque la víctima apuntó de inmediato a las adicciones del agresor: "No tomamos alcohol, ni había ninguna sustancia a pesar de que él consume cocaína y se gasta toda la plata en eso".

El detonante fue un reclamo cotidiano y desesperante: la falta de comida. "Yo le reclamé por la falta de alimentos, porque tenía hambre y no había nada en la heladera. Hace tres años que estamos juntos pero nunca aportó nada... yo trabajo, tengo mi techo, soy una mujer independiente y no tenía nada para comer", relató. Lejos de responder al reclamo, Acosta reaccionó con violencia inusitada: "Vino corriendo a meterme una piña. Yo me defendí arrojándole un pisapapas y ahí va, toma un cuchillo de los que usa para cazar en los campos y me ataca".

La secuencia posterior fue una lucha desesperada por sobrevivir. "Los cortes son en todos lados porque él en realidad me buscaba el cuello para matarme, entonces yo agachaba la cabeza y me cubría con lo que podía", detalló la joven, al tiempo que recordó la ironía macabra del atacante durante la agresión: "'Ahora te vas a acordar de mi', me decía mientras me sometería".

Los cortes afectaron su mejilla derecha -desde la ceja hasta el labio, con exposición ósea-, la cabeza, los brazos y las piernas. "En el brazo estuvo a dos milímetros de cortarme la arteria", precisó.

La farsa en el hospital

Cuando la joven logró pedir auxilio, la escena del horror se combinó con la frialdad del atacante. "Yo le gritaba que me dejara, entonces suelta el cuchillo y me dice 'ahora sí, llamá a la policía'... Cuando corro a la puerta me mete dos piñas más en la cabeza como para desmayarme. Yo estaba con mi cara toda ensangrentada, abierta al medio, se me veía el hueso del cachete. Me caigo al piso, gateo hasta la puerta de casa, salgo corriendo y pido auxilio a mi mamá que vive al lado".

En medio del shock, antes de ser trasladada de urgencia al Hospital Favaloro por su progenitora, Dana ingresó brevemente a la vivienda para rescatar su celular, donde guardaba una grabación del inicio del ataque que pretendía usar como prueba. En ese instante descubrió al agresor cambiando sus ropas para escapar. El arma blanca utilizada nunca apareció, ya que fue descartada en la huida.

Minutos más tarde, Acosta protagonizó una cínica maniobra de encubrimiento: se presentó por sus propios medios en el área de Salud Mental del Hospital Lucio Molas, haciéndose pasar por paciente psiquiátrico para simular una crisis y eludir su responsabilidad. "Estuvo en todo momento consciente de lo que me hacía, porque incluso se me reía en la cara", sentenció. Fue detenido media hora después del alerta, gracias al rápido aviso del personal de seguridad del nosocomio.

Un historial de terror

El intento de femicidio no constituyó un hecho aislado, sino la escalada criminal de una violencia sistemática que la víctima sobrellevaba en silencio y acorralada por el miedo. "Nunca me separé por miedo, por miedo justamente a esto, a que me mate", confesó.

Los antecedentes documentados por la propia víctima desnudan la precariedad de las respuestas estatales:

- El 19 de junio fue atacada con una puñalada en el muslo derecho.

- El 27 de agosto sufrió una golpiza que la dejó inconsciente (noqueada de un golpe de puño), tras la cual el agresor recuperó la libertad en apenas seis horas, detenido de 12:00 a 18:00 horas.

- En otras agresiones previas le fracturó los dedos gordos de las manos.

"Yo sabía que si lo denunciaba solo iba a estar unos días preso y después me iba a matar", reflexionó con amargura.

Hoy, la joven se encuentra bajo estricta atención médica y psicológica, lidiando con secuelas físicas incalculables y cuadros severos de estrés postraumático. "No sé cuántos puntos tengo, de verdad, no lo sé... son incontables", resumió. Las secuelas psicológicas son igual de devastadoras: "Cierro los ojos y lo veo atacándome con el cuchillo; no puedo dormir y sufro ataques de pánico". Mientras tanto, el sistema judicial pampeano dictó una preventiva de solo 60 días, encendiendo todas las alarmas sobre la desprotección que enfrentan las víctimas de violencia machista en la provincia.

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