La Pampa

Una botella al mar con destino a 2042: qué dirá la Santa Rosa del futuro cuandoabra nuestra cápsula del tiempo

Hoy en medio de la fiesta popular se inaugurarà la ampliación del Parque Lineal
Hoy, en medio de la fiesta popular, se inaugurará la ampliación del Parque Lineal.
Hoy se inaugura la ampliación del Parque Lineal, un espacio que sigue cambiando la fisonomía de la ciudad. Entre discursos y cintas cortadas, la Municipalidad de Santa Rosa enterrará un cofre destinado a reaparecer cuando la capital cumpla 150 años. Un ejercicio de memoria local sobre lo que guardamos, lo que dejamos asentado en el papel y lo que seremos.

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EL DIARIO digital

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Por Walter Goñi (*)

Hay algo de poético, de ambicioso y hasta de saludable soberbia en el acto de enterrar una cápsula del tiempo. Es, en el fondo, tirar una botella al mar, pero no a través del espacio, sino a través de las décadas. Hoy, en medio de la fiesta popular que acompañará la inauguración de la ampliación del Parque Lineal -otra pieza más en el rompecabezas de espacios públicos que vienen cambiándole la cara y el pulso a la capital pampeana-, Santa Rosa va a depositar bajo tierra un cofre de metal. La orden de apertura ya tiene fecha fijada: el día 22 de abril del año 2042, cuando la ciudad celebre su sesquicentenario.

Falta bastante, pero tampoco tanto. Son dieciséis años. Un parpadeo en la historia de un pueblo, pero una eternidad para la política, la tecnología y el humor social.

En ese contenedor hermético viajarán cartas de niños y adultos con mensajes al intendente del futuro, fotografías de familias en el parque, el Plan de Obras del Parque Lineal con la traza completa de este a oeste de la ciudad, copia de la resolución del intendente estableciendo su apertura, un mensaje escrito de la Cámara de Comercio, una imagen de la Virgen de Santa Rosa de Lima, un banderín de los clubes más importantes, una camiseta de la Selección Argentina firmada por el campeón del Mundo Alexis Mac Allister, un escrito de la UNLPam imaginando la universidad del futuro, fotos de cómo era antes el terreno adyacente a las vías y quizás hasta algún dispositivo electrónico que para esa fecha nadie sabrá cómo conectar.

Pero entre todos los objetos seleccionados para viajar en el tiempo también habrá una pieza cargada de un simbolismo particular: un ejemplar impreso de El Diario de La Pampa con la crónica que anuncia esta jornada de inauguración.

En tiempos donde la industria gráfica global cruje bajo la velocidad del consumo digital, la proliferación de algoritmos y el desembarco masivo de la inteligencia artificial en la producción de contenidos, enterrar un pedazo de papel impreso es casi un acto de resistencia cultural. 

Quienes desentierren la cápsula en 2042 no solo leerán sobre el corte de cinta, sino que tocarán el testimonio vivo de un oficio que insistió en dejar huella física en una época donde casi todo se volvió fugaz, intangible o generado por código. Un recordatorio de que, detrás del papel y la tinta, hubo periodistas de carne y hueso contando la vida de su pueblo.

Este papel amarrado al tiempo resume, en realidad, la columna vertebral de nuestra propia historia periodística. Todo comenzó aquel 3 de mayo de 1992, cuando el escribano Antonio Nemesio no solo fundó El Diario, sino que tomó la decisión empresarial y política de poner fin al monopolio informativo en La Pampa. La irrupción de nuestro diario transformó para siempre el mapa de la comunicación provincial: hasta ese momento, en materia de prensa escrita, existía una sola voz hegemónica en la capital pampeana, con el sesgo y la fragilidad democrático que implica esa peligrosa ausencia de pluralidad de voces. El escribano Nemesio no solo concibió una nueva empresa editorial; construyó una escuela de trabajo, enseñó a pararse con independencia frente al poder y sembró una doctrina periodística basada en el rigor, la pluralidad, el apego a la verdad y un compromiso irrenunciable con la comunidad pampeana.

Quienes peinamos canas en la profesión y fuimos formados bajo ese molde recordamos bien cómo era la cocina del oficio hacia 1998, cuando me inicié en esta redacción. En aquel entonces, el acceso a la información era un trabajo artesanal de paciencia infinita: se tipeaban a máquina o teclado lento los comunicados de prensa que llegaban en mano o por fax, se grababan las notas con casetes de cinta magnética y se necesitaban horas -cuando no días- de búsqueda en archivos de cuerpo presente para chequear un solo dato.

Ya por entonces, a finales de los noventa, la profecía apocalíptica repetía que al diario impreso le quedaban apenas unos pocos años de vida con la llegada de las primeras PC y la internet. No sólo sobrevivimos a esa profecía, sino que nos reinventamos sobre la misma mística del fundador de este periódico y con su respaldo. Para 2010, dimos el gran salto digital: empezamos a actualizar de manera cotidiana y casi ininterrumpida, durante las 24 horas, nuestro sitio web, que con el paso de los años terminó de consolidarse como el portal de noticias más leído e influyente de toda la provincia de La Pampa.

Pasamos del ritmo pausado del cierre nocturno de la edición impresa a la inmediatez del minuto a minuto, adaptándonos al compás del lector moderno sin perder jamás el rigor que "Don Antonio" imprimió desde el primer ejemplar que salió a la calle en las manos de los canillitas.

Por eso, el ejercicio fascina aún más si nos atrevemos a fantasear con lo que ocurrirá en 2042. ¿Se habrá extinguido finalmente la tinta? Me permito dudarlo rotundamente.

Así como el libro impreso sobrevivió al e-reader o los discos de vinilo renacieron en plena era del streaming por el deseo humano de pausar y tocar el objeto, el diario de papel en 2042 tal vez no sea el vehículo de la inmediatez -que ya ganaron las pantallas-, sino un refugio de lectura reposada, un bien de culto y la prueba irrefutable de que un hecho ocurrió de verdad.

En un mundo donde los píxeles se pueden alterar con un clic y los contenidos sintéticos se evaporan en el éter, es mi sueño -mi deseo- que el papel sigue siendo el único soporte inviolable.

¿Cómo se creará y consumirá la información cuando la cápsula vuelva a la superficie? Quizás para ese 150° aniversario el concepto mismo de "redacción" termine de convertirse en una antigüedad. Tal vez las noticias se perciban a través de interfaces neuronales, hologramas interactivos o entidades artificiales que procesen en tiempo real los acontecimientos antes de que terminen de suceder.

Y en medio de esa fantaciencia cotidiana, los hijos de los pibes que hoy andan en bicicleta por el Parque Lineal van a desenterrar un diario de papel. Verán las páginas amarillentas y comprobarán que en 2026 nos debatíamos entre los avances de la IA y el calor de la calle. Quizás para ese entonces las emergencias sanitarias del centro sean apenas una leyenda urbana que los viejos cuenten en el mismo café de siempre de la calle Pellegrini, y el cambio climático haya transformado el paisaje de la Laguna Don Tomás.

¿Y la política? ¿Qué dirán los historiadores locales de 2042 cuando repasen los titulares sobre Carlos Verna, Sergio Ziliotto, Luciano di Nápoli, las internas del PJ, los tironeos con la oposición encarnada en Martín Berhongaray, Adrián Ravier y Marita Mac Allister o la lejana era en que la Argentina se debatía entre ajustes brutales y resistencias? Tal vez para ese sesquicentenario, las disputas partidarias de esta época se vean tan distantes y entrañables como nos parecen a nosotros los debates de finales del siglo XIX. 

Cualquier otro ejercicio de especulación política -chicana mediante- se las dejo a los lectores de hoy y a los de 2042.

Gobernar -y también informar- es, en cierta forma, una lucha contra la fugacidad. El asfalto se gasta, los tubos quedan sepultados, los algoritmos se actualizan y las gestiones pasan.

Pero dejar un mensaje y un diario impreso bajo el suelo de un parque recuperado para la comunidad es un modo de decirle al futuro: "Che, acá estuvimos. Con viento, con grabadores de casetes, con redacciones digitales, con inteligencias artificiales, con crisis y con sueños, pero acá estuvimos escribiendo la historia para que esta ciudad fuera un poco más habitable".

Ojalá que cuando la pala vuelva a pocear el Parque Lineal en 2042, los santarroseños que rodeen el pozo se sonrían al desglosar nuestras páginas. Y ojalá comprueben que, aunque cambien drásticamente las herramientas, los métodos y las tecnologías para crear e informarnos, en esta esquina de La Pampa la doctrina de Antonio Nemesio y la necesidad de mirarnos a los ojos, contarnos la verdad, encontrarnos en la plaza o comernos un asadito los fines de semana siga siendo exactamente la misma.

(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.

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