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EL DIARIO digital
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La campaña digital de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil es una experiencia que vale la pena estudiar, pero no puede convertirse en una receta para aplicar de manera automática en otros países. Esa fue una de las ideas centrales que planteó el investigador Martín Becerra durante el cierre de las V Jornadas de Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Pampa, realizado este miércoles en la Facultad de Ciencias Humanas.
Ante una consulta sobre el papel de las redes sociales en la disputa por el poder, Becerra destacó la creatividad de la estrategia brasileña, aunque advirtió que su eficacia no puede separarse de las condiciones políticas y sociales en las que se desarrolló. "La campaña de Lula es buenísima, tendríamos que estudiarla. Pero está situada", sostuvo.
El investigador puso el acento en la construcción política que precedió al despliegue digital. "Pero también está el del alcalde de Nueva York. Hay ejemplos de uso creativo y democrático. Pero son experiencias que, antes de diseñar estrategias en redes, tuvieron política", señaló.
En ese sentido, mencionó medidas concretas que acompañaron la experiencia brasileña, como la reducción de la cantidad de horas laborales semanales, el aumento de la Bolsa de Familia y las mejoras en el sistema de transporte. La comunicación, planteó, no puede reemplazar las políticas públicas ni las transformaciones materiales que afectan la vida cotidiana.
"Tenés que tener eso, porque si no parece que la estrategia político-comunicacional se transforma en un artificio. Los destinatarios dicen: 'Esto es un verso'. Es poco verosímil", afirmó.
Militantes, territorio y redes
Becerra también destacó el papel de los militantes en la campaña de Lula. No se trató solamente de diseñar mensajes y distribuirlos por plataformas digitales, sino de contar con personas capaces de recoger información, reconocer preocupaciones y adaptar las consignas a las distintas realidades sociales.
"Me parece clave que hayan sido militantes", insistió.
En su planteo, existe una diferencia entre la información que las plataformas extraen y procesan a partir de millones de datos y el conocimiento que se construye mediante el contacto directo con las comunidades. Los militantes pueden reconocer qué conversaciones circulan, qué preocupa a determinados grupos y qué respuestas generan los mensajes políticos.
Una consigna puede funcionar en una región y no tener el mismo efecto en otra. Becerra mencionó, como ejemplo, las particularidades del nordeste brasileño y las diferencias entre las conversaciones y preocupaciones sociales de cada territorio.
La estrategia, entonces, requiere una retroalimentación permanente entre las consignas de una organización y las respuestas que aparecen en la sociedad. No alcanza, según desarrolló, con reproducir un mensaje exitoso ni con importar herramientas digitales de una campaña que obtuvo buenos resultados en otro contexto.
Para Becerra, las fuerzas políticas que disputan el poder desde una perspectiva democrática o progresista necesitan desarrollar estrategias específicas para las redes. Pero deben hacerlo sin desconocer quién controla esos espacios.
"No podés ser ingenuo respecto a que tu planificación política en las redes va a ser aplicada de manera prístina por los dueños de las redes", advirtió.
En esa línea, sostuvo que las organizaciones políticas deben intervenir en los espacios donde actualmente la sociedad se informa, se entretiene y conversa: "No podés no estar".
La experiencia brasileña también mostró las tensiones con las empresas tecnológicas. Según explicó, Meta intentó limitar o interferir en el desarrollo de la estrategia de Lula. Por eso, la presencia digital resulta necesaria, pero no garantiza por sí misma que una propuesta política pueda circular en las condiciones previstas por quienes la diseñaron.
Los medios tradicionales todavía tienen peso político
Aunque las empresas periodísticas atraviesan una crisis económica y perdieron buena parte del control sobre la distribución de sus contenidos, Becerra consideró que los medios tradicionales siguen teniendo una influencia relevante en la política y en los negocios.
Al referirse al empresario José Luis Manzano, planteó que la adquisición de medios debe analizarse junto con sus otros intereses económicos, entre ellos los vinculados con servicios públicos y concesiones. Mencionó la adquisición de Metrogas y Aguas de Catamarca como ejemplos de ese universo empresarial.
"Los políticos que le habilitan las concesiones siguen dándole mucha bola a los medios tradicionales. No lo sé. Será que todavía son gente muy chapada a la antigua", bromeó.
La observación apunta a una paradoja: los medios tradicionales ya no ocupan el mismo lugar en la circulación de la información y sus ingresos se redujeron, pero siguen siendo relevantes para actores económicos que mantienen relaciones con el poder político.
El Estatuto del Periodista y las garantías laborales
Durante el intercambio con el público, Becerra también fue consultado sobre la derogación del Estatuto del Periodista y su situación normativa. Calificó el escenario como complicado y consideró que las posibilidades de revertirlo mediante una modificación legislativa enfrentan dificultades por la actual correlación de fuerzas.
"Es un problemón", resumió.
Explicó que el estatuto constituye una referencia fundamental para los trabajadores de prensa porque establece categorías laborales, referencias profesionales, condiciones de acceso a eventos y protecciones frente a despidos arbitrarios. "No se cumplía a rajatabla, pero era una ley", señaló.
Aunque reconoció que el panorama legislativo es difícil, expresó su expectativa de que pueda construirse una mayoría para modificar la situación: "Ojalá esté equivocado y se construya una mayoría para votar la propuesta de modificación que presentron los gremios. Hoy parece difícil, pero el Gobierno actual ha tenido muchas victorias y también algunas derrotas legislativas. Ojalá se produzca eso".
Los ataques al periodismo y la estrategia de Milei
Además, Becerra dedicó otro tramo de su exposición a los ataques del presidente Javier Milei contra periodistas y a las consecuencias que ese enfrentamiento tiene para el ejercicio profesional. Mencionó el proyectil que hirió al fotógrafo Pablo Grillo durante una manifestación y las denuncias penales impulsadas por el mandatario contra periodistas.
"Desde el 83 nunca hubo una situación tan delicada para el periodismo", afirmó.
También vinculó la estrategia del Gobierno argentino con la que llevaron adelante Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.
"Si hay algo más, Milei está copiando y aumentando una estrategia de Trump. Ya la aplicó Bolsonaro en Brasil y todos los políticos de ultraderecha", sostuvo.
Sin embargo, Becerra advirtió que la situación no puede explicarse solamente por los ataques oficiales. A su juicio, la ofensiva contra el periodismo encuentra un terreno propicio en la pérdida de credibilidad que afecta a determinados sectores de la profesión.
El investigador diferenció a los periodistas más conocidos de la mayoría de los trabajadores de prensa, que desarrollan su tarea en condiciones económicas mucho más precarias.
"Los periodistas más notorios, que no son la masa, son una elite. Son multimillonarios. Son muy pocos. Pero cobran todos los que son anónimos y no tienen un mango", afirmó.
Y fue más allá al cuestionar las prácticas profesionales de algunas figuras mediáticas: "Esa elite hace mucho que no hace periodismo".
Para Becerra, la pérdida de legitimidad tiene una historia anterior al actual Gobierno y está relacionada con la circulación de noticias falsas, las operaciones de desinformación y la falta de rectificaciones públicas.
"¿Algún medio argentino pidió perdón por decir que ganamos en Malvinas, por decir que determinados ministros tenían cuentas bancarias y no, o que había un PBI enterrado en la Patagonia?", preguntó.
Según su análisis, la reiteración de informaciones falsas o de operaciones sin reconocimiento posterior deteriora la confianza pública. "Es una falta de credibilidad lógica. Si estás haciendo permanentemente operaciones desde la pantalla o la radio, durante muchos años, es probable que la credibilidad decaiga", señaló.
También se refirió a la relación entre los grandes medios y los intereses económicos. Y confió en que, si le preguntan sobre si esa elite está "ensobrada", respondió afirmativamente y sostuvo que el problema precede al Gobierno de Milei.
Becerra mencionó a Jorge Lanata y Luis Novaresio al discutir la responsabilidad de las figuras más conocidas en la construcción de la imagen pública del periodismo. Sobre una de esas prácticas profesionales, sostuvo: "Yo me solidarizo ante los ataques. Pero la práctica profesional de ese perfil debería cambiar mucho para ganarse el respeto público de nuevo".
Y sintetizó su argumento sobre la eficacia social de los ataques presidenciales: "Esto es para entender por qué tiene eficacia el cuestionamiento autoritario a los periodistas. Y la tiene porque del otro lado no hay un ejercicio transparente y riguroso".
Para el investigador, una parte del imaginario social identifica al conjunto de los periodistas con las figuras más poderosas de la televisión. "Cuando dice periodista, una parte del imaginario social piensa en los tres millonarios que salen en la tele. Bueno, esos tres millonarios hace rato que no hacen periodismo", afirmó.
Becerra también distinguió los cuestionamientos de presidentes anteriores de los ataques actuales. "Ninguno de los presidentes anteriores dijo que los periodistas eran mierdas. Sin embargo, desde Alfonsín todos tenían cosas para decir sobre la elite periodística de su época", señaló.
La publicidad y la crisis económica de las empresas periodísticas
Becerra cuestionó la idea de que el Gobierno nacional haya eliminado la publicidad en los medios. "No es cierto que no haya publicidad en medios. Pone, a través de colectoras como YPF, más publicidad que otros gobiernos", sostuvo, al referirse a los mecanismos mediante los cuales se canalizan recursos publicitarios.
También describió el vínculo entre el Ejecutivo y la prensa como una situación inédita por la frecuencia de los ataques presidenciales. "Si la cabeza de un Estado todos los días ataca a periodistas, el Estado argentino no siempre atacó todos los días a los periodistas. Es inédito. Nunca antes pasó", afirmó.