La Pampa

Confirman la condena a 11 años de prisión a un hombre que abusó de la amiga de su hija

El TIP confirmó la condena a 11 años a un hombre que abuso de una menor desde los 11 a los 13 años
El TIP confirmó la condena a 11 años a un hombre que abuso de una menor desde los 11 a los 13 años.
La Sala B del Tribunal de Impugnación Penal de La Pampa ratificó el fallo contra R. A. J., hallado culpable de abuso sexual agravado contra una niña de entre 11 y 13 años.

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EL DIARIO digital

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 El expediente judicial expone una trama de sometimiento, manipulación económica y violencia física y psicológica.

En una resolución firme, la Justicia de La Pampa ratificó la condena a 11 años de prisión para R. A. J., por el delito de abuso sexual agravado por acceso carnal en forma continuada contra una niña —identificada como R. M. F.— entre los años 2021 y 2023. La Sala B del Tribunal de Impugnación Penal (TIP), con los votos de los jueces María Paola Frigerio y Mauricio Federico Piombi, confirmó la Sentencia N° 28/26 dictada por el juez de audiencia Marcos Hernán Sacco.

La condena fundamenta que los abusos sucedieron mediando violencia, amenazas y abuso coactivo de poder, ocasionando un grave daño en la salud mental de la menor. El tribunal remarcó que los hechos ocurrieron en un contexto de vulnerabilidad social y económica aprovechado por el condenado.

Un vínculo de confianza transformado en sometimiento

Según consta en el expediente, la niña conoció a la hija del acusado a los 11 años mientras jugaba a la pelota en un parque de la ciudad de Santa Rosa y comenzó a asistir a su vivienda. En un principio, el hombre se mostró afectuoso e indulgente. Durante su declaración en Cámara Gesell, la adolescente recordó cómo se inició el acercamiento.

"(…) Yo tenía 11 años y estaba en el parque (…), y jugaba a la pelota. Y me hice amiga de una chica. Y esa chica, a los días que pasaron, me invitó a su casa (…) Y ahí estaba él (…) me cayó súper bien porque (…) me dejaba fumar, me dejaba tomar y (...) le podía contar cosas que me pasaron y como que me entendía (…)", relató la víctima.

Aprovechando las necesidades económicas del hogar de la menor, el imputado le ofreció dinero a cambio de someterse a contactos sexuales. Ante la urgencia de su familia, la víctima accedió por primera vez para ayudar a su madre y hermano:

"(…) Hasta que un día,  me contó que él tenía relaciones con otras chicas (…) me dijo si yo también quería hacer esto. Y él me pagaba algo (…) Y además ahí no tenía para pagar el alquiler. Mi hermanito no tenía ropa. Y dije, bueno, lo haré por mi mamá y por mi hermanito. Así que el otro día fui a la casa de él", señaló al relatar el día de la captación..

Amenazas con armas, suministro de sustancias y agresiones

A medida que la víctima creció y cumplió 13 años, intentó negarse a continuar asistiendo a la vivienda. Ante su resistencia, el acusado reaccionó con agresividades, celos obsesivos e intimidaciones. Para intentar eludir las exigencias del hombre, la niña llegó a simular que se encontraba indispuesta utilizando sangre proveniente de autolesiones.

En su testimonio, la menor describió un episodio de extrema gravedad en el que fue amenazada de muerte con un arma blanca y adormecida con sustancias estupefacientes. "Me decía, vos tenés que pagarme (…) porque yo ya te di la plata (…) Hasta que fue a la cocina a darme un cuchillo. Y se tiró arriba mío cuando yo estaba en la cama, y me puso el cuchillo en el cuello. Y me dijo que yo era de él (…) que no le importaba matarme (…) Así que, le dije que me diera algo para tomar, me dio el LSD, y yo quedé casi inconsciente (…) cuando me levanté me dolía todo el cuerpo, y me levanté y tenía como tres tajos acá en el cuello (…)", dijo.

En otra ocasión, tras abordarla en una fiesta luego de que sufriera un ataque de pánico, la llevó bajo engaños a su vivienda y le administró sustancias para dormirla. Al despertar al día siguiente lesionada y dolorida, la menor intentó defenderse, a lo que el agresor respondió golpeándola brutalmente en el suelo.

"Me dio unas gotitas de marihuana y me dormí. Al día siguiente cuando me desperté, estaba desnuda, me dolía todo el cuerpo (…) Le reclamé y me dijo que era una forma de marcarme como suya", fue uno de los crudos relatos de la víctima ante la Justicia.

La revelación de los hechos ocurrió cuando la menor se encontraba bajo una medida excepcional de protección en un hogar debido a la vulneración de sus derechos.

Tras reiteradas fugas y al regresar en estados de intensa angustia y con graves autolesiones, la adolescente pudo romper el silencio y confesarle al equipo técnico interviniente que el acusado la sometía a relaciones sexuales a cambio de dinero, alcohol y drogas, bajo constantes amenazas y violencia física.

Para fundamentar la confirmación de la condena a 11 años de prisión, los jueces María Paola Frigerio y Mauricio Federico Piombi argumentaron que las agresiones en el ámbito de la intimidad deben analizarse con perspectiva de género y de niñez, aplicando los principios de las Leyes 26.485 y 26.061 sobre el interés superior de la niña y la amplitud probatoria.

El tribunal concluyó que el testimonio prestado en Cámara Gesell fue coherente, preciso y espontáneo, descartando cualquier indicador de fabulación o manipulación de terceros. 

Asimismo, los magistrados enfatizaron que el fallo no se edificó sobre un relato aislado, sino sobre una red sólida de indicios concordantes: las pericias psicológicas y psiquiátricas que vincularon las severas secuelas emocionales y las conductas de autodaño con los abusos; el testimonio de la hijastra del acusado, quien ratificó la presencia de la menor en el domicilio y reveló que el imputado utilizaba el mismo patrón de ofrecimientos económicos a cambio de sometimiento; y las admisibilidades del propio condenado, quien reconoció la entrega de dinero y la compra de un teléfono celular.

De este modo, la Sala B determinó que existió certeza suficiente basada en la sana crítica para desestimar los recursos de la defensa y ratificar la pena.

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