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Vivió nueve años con una familia, su madre biológica se lo llevó y no lo pueden ver

Ciro festejando su cumpleaños con la familia que le dio un hogar
Ciro, festejando su cumpleaños, con la familia que le dio un hogar.
El nene pidió ayuda en la escuela y en la Policía. La familia que le dio un hogar salió a cuestionar a las áreas de Niñez de Toay y de la Provincia. Llevan 28 días sin saber de él.

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EL DIARIO digital

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La desesperación y la incertidumbre dominan los días de la familia Bustos Aroix, un hogar común y corriente de Toay que durante casi una década albergó, crió y contuvo a Ciro. Apenas tenía unos meses de vida cuando el pequeño llegó a esa casa, donde creció como un hijo y un hermano más. Sin embargo, de acuerdo al desgarrador relato de sus allegados, lo que debió ser un proceso de acompañamiento respetuoso se transformó en una pesadilla: hace 28 días que no saben absolutamente nada de él, tras ser apartado de manera intempestiva por su madre biológica.

El origen de esta historia se remonta a una relación escolar. La madre de sangre de Ciro -quien además es madre de otros cinco chicos- conoció a Laura Bustos por su rol de docente en el establecimiento al que asistía con sus otros hijos. Al poco tiempo de nacer, comenzó a dejarlo de manera paulatina en la casa de la docente. "El tiempo fue pasando y se creó todo este vínculo... No somos familia sustituta ni nada por el estilo; la idea era que el nene creciera y que, cuando tuviera la edad de decidir, decidiera qué hacer", explicaron a El Diario desde la vivienda.

A lo largo de estos nueve años, la rutina del niño estuvo plenamente integrada a la familia Bustos Aroix. Su madre del corazón lo llevó diariamente a la escuela, al pediatra y a sus actividades, durmiéndolo cada noche y compartiendo festejos de cumpleaños, Navidades, vacaciones, el primer día de jardín y los actos escolares. En esa casa, Ciro dejó su habitación armada, sus juguetes, su ropa y a su mascota esperándolo. En paralelo, la madre de sangre mantenía un vínculo fluido de visitas e incluso, en tres o cuatro ocasiones anteriores, se lo había llevado por pocos días pero siempre lo terminaba devolviendo al hogar.

El quiebre definitivo se produjo el pasado 18 de agosto de 2026. Según relataron en un pedido de ayuda público, esta vez la mujer se llevó al niño "de un momento para otro, engañado y solo con la ropa que llevaba puesta". A partir de ese instante, la interrupción del contacto fue absoluta: la madre biológica lo cambió de domicilio, lo sacó de su escuela y de su club, e impidió cualquier tipo de acercamiento o comunicación con quienes fueron su sostén afectivo desde bebé.

Lo que vuelve aún más dramático el caso es que, antes de ser apartado de su entorno cotidiano, el propio Ciro intentó advertir lo que estaba por suceder, siempre de acuerdo al testimonio de la familia de crianza. El menor recurrió a su comunidad escolar para pedir contención: habló directamente con la directora y con su maestra para suplicarles que lo ayudaran y que no permitieran que se lo llevaran. Incluso llegó a manifestar lo que padecía en una sede policial, donde quedó asentada una exposición sobre los hechos. A partir de ahí se produjo la intervención de los organismos de Niñez.

Pese a la gravedad de las señales de alerta emitidas por el propio niño, la respuesta institucional sigue totalmente estancada. La familia ya recorrió incansablemente los despachos de la Policía y, de manera insistente, las dependencias de Niñez de Toay y de la Provincia. Sin embargo, denuncian que la voz del pequeño quedó "atrapada y silenciada en medio de expedientes, plazos administrativos y resoluciones de adultos" que no miden el impacto emocional sobre el menor.

Transcurridas cuatro semanas del hecho, los Bustos Aroix decidieron hacer pública la situación para apelar a la empatía de los funcionarios con competencia en el caso. Exigen con urgencia que los organismos de Niñez activen los mecanismos pertinentes, escuchen de manera directa lo que el niño necesita y siente, y pongan fin a un "aislamiento forzado" que vulnera de forma abierta sus derechos elementales.

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