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EL DIARIO digital
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En el ecosistema del Partido Justicialista pampeano, una imagen de Carlos Alberto Verna vale más que mil discursos, pero la frase que la acompaña suele ser la verdadera clave de lectura. En plena aceleración de los tiempos políticos rumbo a la sucesión de 2027, el exgobernador volvió a sacudir el tablero interno con una nueva entrega de su saga fotográfica: esta vez junto a la intendenta de General Pico, Fernanda Alonso.
El encuentro, sintetizado con la leyenda "Siempre Plurales", no es un hecho aislado. Funciona como el tercer movimiento de una cuidada coreografía con la que el líder piquense recuerda a propios y extraños quién ejerce el arbitraje definitivo sobre las ambiciones provinciales y quién sostiene la lapicera del espacio.
El recorrido de las postales arrancó tiempo atrás con la propia vicegobernadora Alicia Mayoral, encargada de romper el hielo en sus redes con un elocuente "Una buena manera de comenzar la semana", mensaje que encendió las primeras alarmas en el peronismo.
Días más tarde, Verna dio el golpe de efecto en la capital al recibir en su búnker al intendente santarroseño Luciano di Nápoli. En medio del revuelo por la irrupción del sello Fuerza Pampa, el exgobernador eligió encuadrar esa foto bajo el rótulo de "Charla entre compañeros", un guiño a la tracción electoral de Santa Rosa pero marcado por la distancia justa de quien otorga audiencia sin entregar la llave.

Ahora, la nueva foto con Fernanda Alonso pareciera que buscar reordenar el mapa desde el corazón del bastión piquense. El "Siempre Plurales" no solo reafirma la pertenencia orgánica de la jefa comunal representante de esa vertiente vernista de pura cepa que supo construir gestión propia en la segunda ciudad de la provincia, sino que le devuelve el aire a la estructura tradicional frente a las miradas recelosas que genera la capital, y el caudal electoral que representa Santa Rosa en las elecciones de cara al 2027.
Con tres destinatarios distintos y tres frases medidas al milímetro, el caudillo norteño demuestra que no tiene apuro por volcar la tinta. Al sentar a todos en la mesa y administrar los gestos, Verna busca alinear a las tropas para frenar cualquier aventura por fuera, asegurar la unidad, y recordarles a los aspirantes una máxima que sigue inalterable: si se pretende evitar la batalla de las urnas y mantener la hegemonía en el Centro Cívico, la nómina de consenso se escribe únicamente con su lapicera.