La Pampa

La metamorfosis del hombre que aspira al trono, pero aún debe convencer a la tropa

Luciano di Napoli Uno de lo posibles candidatos del PJ para 2027
Luciano di Napoli. Uno de lo posibles candidatos del PJ para 2027.
En una nueva entrega de la saga de perfiles que realiza El Diario a los nombres en danza hacia 2027, el turno es para Luciano di Nápoli. De cuna radical y militancia camporista, mutó a la gestión territorial y transformó a Santa Rosa en bastión electoral por encima de Pico. Aunque jamás verbalizó su ambición provincial, la foto con Verna aceleró el tablero.

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Por Walter Goñi (*)

En la arquitectura del poder pampeano hay dirigentes que aguardan pacientemente a que la cúpula les abra el paso y otros, como Luciano di Nápoli, que jamás esperan el permiso ajeno: prefieren fabricarse sus propias entradas o asegurarse, de antemano, una vía de escape. A sus 46 años, el intendente capitalino se convirtió en una figura bisagra de la política provincial justamente por esa impronta de no dejarse acorralar jamás en una sola habitación.

Nació en el corazón de la política tradicional, pero en la vereda opuesta. Hijo de Emir "Copete" di Nápoli -histórico dirigente de la UCR y escudero de Antonio "Pacheco" Berhongaray- y de María Esther Campo, "Copete" mamó de chico el lenguaje radical. Su primera gran metamorfosis ocurrió tras su paso por la UBA, cuando volvió a La Pampa resuelto a fundar La Cámpora. Aquella noche de 2011 en un monoambiente entre Santa Rosa y Toay, compartiendo empanadas y vino con periodistas locales, escuchó un consejo profético que jamás rebatió: "Despegate de Marín y cuidate de Verna, te va a usar y te va a traicionar". Di Nápoli se fue silbando bajo, pero aprendió la lección: en el peronismo, la obediencia ciega suele pagarse con el olvido.

Durante una década fue la cara del kirchnerismo duro. Supo recorrer el territorio, estampar paredes con María Luz "Luchy" Alonso y armar plataformas en el Recreo Mercantil. Pero tras un tropezón electoral por paridad de género que lo devolvió cuatro años al estudio jurídico familiar, regresó en febrero de 2019 para dar el gran batacazo. Sin el aval de los popes del PJ, ganó la interna capitalina en el momento más complejo para el sello K y le arrebató la intendencia a Leandro Altolaguirre.

Aquella victoria no solo le dio un sillón; le otorgó un territorio propio. Gobernó como si lo supiera. Cuando la conducción nacional de La Cámpora pretendió condicionar su armado local, di Nápoli ejecutó la purga: echó a los funcionarios de Alonso, limpió la comuna y declaró que la orquesta K era "una etapa superada". Convertido en un pragmático de gestión, achicó el gabinete, le dio rienda suelta a Besga como brazo ejecutor y desconcertó a propios y ajenos con medidas de alto impacto fiscal y comercial: desde las fotomultas y la RTO hasta la conectividad con el Grupo Clarín.

Con ese recorrido -más una serie de obras tendientes a embellecer a la ciudad- consolidó a Santa Rosa como el verdadero bastión electoral del PJ, por encima de General. Sin embargo, también sembró una semilla de profunda desconfianza en la tropa de base. Quienes lo conocen de cerca recuerdan la historia de Heriberto Eloy Mediza, su primer secretario de Gobierno: un dirigente leal que esperó pacientemente la sucesión de Marín y terminó cediendo su turno ante el avance de Verna. Di Nápoli se juró no repetir ese espejo.

Por eso, cuando en abril de 2025 intentó disputarle la conducción partidaria al gobernador Sergio Ziliotto y la junta electoral le rebotó la lista, la respuesta no tardó en llegar. La reciente inscripción de Fuerza Pampa, impulsada por su círculo íntimo y por el intendente de Lonquimay, Manuel Feito, funcionó como un dardo directo a la Casa de Gobierno y al corazón del PJ. Mientras desde el municipio ensayan desmentidas, en el partido leen la jugada como un mensaje transparente: si la estructura tradicional intenta cerrarle las puertas, el santarroseño ya tiene listo un sello propio para jugar por fuera.

A diferencia de otros anotados en la carrera de 2027, di Nápoli jamás dijo públicamente que quiere ser candidato a gobernador, pero dio algunas señales. Ahora, la resonante foto con Carlos Verna aceleró los tiempos y lo posicionó, a ojos de la mesa chica, con un 90% del aval necesario para encabezar la boleta del oficialismo. Para el viejo caudillo piquense, "Copete" es la única carta capaz de garantizar el caudal de votos de la capital en un contexto de creciente erosión política.

Sin embargo, el tablero dista de estar cerrado. En un Partido Justicialista de bases atomizadas, la elasticidad del intendente genera tantas certezas electorales como recelos dirigenciales. En las unidades básicas flota el temor a que un dirigente que cambió de piel tantas veces borre con el codo los acuerdos firmados con la mano una vez alcanzado el poder.

Para transformar la tracción de su gestión y el guiño de Verna en un proyecto irreversible, Luciano di Nápoli necesitará mostrar algo más que audacia táctica y fotos de ocasión. En la larga recta hacia 2027, su mayor desafío no será convencer a los altos mandos de su volumen político, sino darle garantías reales a la militancia de que esta vez no usará la puerta de emergencia después de cruzar el umbral.

Esta cuarta entrega marca solo una parada en el recorrido. El escáner de este diario seguirá posándose sobre cada una de las figuras que pretenden habitar el Centro Cívico a partir de 2027.

(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.

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