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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
Gobernar es gestionar, pero para sostener el poder hay que hacer política.
El parte de prensa difundido el martes pasado tras la reunión del Consejo Provincial del Partido Justicialista cumplió con las formas institucionales: un Sergio Ziliotto informando sobre el tablero nacional y la apertura formal a una campaña de afiliación para la Juventud Peronista. Sin embargo, en el trasfondo de los discursos y en los pasillos de la sede partidaria, el verdadero mensaje fue otro: la gestión pura y dura empieza a cederle espacio a la política.

El informe sobre el frente nacional expuso las complejas tensiones entre los principales referentes del espacio Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa, aunque Ziliotto remarcó que las coincidencias alcanzaron para trazar un camino claro: movilizar a las bases, habilitar las PASO como ordenador y desembocar en la unidad. Pero esa discusión funcionó casi como un cerco sanitario. Hablar de la interna nacional evitó cruzar la frontera de lo provincial, donde los debates sobre candidaturas y reglas de juego prefirieron dejarse al margen para no dinamitar las coincidencias iniciales.

"Volvimos a encontrarnos y a hablar de política, pero solo de la nacional. Si se hablaba de lo provincial, salían las diferencias", sintetizó con pragmatismo un dirigente al concluir la jornada.
La prudencia no es casual. En la memoria partidaria pesa el estrecho margen de cinco mil votos con el que se retuvo la gobernación en los últimos comicios. La orden implícita es que nadie sobra y que la estructura debe ponerse en marcha sin sobreanalizar nombres propios, ya sea para un candidato o una candidata. "Con la estructura funcionando, el 'problema' no es el nombre", arriesgó otra fuente presente.
El radar del PJ también analiza por estos días los datos de opinión pública en el norte provincial. Aunque la imagen negativa del presidente Javier Milei roza el 60% a nivel general -invirtiendo la tendencia de un año atrás-, en departamentos como General Pico e Intendente Alvear la aprobación del Gobierno nacional se mantiene firme entre un 35% y un 40%. Ese piso electoral expone un desafío ideológico que la dirigencia peronista sabe que no podrá revertir únicamente con administración estatal.

En ese contexto debe leerse la decisión de reestructurar la JP y activar una campaña de afiliación masiva. Más allá del recambio generacional, el reclamo de formación militante que elevó la juventud encaja con la necesidad de revitalizar un partido que venía funcionando al ritmo de la administración pública.
El encuentro del martes funcionó como un punto de partida. Tras un largo período donde la premisa fue "gestión, gestión y gestión", el peronismo pampeano volvió a sentarse a la mesa a hacer política. El resultado de ese movimiento dirá si alcanza para consolidar el territorio de cara a los próximos desafíos.

La conclusión del encuentro deja al descubierto la verdadera estrategia en marcha: el peronismo pampeano entendió que la gestión por sí sola no garantiza la continuidad y que resulta indispensable rearmar la red territorial. La apuesta por movilizar a la militancia, revitalizar a la Juventud Peronista y abrir el partido a nuevas afiliaciones busca encender los motores de una estructura que se mantenía achanchada, bajo la premisa de que para competir con éxito en el escenario que viene no alcanza con mostrar números de gobierno, sino que se requiere músculo político y presencia constante en cada rincón de la provincia.
Sin embargo, el camino hacia una verdadera unidad interna asoma lleno de espinas y fricciones latentes. La decisión de debatir exclusivamente sobre la agenda nacional funcionó como un atajo coyuntural para evitar fricciones mayores, pero la discusión sobre el armado provincial, las reglas de juego y las candidaturas locales no podrá postergarse indefinidamente. En un escenario de extrema paridad electoral, donde cada sector conoce su peso territorial y las heridas de las contiendas pasadas aún no cicatrizaron del todo, conciliar los intereses de las distintas líneas internas para construir una lista de consenso exigirá un ejercicio de pragmatismo y orfebrería política sin margen para los desaciertos.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa