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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
La rosca política en el peronismo pampeano de cara a 2027 ingresó en una fase decisiva. Tras un reciente y reservado entendimiento entre el exgobernador Carlos Verna y el actual mandatario Sergio Ziliotto, para activar una mesa de diálogo con todas las corrientes del Frente Justicialista Pampeano, la idea de una lista de unidad comenzó a sobrevolar el escenario provincial. Frente a la inminencia del calendario electoral (todo indica que los comicios serán en los primeros meses del año próximo), dirigentes de diversos espacios coinciden en que los tiempos de confrontación interna deben dar paso inevitable a la convivencia.

Sin embargo, el camino hacia el consenso no está exento de fricciones. En las distintas líneas del PJ exigen certezas y advierten que no respaldarán una convergencia formal sin contenido. "Unidad no es amontonamiento", repiten en voz baja referentes partidarios consultados por El Diario, al tiempo que remarcan que cualquier acuerdo debe incluir un programa claro sobre qué se le va a ofrecer al electorado pampeano.
La gran incógnita de la mesa negociadora pasa por la relación con el intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli. La complejidad de sentarse a negociar con el jefe capitalino reside en su particular posición en el tablero: sin el aparente aval de un "padrino" político tradicional dentro de la estructura histórica y con un volumen de gestión propia en el principal distrito electoral que, para algunos observadores, le da legitimidad suficiente para aspirar a la gobernación.

Desde el entorno del jefe comunal ya dejan trascender que no aceptarán condicionamientos partidarios y enfatizan que el proceso de gestión "se debe a los santarroseños y no a las necesidades de la orgánica del PJ". En el riñón del intendente aclaran que la capital "no es prenda de cambio" de un eventual "tome y daca" de cargos. Es decir que a un tablero ya de por sí complejo, se le suma un elemento clave: no es un condicionamiento menor que di Nápoli pretenda elegir a su propio sucesor en el sillón municipal, en un contexto donde su pareja, Carmina Besga, hace tiempo decidió mostrarse activamente en el día a día de la gestión.
El panorama político sumó además un elemento disruptivo: la consolidación de Fuerza Pampa, una fuerza política con personería jurídica definitiva en la que, aunque sin definiciones explícitas del intendente, se adivina la impronta directa del esquema santarroseño. La irrupción formal de este nuevo vehículo electoral altera drásticamente la correlación de fuerzas. Para el oficialismo, representa una herramienta de presión inédita que quita al PJ el monopolio de la lapicera a la hora de armar listas y negociar espacios; para la conformación de frentes, redefine la mesa del Frejupa, que ahora no solo debería integrar a partidos tradicionales sino sentarse a pactar con una estructura local con sello propio. A la vez, en la oposición miran con atención el tablero: un eventual desgarro o armado por fuera del peronismo tradicional atomizaría el voto oficialista y abriría un nuevo escenario de tercios en la provincia.

En definitiva, la aparición de Fuerza Pampa no solo le otorga a la dirigencia capitalina un margen de maniobra estratégico y autonomía para jugar "por dentro o por fuera", sino que introduce una dinámica de mayor volatilidad al esquema democrático pampeano, donde las lealtades orgánicas empiezan a ceder terreno ante los armados territoriales propios.
Por estas horas, la conducción partidaria trabaja para encauzar el diálogo con el resto de las fuerzas que componen la coalición oficialista: el Frente Renovador, Nuevo Encuentro, el Partido Humanista, el Partido del Trabajo y del Pueblo (PTP) y el Partido Comunista. Frente a plazos acotados, todavía está por verse si el peronismo pampeano logrará articular una síntesis virtuosa que contenga la territorialidad capitalina o si la arquitectura de la unidad terminará crujiendo ante el choque de intereses y la inevitable tensión por la reconfiguración de los liderazgos.
También es un misterio si al intendente di Nápoli le alcanza el piné -y la cosecha de gestión- para sostener un choque frontal contra el aparato provincial o si la exhibición de autonomía, sello propio y pretensiones de sucesión en Santa Rosa no son más que un audaz juego de amagues diseñado para cotizar alto en la mesa de negociación.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.