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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
Hay pueblos que esperan años una visita oficial y otros que, por los azares del calendario político, se ven empantanados de la noche a la mañana en el centro exacto de la tormenta perfecta. Le pasó a Rolón durante la semana pasada: de la paz pueblerina al desfiladero de la rosca, en un sprint de 48 horas donde la interna del Partido Justicialista se jugó a todo o nada entre gallinas, techos de chapa y desmentidas forzadas.
El primero en desembarcar fue el intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli. Oficialmente, la comitiva capitalina viajó a la Granja Avícola "Don Andrés" para cerrar la incorporación de 180 mil huevos diarios al Mercado Concentrador municipal. Una especie de postal productiva. Pero, por debajo de la cáscara, corría la verdadera yema: la gira del jefe comunal capitalino por el interior en busca de sumar intendentes a su armado político, con la sombra omnipresente de Fuerza Pampa y sus ambiciones gubernamentales. Di Nápoli y el intendente local, Luis Ferreyra, se sentaron a hablar de la coyuntura del PJ. No hizo falta foto oficial; la sola presencia encendió las alarmas en el Centro Cívico.
La respuesta de Casa de Gobierno rozó la velocidad del rayo. Al día siguiente, la tranquilísima localidad volvió a ver polvo en el acceso: esta vez desembarcaba la "contraofensiva de la lealtad" encabezada por los ministros Pascual Fernández (Gobierno) y Alfredo Intronati (Obras Públicas). Los funcionarios enviados por Sergio Ziliotto recorrieron con el mismísimo Ferreyra el recambio del techo del hospital local y el futuro hospedaje municipal. En un puñado de horas, Rolón pasó de negociar huevos con la capital a recibir los halagos del presupuesto provincial.
Para completar el sainete, no faltó la maniobra comunicacional de rigor. Tras la partida de los visitantes, desde los pasillos del poder provincial hicieron circular supuestas desmentidas del propio intendente Ferreyra sobre conversaciones de Fuerza Pampa en grupos de mensajería; un aclaratorio tan apresurado como innecesario para un tema que jamás se había afirmado en esos términos. La premisa era clara: mostrar que en Rolón nadie coquetea fuera del libreto oficial.
Así, entre fotos cruzadas, inspecciones de obra de último momento y un repentino interés por la suerte de sus vecinos, Rolón vivió su inédito e irrepetible "segundo de fama". Un microclima de atención mediática y política que durará exactamente lo que tarde la interna en trasladarse al siguiente pueblo de la provincia. Una vez que la espuma baje y la campaña siga su curso en otras latitudes, los reflectores se apagarán, la política se olvidará del mapa y el pueblo volverá a su ritmo habitual, habiendo sido -al menos por un par de días- la insólita capital del fuego amigo del PJ.
Probablemente, para la inmensa mayoría de los pampeanos que recorren la diaria entre la inflación, la boleta de luz y las urgencias del mes, este cruce quirúrgico de movimientos, fotos estratégicas y desmentidas a destiempo haya pasado completamente desapercibido. Y está bien que así sea: el microclima de la rosca política suele habitar una frecuencia que solo sintonizan sus propios protagonistas.
Episodios como el de Rolón no hacen más que poner en evidencia, una vez más, esa histórica disociación entre las prioridades de la dirigencia y las necesidades reales de la gente. Mientras en el territorio la preocupación pasa por llegar a fin de mes, la agenda de los funcionarios se consume en medir quién marca la cancha, quién suma un intendente y quién se queda con la última foto del día. Un recordatorio oportuno de cómo la política provincial, inmersa en sus propios laberintos de poder, a menudo camina por una vereda muy distinta a la que transita el vecino de a pie.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.