La Pampa

La expansión de jabalíes desde La Pampa ya preocupa en el sudoeste bonaerense

El jabalí europeo fue introducido en La Pampa a comienzos del siglo XX
El jabalí europeo fue introducido en La Pampa a comienzos del siglo XX.
El crecimiento de la superficie cultivada con maíz aparece como uno de los factores que favorecieron la expansión hacia la zona limítrofe entre Tres Arroyos y Coronel Pringles.

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EL DIARIO digital

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La expansión de los jabalíes desde La Pampa comenzó a generar preocupación en el sudoeste bonaerense, donde productores y vecinos advierten una presencia cada vez más frecuente de ejemplares en campos y caminos rurales de la zona limítrofe entre Tres Arroyos y Coronel Pringles.

La población que hoy avanza hacia territorio bonaerense tiene su origen en los ejemplares de jabalí europeo introducidos a comienzos del siglo XX en nuestra provincia —por entonces Territorio Nacional de La Pampa— para la caza deportiva. Con el paso de las décadas, esos animales lograron adaptarse al ambiente, reproducirse y extender su área de distribución, hasta ser considerados una especie invasora por su impacto sobre los ecosistemas y las actividades productivas.

"Es una especie exótica, no es nativa de la Argentina y está entre las especies animales más invasivas del planeta. Donde pudo expandirse, se fue expandiendo", explicó Francisco Pescio, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA).

El especialista remarcó que la capacidad de adaptación de estos animales, su reproducción y la posibilidad de ocupar ambientes muy diferentes favorecieron un avance que continúa hasta la actualidad.

El crecimiento de la superficie cultivada con maíz aparece como uno de los factores que favorecieron esa expansión. El médico veterinario Carlos Bodanza explicó que la disponibilidad de alimento permitió que las poblaciones avanzaran hacia nuevos territorios.

"Con la llegada de muchos cultivos de maíz, que incluso gana hectáreas todos los años en zonas como la nuestra, el jabalí empezó a expandirse. A eso se sumaron los incendios que hubo en La Pampa, que también empujaron a los animales hacia la provincia de Buenos Aires", señaló.

Según Bodanza, una vez instaladas las poblaciones, el control se vuelve complejo por la capacidad de adaptación de la especie y por la ausencia de mecanismos naturales que regulen su crecimiento.

"Antes había mucha más gente viviendo en los campos y, de alguna manera, el hombre era parte del control de las poblaciones. Eso hoy tampoco existe", sostuvo.

Daños productivos y ambientales

Los especialistas advierten sobre el impacto del jabalí en cultivos, silobolsas, alambrados e infraestructura productiva, además de los riesgos vinculados con la circulación de animales en rutas y zonas periurbanas.

Pescio explicó que los jabalíes pueden adaptarse a distintos ambientes y que su expansión también está vinculada con su capacidad reproductiva y su comportamiento. Además, señaló que pueden cruzarse con cerdos domésticos, dando origen a ejemplares conocidos en el ámbito rural como "chanchos malos".

Las estimaciones citadas por el docente de la FAUBA ubican las pérdidas ocasionadas por el jabalí y sus cruzas entre los 1.400 y los 1.600 millones de dólares anuales en la Argentina, contemplando daños sobre cultivos, granos almacenados, infraestructura, producción ganadera y ambientes naturales.

El armero Sergio Vitali resumió una de las principales dificultades para controlar la especie: "Lo único que hacemos con la caza es moverlos de lugar, porque ¿cuántos te vas a llevar?, ¿dos, tres?, y con perros también, dos o tres, cuando hay cientos".

También describió parte de los daños que pueden provocar en los sistemas agrícolas.

"Comen maíz, trigo y soja, rompen los silobolsas con los colmillos, lo raja a una altura de 30 centímetros y por el peso del cereal se vacía totalmente", relató.

Un problema sanitario

Además del impacto económico, los especialistas alertaron sobre los riesgos asociados al consumo de carne de jabalí sin controles veterinarios.

"La seguridad sanitaria la da la carne que ha pasado por un frigorífico", afirmó el médico veterinario Diego Pigueiras al referirse al consumo de ejemplares cazados.

El profesional explicó que el jabalí puede portar distintas enfermedades y remarcó la necesidad de realizar análisis antes de elaborar productos derivados.

"Son animales que no tienen ningún tipo de control, triquina, tuberculosis o un sinfín de enfermedades que pueden transmitir", indicó.

Pescio también puso el foco en la importancia del control sanitario y advirtió sobre el riesgo de consumir productos elaborados sin conocer el origen de la carne.

"El problema es no saber de dónde salió ese salame y si se hizo o no el control de triquinosis. Si no hay frigoríficos habilitados, queda la posibilidad de una faena sin control sanitario", señaló.

Bodanza recordó un brote de triquinosis investigado en Mayor Buratovich, partido de Villarino, que habría estado vinculado al consumo de embutidos elaborados con carne de jabalí.

"Fue un brote importante. No eran productos que se vendieran, pero se compartieron con familiares y amigos. El animal tenía triquinosis y se habla de entre 30 y 30 y pico de infectados", relató.

Estrategias de control

La expansión del jabalí llevó a la provincia de Buenos Aires a analizar estrategias de control. En mayo, el Ministerio de Ambiente autorizó la caza de control del cerdo silvestre en determinadas áreas destinadas a la conservación del venado de las pampas, con el objetivo de reducir el impacto de esta especie exótica invasora sobre la fauna nativa y la producción agropecuaria.

La medida contempla acciones de control sostenido y establece condiciones para el manejo de los ejemplares capturados, incluyendo los requisitos sanitarios correspondientes para su eventual aprovechamiento.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que la caza aislada no alcanza para resolver el problema. La especie se desplaza sin reconocer límites administrativos y requiere acciones coordinadas entre organismos públicos, productores, entidades rurales y especialistas.

"Las trampas son muy efectivas para agarrar la piara, pero si el animal se asusta o detecta rastros, probablemente no vuelva a acercarse. Hay que diseñar estrategias para que eso no ocurra", explicó Pescio.

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