La Pampa

Dos locales usurpados por lavacoches generan tensión en el centro santarroseño

En Yrigoyen al 200, la ocupación de dos inmuebles abandonados deriva en incidentes recurrentes. La propietaria, una mujer mayor en situación de vulnerabilidad, autoriza la permanencia de los ocupantes, lo que frena el accionar de las fuerzas de seguridad.

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EL DIARIO digital

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Lo que durante años fueron simples persianas bajas y locales comerciales en desuso se transformó en el foco de un complejo conflicto urbano y social en pleno centro santarroseño. En la calle Yrigoyen al 200, en el tramo comprendido entre Rivadavia y 25 de Mayo, dos inmuebles desocupados desde hace tiempo permanecen usurpados por un grupo de lavacoches, una situación que escaló en episodios de tensión recurrente con los comerciantes y residentes de la zona.

La convivencia en la cuadra volvió a crisparse este martes a partir de un movimiento que encendió las alarmas de los vecinos: la llegada de una camioneta de flete que concretó el traslado de una mudanza informal hacia el interior de los comercios. Ante la mirada atónita del vecindario, los ocupantes ingresaron colchones, un lavarropas, un ropero, mesas y sillas, asentando de manera definitiva su estadía en el lugar.

Poco después de finalizada la descarga, el clima terminó de enrarecerse cuando se escucharon gritos insistentes por parte de una mujer desde el interior, lo que derivó en momentos de extrema alteración y motivó el llamado de emergencia a la Policía.

Al arribar al lugar, los efectivos policiales se encontraron con el entramado judicial e institucional complejo que ya conocer de memoria. La propietaria de ambos inmuebles reside en la vivienda contigua, inmersa en una delicada situación de vulnerabilidad psicológica y social. Según relataron fuentes consultadas por El Diario, la mujer habita en condiciones precarias, sin suministro de energía eléctrica y dependiendo de la solidaridad de un vecino para abastecerse de agua potable.

Es precisamente la dueña de casa quien autoriza de manera explícita la presencia y permanencia de los lavacoches en su propiedad. Esta situación deja a las fuerzas de seguridad sin margen de maniobra legal para concretar un desalojo directo o actuar de oficio sin una orden firme. A pesar de los insistentes intentos de una prima de la mujer por intervenir y hacerla entrar en razón sobre los riesgos de la ocupación, la postura de la propietaria se mantiene inalterable.

Ante la imposibilidad de desalojar el lugar por la vía policial inmediata y frente al evidente estado de indefensión de la anciana, los uniformados dieron intervención a la Justicia para que actúe a través de los organismos correspondientes a la protección de adultos mayores, mientras la tensión comercial y vecinal en pleno centro capitalino continúa en aumento.

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