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EL DIARIO digital
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El debut de Adrián Ravier como vocero presidencial en la Casa Rosada estuvo lejos de ser el trámite técnico que el Gobierno planificaba. A menos de 24 horas de haber sugerido en su primera conferencia de prensa que las familias afectadas por los aumentos de tarifas iban a "tratar de abrigarse más que prender el gas", el flamante funcionario debió salir este miércoles a ensayar una urgente aclaración pública, admitiendo que sus declaraciones habían sido "poco feliz".
El economista y exdiputado nacional por La Pampa, que llegó al atril presidencial para suceder a Manuel Adorni -alejado de la gestión tras presentar una renuncia indeclinable en medio de una investigación por enriquecimiento ilícito-, pasó por el estudio de Radio Mitre para intentar contener el impacto de sus propias palabras.
Ante el interrogante directo del periodista Eduardo Feinmann sobre si se arrepentía de la frase, Ravier ensayó una rápida maniobra de repliegue: "No quise expresar eso. Es poco feliz sin dudas, más como la levantaron los medios, no fue la intención", se justificó, argumentando que sus dichos fueron sacados de contexto y asegurando que la gestión actual "cuida y mantiene los subsidios a los más humildes".
Sin embargo, el archivo del martes por la tarde reflejó un duro diagnóstico de cara al bolsillo de los usuarios. Durante sus 27 minutos frente a la prensa acreditada, Ravier apeló al manual de la ortodoxia económica y a la famosa premisa de Milton Friedman sobre que "no hay almuerzo gratis" para justificar la duplicación en las boletas de gas, agua y electricidad. Fue en ese marco donde el funcionario encuadró el impacto del ajuste directamente en el comportamiento habitacional de los hogares, señalando que la "ingrata" suba de tarifas conduciría a las familias a buscar alternativas de abrigo antes de encender la calefacción, bajo el argumento de que cada individuo debe aportar el valor pleno del servicio para preservar las finanzas de las empresas licenciatarias.
Más allá del tropezón discursivo, la primera presentación del portavoz buscó marcar un fuerte quiebre de estilo respecto a la agresividad mediática de su antecesor. Ravier esquivó las chicanas políticas y los cruces partidarios para refugiarse en una densa lectura de indicadores macroeconómicos y cifras de la "motosierra" estatal.