La Pampa

9 de junio de 1956: las horas en que Santa Rosa fue el único triunfo de la revolución de Valle

Este viernes se cumplen 70 años de un hecho histórico
Este viernes se cumplen 70 años de un hecho histórico.
Este viernes se cumplen 70 años de un hecho histórico. Mientras el levantamiento encabezado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco era sofocado en casi todo el país, en La Pampa los sublevados lograron cumplir sus objetivos: tomaron el control de Santa Rosa, ocuparon edificios públicos y difundieron por radio la proclama revolucionaria.

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La historia nacional recuerda el 9 de junio de 1956 por el fracaso del levantamiento cívico-militar encabezado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco contra la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. También por la represión que siguió a aquella jornada y que culminó con fusilamientos de militares y civiles, inmortalizados años más tarde por Rodolfo Walsh en "Operación Masacre".

Sin embargo, en medio de aquella derrota generalizada, La Pampa constituyó una excepción. Diversos estudios históricos coinciden en que fue el único lugar del país donde los insurrectos lograron concretar los objetivos previstos por la conspiración. Al frente de la acción local estuvo el entonces capitán Adolfo César Philippeaux, jefe del Distrito Militar 65 con asiento en Santa Rosa.

La ciudad tomada

La noche del 9 de junio, Philippeaux y un reducido grupo de militares y civiles peronistas avanzaron sobre distintos puntos estratégicos de la capital pampeana. Las fuerzas rebeldes ocuparon dependencias públicas, tomaron comisarías y lograron controlar Radio del Estado (la actual Radio Nacional Santa Rosa), desde donde difundieron la proclama revolucionaria para todo el país.

Según reconstruyó el historiador pampeano Jorge Luis Ferrari, en su libro "El 9 de junio de 1956 en La Pampa. Los hechos, las interpretaciones, los testimonios", Philippeaux llegó incluso a asumir como gobernador militar de la provincia y designó autoridades para una administración provisional, convencido de que el levantamiento triunfaría en otros puntos del país.

La transmisión radial tuvo una importancia central: desde los estudios de LRA Radio del Estado se difundió el mensaje revolucionario y la señal pudo escucharse en buena parte del territorio nacional. Durante varias horas, Santa Rosa permaneció bajo control de los sublevados, convirtiéndose en el principal foco activo de la rebelión cuando en otros distritos la insurrección ya había sido derrotada.

Pero el éxito fue efímero. Al conocerse el fracaso del movimiento en Buenos Aires y otras provincias, las fuerzas leales al gobierno de facto recuperaron la situación. Durante la mañana del 10 de junio, aviones de la Marina atacaron las instalaciones de Radio del Estado para impedir nuevas transmisiones. La derrota dio paso a la persecución de militares y civiles involucrados en la sublevación.

Los civiles detrás de la rebelión

Aunque la figura más recordada es la de Philippeaux, el levantamiento no hubiera sido posible sin una extensa red de militantes y dirigentes civiles peronistas. El principal referente civil fue el abogado Agustín Nores Martínez, exjuez federal y dirigente vinculado al peronismo. De acuerdo con las investigaciones de Ferrari, publicadas en 2011, fue uno de los encargados de articular los apoyos políticos para la insurrección en Santa Rosa y General Pico.

Otro nombre clave fue el del fotógrafo Héctor Zolecio, quien actuó como enlace entre Philippeaux y el comando revolucionario de Buenos Aires. También participaron dirigentes como Rodolfo De Diego, ex diputado provincial peronista; Rosa Blanca de Morán, en General Pico; y Luciano Manuel Ferrari. La represión previa ya había alcanzado a varios militantes pampeanos detenidos días antes: Manuel Gavilán, José Nemesio Chumbita, Rubén Sierra, Gregorio Sarasate y Natalio José Masseroni.

Un joven poeta frente a la historia

La noche del 9 de junio tuvo también un testigo singular. El joven Juan Carlos Bustriazo Ortiz, que años más tarde se convertiría en una de las voces fundamentales de la poesía argentina, trabajaba entonces como escribiente en la radio de la Jefatura de Policía de Santa Rosa. Bustriazo se encontraba de servicio cuando los hombres de Philippeaux tomaron las dependencias policiales y observó desde su puesto de comunicaciones el desarrollo de uno de los episodios políticos más extraordinarios de la historia pampeana.

Una memoria que perdura

Setenta años después, el levantamiento de junio de 1956 sigue ocupando un lugar singular en la memoria política provincial. No solo porque formó parte de los primeros capítulos de la resistencia peronista, sino porque convirtió a La Pampa en una excepción: fue el único sitio del país donde los objetivos de la revolución llegaron a cumplirse y, a diferencia de otros focos, allí no hubo fusilamientos, a pesar de que existió la orden expresa de ejecutarlos. Esa singularidad histórica continúa distinguiendo a la experiencia pampeana dentro de los acontecimientos más dramáticos de la Argentina del siglo XX.

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