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EL DIARIO digital
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A más de cuatro décadas de la gesta de Malvinas, el testimonio del pampeano Silvio Baridón, oriundo de Jacinto Arauz, continúa siendo un faro de memoria y reflexión. Con apenas 18 años, este joven conscripto enfrentó la crudeza del Atlántico Sur y sobrevivió al hundimiento del crucero ARA General Belgrano. Lejos de callar sus vivencias, ha convertido el recuerdo del horror de la guerra en una misión de paz y concientización dirigida a las nuevas generaciones.
En 1982, el azar marcado por el número 948 en el sorteo del servicio militar obligatorio llevó a Baridón a la Marina. Tras 45 días de instrucción, fue destinado al ARA General Belgrano, una mole de acero de dos cuadras de largo que para Silvio era motivo de profundo orgullo. Le tocaba cubrir guardias en los cañones y disfrutaba de la navegación, hasta que el 2 de abril la guerra cambió el rumbo de su historia.
El 2 de mayo de 1982, el submarino inglés Conqueror torpedeó el crucero. En el momento del ataque, Silvio se dirigía a su puesto como artillero, una decisión del destino que le salvó la vida, ya que sus compañeros que se encontraban en el sector de la explosión fallecieron en el acto.
A las 16:24, con el buque hundiéndose, se dio la orden de abandonar la nave. Silvio logró subir a una balsa en medio de olas de hasta ocho metros y temperaturas extremas que alcanzaban los -20 °C de sensación térmica.
Veinticuatro horas a la deriva
Comenzó entonces una de las pruebas más difíciles de su vida: 24 horas a la deriva en una balsa, sin comida, con la ropa mojada y un frío implacable.
"Las horas en la balsa fueron interminables. En esos momentos límite, uno saca todo de sí y medita sobre muchas cosas que muchas veces dejamos de hacer y que con el tiempo nos arrepentimos", recuerda Baridón en diálogo con el diario La Nueva.
El compañerismo fue vital. Sobrevivientes y heridos se mantuvieron despiertos y en movimiento para evitar morir congelados, aferrándose a la vida y a la necesidad de contar lo que pasó. En su memoria, el dolor está siempre presente al recordar a Jorge Delfino Pardou, su amigo y también oriundo de Jacinto Aráuz, quien quedó en el mar junto a otros 322 tripulantes.
Malvinizar desde las aulas
Silvio sostiene que dar testimonio no se trata de dramatizar, sino de mostrar la realidad de la guerra y reivindicar a los héroes. Acompañado siempre por su familia su madre Adela, su esposa Zulema y sus hijos Alexis y Natalí, ha hecho de la "malvinización" un ejercicio cotidiano.
Recientemente, el 29 de marzo, Baridón compartió su testimonio en la localidad de Saavedra, invitado por la agrupación local Malvinas por Siempre en el marco del 44° aniversario del conflicto. Allí se dirigió a los alumnos de sexto año, sorprendidos de que a su misma edad él ya estuviera atravesando una guerra.
El mensaje de Silvio Baridón es claro y profundo: por un lado, valorar la vida e Instar a los jóvenes a disfrutar y vivir cada día con gratitud. Por otra parte, buscar la paz: sostener que "hay que luchar con la pluma y la palabra", dejando en claro que la reivindicación no debe buscarse a través de la violencia.
Mientras haya jóvenes que escuchen, la historia no se hundirá. El legado de Baridón demuestra que aferrarse a la vida es, también, evitar que el olvido gane la batalla.