La tapa de EL DIARIO de hoy

Entrevista con Alejandro Vicente, subsecretario de Ingresos Públicos. Trazó un crudo panorama de los efectos de la pandemia y la guerra sobre la situaciones económicas nacional y provincial.

"Si se revisan los números, es claro que hoy no hay posibilidad de soñar con una Argentina potencia. Los eventos ocurridos han agravado todos los problemas y la perspectiva a futuro va a requerir de mucho trabajo. No es un futuro de 'todo bárbaro' en el que con optimismo avanzamos, va a requerir muchos años salir de este problema de endeudarse irresponsablemente. En un horizonte de mediano plazo hay que trabajar mucho y muy seriamente para poder salir de esta trampa que nos dejó (Mauricio) Macri".

Alejandro Vicente, parte del gabinete económico del gobierno provincial, hace ese crudo análisis de la realidad económica argentina, también pampeana, a la luz de los innumerables obstáculos de los últimos años: el megaendeudamiento del gobierno anterior, la pandemia y los efectos de la guerra de Ucrania

Desde ese lugar, el subsecretario de Ingresos Públicos, entrevistado por El Diario, describe posibilidades, contextos y un panorama crítico (ver además artículos aparte sobre los dólares que se van y el equilibrio provincial entre ingresos y gastos). 

Hay variables que generan expectativas e intrigas, frente a las cuales –dice Vicente- al gobierno pampeano no le queda mucho más que seguir apostando a sus políticas públicas para atender a determinados sectores, pero sin salirse de "la situación fiscal ordenada".

Fuga y economía vulnerable

"Ha habido un proceso internacional que generó impactos locales. En ese marco, obviamente, partimos de una situación complicada. El endeudamiento que hubo desde 2017 en adelante es de más de 100.000 millones de dólares. Es deuda externa. Se acumuló un pasivo muy grande en relación a la capacidad de generar dólares", insistió el funcionario.

Lamentó que además eso "no se tradujo en inversiones productivas o infraestructura, hubo una fuga de divisas muy grande, así que eso se fue en compra de dólares, en intereses o en gastos de turismo. Así llegamos a este punto en que la Argentina figura como una de las economías más vulnerables en el mundo, a lo que se suman primero la pandemia y después la guerra".

-¿De qué sirvió, en ese escenario, el acuerdo con el FMI?

-Consiguió ordenar el cronograma de pagos de Argentina, así que por muchos años tendremos que generar superávit, tener un exceso de dólares. Pero el nuevo impacto es limitante en dos o tres años: la tasa interés en el mundo sube, porque hubo mucha emisión. Sube la tasa para bajar la inflación. Eso encarece el préstamo con el FMI. Cualquier refinanciación de deuda se encarece como consecuencia de eso, y también tiende a caer el precio de los bonos en dólares. Esa situación de degradación no se siente quizá tanto en este momento, pero hay efectos que hay que tratar de absorber para que la vida básicamente continúe. Es decir: hay que ordenar la economía para pagar una fortuna que se pagará de a poco en los próximos diez años.

Qué se puede hacer

-¿Qué puede hacer y qué hace el Estado nacional frente a esa realidad?

-El Estado Nacional intenta redistribuir parte de la renta excedente que se genera por las exportaciones hacia sectores que de otro modo no podrían capturar nada porque no están vinculados a esos sectores dinámicos, o porque tienen inconvenientes en su capacidad de generar factores productivos.

-¿Y desde la provincia qué herramientas hay para cuidarse?

- A nivel provincial tratamos de acompañar ese proceso, sin las herramientas de distribución que tiene el Estado nacional. Tenemos algunas herramientas territoriales, el Banco, alguna política industrial, pero no tenemos un peso específico tan grande. Esa tendencia la tratamos de hacer, en la política salarial, en el apoyo a sectores específicos, pero no podemos movilizar precios, salarios y dinero público al mismo tiempo para una incidencia determinante. Lo que hacemos es sostener una estabilidad mínima, para que la economía arranque, para que no se caiga tanto. En La Pampa hemos trabajado sobre esas políticas de Estado que se han ido cumpliendo, algunas áreas son aprovechadas en forma estratégica, pero a la vez otras áreas son más complejas y problemáticas para intervenir, porque a veces hay costos importantes desde lo fiscal. Y obviamente hay una limitante que obliga a una situación fiscal ordenada.

-¿El nivel de actividad que vino creciendo se va a sostener, o va a ganar el fantasma de una caída en el segundo semestre?

-El Estado nacional tiene un aumento del déficit, y eso tiene una tendencia a plancharse. Se genera una mayor actividad en esta parte del año, es probable que en el segundo semestre cambie un poco para ordenar las cuentas fiscales. Los impactos y las tasas de variación serán cada vez más reducidas, salvo que se liberen condicionantes del sector externo. Si mañana empieza a exportarse gas, hay más para crecer. El limitante es que no podemos aumentar lo que vendemos al exterior. Si no resolvemos ese problema va a ser siempre un círculo vicioso de problemas para repartir la torta. Es histórico, no de ahora.

-¿Y hay motivos para ser optimistas en estas condiciones tan desfavorables?

-Si caen abruptamente los precios de la materia prima y suben más los fletes vamos a tener más dificultades y vamos a tener que ajustarnos más el cinturón. Si se revisan los números, es claro que hoy no hay posibilidad de soñar con una Argentina potencia. Los eventos ocurridos han agravado todos los problemas y la perspectiva a futuro va a requerir de mucho trabajo. No es un futuro de "todo bárbaro" y en el que con optimismo avanzamos, va a requerir muchos años salir de este problema de endeudarse irresponsablemente, con consecuencias sociales, políticas, distributivas. El daño se mide si evaluás lo que ganabas en dólares en 2015 y lo que ganás hoy. Las urgencias a veces llevan a que se tomen otras medidas, pero en un horizonte de mediano plazo hay que trabajar mucho y muy seriamente para poder salir de esta trampa que nos dejó Macri.