Amor francés
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EL DIARIO digital
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Las juezas Schijvarger y Marchisio hicieron docencia en el Tribunal de Impugnación: se sentaron con un joven con discapacidad intelectual, le revocaron la condena y le explicaron la absolución en criollo.
Cumpliendo con la ONU y los "ajustes razonables", le aclararon que no estaban seguras de su culpabilidad y le preguntaron qué había entendido. "Que soy inocente", resumió el muchacho, sintetizando en tres palabras lo que a la Justicia habitualmente le lleva cincuenta fojas de jerigonza incomprensible.
Una brisa de sentido común en los pasillos del Fuero Penal, aunque el Ministerio Público Fiscal -en su afán recaudador de penas- ya preparó la casación para estirar la agonía en el Superior Tribunal.