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EL DIARIO digital
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El excéntrico Javier Catoni no descansa en su afán por montar espectáculos que nadie le solicitó. Tras la reciente tragedia en el Bajo Giuliani, el empresario consideró oportuno ofrecer a los vecinos una demostración de imprudencia al volante o mejor dicho, al comando, sobrevolando el espejo de agua a una altura tan baja que rozó la ilegalidad. Imitando maniobras de rescate profesional con su helicóptero privado, Catoni pulverizó los límites de la ANAC, que prohíbe volar a menos de 152 metros. Tampoco pareció importarle la falta del entrenamiento obligatorio HUET para casos de caída al agua. Una nueva y peligrosa sobreactuación de un personaje que, en su desesperada búsqueda de atención, insiste en desafiar el sentido común.