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EL DIARIO digital
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Momentos de máxima tensión sanitaria se vivieron en Brasil durante el fin de semana luego de que dos pacientes con síntomas compatibles con ébola fueran aislados de urgencia en San Pablo y Río de Janeiro. La sospecha encendió las alarmas en todo el sistema de salud, activó protocolos epidemiológicos y puso bajo vigilancia a las autoridades sanitarias del país más grande de Sudamérica. Finalmente, los estudios descartaron la presencia del virus.
El Ministerio de Salud brasileño confirmó que ninguno de los pacientes tenía ébola. Uno de ellos fue diagnosticado con meningitis meningocócica grave y el otro con malaria, aunque ambos casos habían generado preocupación debido a sus síntomas y antecedentes de viaje recientes a regiones afectadas por el brote activo en África.
El episodio más delicado ocurrió en São Paulo, donde un hombre de 37 años fue internado en grave estado en el Instituto de Infectología Emilio Ribas. El paciente presentaba fiebre, diarrea, desorientación y un rápido deterioro clínico, síntomas compatibles con una fiebre hemorrágica viral. Debido a que había estado recientemente en la República Democrática del Congo, las autoridades activaron inmediatamente el protocolo de emergencia.
Las pruebas realizadas mediante secuenciación genética en el Instituto Adolfo Lutz descartaron luego la presencia del virus del ébola y confirmaron que se trataba de una meningitis meningocócica severa.
En paralelo, otro paciente permaneció aislado en Rio de Janeiro tras haber llegado desde Uganda con síntomas virales, entre ellos tos, escalofríos y diarrea. Aunque inicialmente también fue considerado sospechoso de portar el virus, los análisis determinaron posteriormente que padecía malaria.
Desde el Gobierno brasileño insistieron en que el riesgo de transmisión dentro del país sigue siendo "muy bajo" y remarcaron que no existe actualmente circulación confirmada de ébola en Sudamérica. También señalaron que la ausencia de vuelos directos entre África central y Brasil reduce considerablemente las probabilidades de ingreso del virus.
Sin embargo, el contexto internacional mantiene en alerta a los sistemas sanitarios. El brote declarado en la República Democrática del Congo ya supera los mil casos sospechosos y provocó cerca de 250 muertes, según datos del Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades. Además, la enfermedad ya se expandió hacia Uganda, donde también se confirmaron contagios y víctimas fatales.
La Organización Mundial de la Salud declaró el pasado 17 de mayo la emergencia de salud pública internacional debido al avance del brote asociado a la cepa Bundibugyo del virus, una variante para la que todavía no existe vacuna ni tratamiento específico aprobado.
En medio de la preocupación global, Brasil destacó que sus protocolos de vigilancia epidemiológica funcionaron correctamente y defendió la rápida respuesta de los equipos médicos ante ambos casos sospechosos. Aun así, la aparición de pacientes procedentes de zonas críticas volvió a exponer el temor internacional por la posibilidad de expansión de una enfermedad históricamente asociada a algunos de los brotes más letales del mundo.