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Nadie pidió permiso para no tener hijos

Imagen creada artificialmente por Juan Pablo Sanso
Imagen creada artificialmente por Juan Pablo Sanso
En una década los nacimientos en Argentina cayeron a la mitad.

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EL DIARIO digital

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Por Federico Rodriguez Castro

La caída de la natalidad lleva años siendo tratada como un problema técnico. Un dato para demógrafos, para técnicos del sistema previsional, para funcionarios preocupados por la pirámide poblacional.

Nacen menos personas porque una generación entera está viviendo, eligiendo y vinculandose de otra manera.

Hay pérdida en eso? Conquista? Creo que es una convivencia de ambas.

La fecundidad mundial pasó de cinco hijos por mujer en 1950 a 2,2 en 2025. El umbral para que una población se mantenga estable es 2,1. En 2014 nacieron en Argentina 775.000 personas. En 2024, 413.000.

Detrás de esos números hay algo que ningún gráfico termina de capturar. Hasta hace no mucho tiempo hubo un guión. Terminar el secundario, conseguir trabajo, casarse, tener casa, tener hijos. Era el supuesto orden natural de las cosas, el camino que una familia esperaba, que la sociedad reconoció y que la iglesia bendecía. Era la forma de la "adultez".

Hoy los matrimonios caen y los divorcios suben. Los hogares unipersonales se duplicaron en los últimos cuarenta años y representan el 25% del total en Argentina. La edad promedio para tener el primer hijo ya no es a los 20 sino a los 29.

Hay una reconfiguración de lo que se considera una vida lograda.

La carrera académica y profesional, los vínculos elegidos, los viajes, los proyectos propios empezaron a competir -y en muchos caso ganar- frente al mandato de reproducirse.

Y acá aparece la ambivalencia que vale la pena sostener sin resolverla: hay algo que se ganó en esa especie de libertad. Y hay algo que se perdió, o que al menos se corrió, en el vínculo con la idea de futuro colectivo. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.

El sueño de casarse, de tener dos hijos y una casa con jardin ya no parecer ser una meta tan necesaria para una vida feliz. En su lugar, la familia puede estar formada por quienes uno elige, incluyendo o priorizando un compañero de cuatro patas.

Mientras nacen menos chicos, pasa algo que al principio parece una ironía y después empieza a tener sentido: el mercado de mascotas en Argentina crece al 28% anual. En la Ciudad de Buenos Aires, casi el 80% de los hogares convive con al menos una mascota, un porcentaje mayor al de Estados Unidos.

En España —que suele ser el espejo más claro de hacia dónde va Argentina— ya hay más animales de compañía que niños menores de 15 años.

La lectura fácil es que una generación "egoísta" reemplazó a los hijos por perros. Mas bien la compañia y el instinto de cuidar cambia hacia quien está dirigido. Los vínculos se redefinieron, y la necesidad de afecto, de responsabilidad compartida, de que alguien te espere cuando llegas, sigue intacta.

Solo que hoy eso puede ser un perro en un departamento.

El 41% de quienes no planean tener hijos dice que no quiere criar a alguien en las condiciones mundiales actuales. Esa seria una forma de cuidado que mira hacia afuera antes de reproducirse.

Y hay algo más que los datos muestran y que se suele pasar por alto, el deseo de maternidad cae a medida que sube el nivel socioeconómico. Las que más podrían económicamente son las que menos quieren. Eso habla de un cambio en las prioridades que va mucho más allá de la billetera.

Se suele mencionar al pasar, casi con culpa. Como si reconocerlo invalidara la preocupación demográfica. Pero es cierto que parte de esta caída es una conquista.

La fecundidad adolescente en Argentina cayó un 64% desde 2005. Ese número representa adolescentes que pudieron terminar el secundario. Proyectos de vida que no se interrumpieron. Cuerpos que dejaron de ser un destino para convertirse en una decisión. El Plan ENIA, la Educación Sexual Integral y el acceso gratuito a métodos anticonceptivos —especialmente el implante subdérmico— fueron políticas concretas que produjeron resultados concretos. No fue magia, fue Estado funcionando.

Las vasectomías en la provincia de Buenos Aires pasaron de 113 en 2020 a 1.774 en 2024. Quince veces más en cuatro años. Tan solo para brindar datos del polo opuesto.

Una generación aprendió que el propio cuerpo es territorio propio. Que la reproducción es una elección y no una consecuencia. Eso es un avance real, medible, y documentado.

Hace poco Milei dijo en un canal de streaming que la caída de la natalidad se explica porque "en temas de aborto la sociedad argentina hizo un desastre". Analicemos esta frase.

La natalidad viene cayendo desde 2014. La ley de aborto se aprobó en 2020. Entre 2014 y 2020, con el aborto todavía ilegal, la caída fue del 31,4%. Entre 2020 y 2024, ya con la ley vigente, fue del 22,5%. Cayó más rápido antes de la ley que después.

Hay una correlación que ni siquiera cierra en el tiempo.

María de las Nieves Puglia, directora de Género de Fundar, lo resume sin vueltas: es imposible decir que la legalización del aborto sea una causa cuando el derrumbe empezó seis años antes. Lo que sí explica el descenso lleva décadas construyéndose, más mujeres en el mercado laboral, más mujeres en la universidad —donde hoy son mayoría—, mayor acceso a métodos anticonceptivos. Mas información. Más autonomía sobre el propio cuerpo y el propio proyecto de vida.

Atribuirle todo a una ley de 2020 claramente es un error de análisis.

Si la mayoría de las personas quiere tener hijos pero siente que no puede por razones económicas o porque no cree en este mundo actual. Si el instinto de cuidar sigue intacto pero se redirige hacia otras formas de vínculo. Si los mandatos de antes se fragmentaron pero no aparecieron otros que los reemplacen con la misma fuerza. ¿Y si elegir tenerlo en este contexto, es la decisión mas contracultural que existe?

En una época donde todo se mide, todo se optimiza, todo tiene que rendir, todo tiene que justificarse en términos de costo-beneficio, tener un hijo es quizás el único acto que escapa a toda lógica de rendimiento.

No es rentable. No es eficiente. No escala. No tiene retorno medible. No obstante, alguien lo elige igual.

Tal vez por eso, en este tiempo, tener un hijo se parece cada vez más a un acto revolucionario.-

Fuentes y estudios citados:

UNFPA – Estado de la Población Mundial 2025 - https://www.unfpa.org/es/swp2025

ONU – Perspectivas de Población Mundial 2024 - https://population.un.org/wpp/

INDEC – Dossier Estadístico de Niñas, Niños y Adolescentes (noviembre 2025) - https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-2-21-132

Fundar – María de las Nieves Puglia, directora de Género (mayo 2026) -

https://fund.ar

Ministerio de Salud PBA – Vasectomías en la provincia de Buenos Aires (noviembre 2025) - https://www.gba.gob.ar/saludprovincia/noticias/en_la_provincia_creci%C3%B3_un_1500_el_n%C3%BAmero_de_vasectom%C3%ADas

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