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EL DIARIO digital
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La escalada dejó de ser diplomática y pasó a ser verbalmente explosiva. Donald Trump endureció su discurso como pocas veces: lanzó un ultimátum contra Irán y advirtió que podría "borrarlo de la faz de la Tierra" si ataca intereses estadounidenses en el estrecho de Ormuz.
No fue una frase al pasar. Fue una amenaza directa en medio de una tensión que ya está al rojo vivo.
24 horas y una advertencia extrema
El mensaje fue claro y sin matices: si Irán cruza la línea, la respuesta será devastadora. Según el propio Trump, el mundo podría ver "uno de los ataques aéreos más devastadores jamás vistos".
- El plazo ya corre. Y en Medio Oriente, cuando se habla en horas, es porque el margen de error es mínimo.
- El "Proyecto Libertad": escolta armada y músculo militar
El trasfondo de la amenaza es el operativo lanzado por Washington para romper el bloqueo en el Golfo. Bajo el nombre de "Proyecto Libertad", Estados Unidos busca garantizar el paso de buques comerciales por Ormuz.
El despliegue impresiona:
- Destructores con misiles guiados
- Más de 100 aeronaves
- Plataformas no tripuladas multidominio
- Alrededor de 15.000 efectivos
- Una demostración de fuerza pensada para disuadir o intervenir.
- Irán responde con advertencias propias
Del otro lado, Teherán no baja el tono. Las autoridades iraníes advirtieron que cualquier embarcación que intente atravesar el estrecho podría ser atacada.
- Es decir: amenaza contra amenaza. Un juego de alto riesgo donde cualquier incidente puede detonar algo mayor.
El tablero se ensancha
Trump no se quedó ahí. También sugirió que Corea del Sur debería sumarse a la misión, mientras aseguró que fuerzas estadounidenses ya destruyeron embarcaciones iraníes.
Además, denunció ataques iraníes contra buques internacionales, ampliando el conflicto más allá del eje bilateral.
El mundo, en vilo
Por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% de la energía global. Cada amenaza en esa zona no solo es militar: es económica, geopolítica y estratégica.
El margen para la diplomacia se achica. El ruido de los misiles aunque todavía no exploten ya se siente.
Y cuando las palabras suenan como bombas, la pregunta deja de ser si habrá respuesta y pasa a ser cuándo.