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EL DIARIO digital
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El presidente de YPF, Horacio Marín, volvió a meter el dedo en la llaga de uno de los episodios más controvertidos de la política económica reciente: la expropiación de la petrolera en 2012. Sin rodeos, la calificó como "una violación de la propiedad privada", una frase que no solo incomoda al kirchnerismo sino que también reabre un debate que parecía archivado.
En diálogo con Eduardo Feinmann en A24, Marín alineó su discurso con la visión del gobierno de Javier Milei, aunque hizo una salvedad: la medida fue constitucional, pero dejó secuelas profundas. "El impacto en las inversiones fue enorme", disparó, en una crítica directa a la gestión que impulsó la estatización.
Vaca Muerta, entre el freno político y el despegue actual
Para Marín, el costo más alto de aquella decisión fue el tiempo perdido. Según su diagnóstico, el desarrollo de Vaca Muerta quedó "dilatado" durante años, mientras la acción de YPF se desplomaba sin freno. Un escenario que, asegura, empezó a revertirse recién con el cambio de rumbo económico.
El ejecutivo no ahorró elogios para la actual gestión: habló de un "nuevo clima de negocios", de reglas más claras y de herramientas como el RIGI que según su visión volvieron a poner a Argentina en el radar de los inversores. En ese marco, destacó la llegada de capitales desde Italia y Emiratos Árabes, un dato que busca mostrar que el tablero energético empezó a girar.
Del déficit al superávit: el relato de la recuperación
Marín también se apoyó en números para reforzar su argumento. Sostuvo que la producción de petróleo y gas venía en caída libre durante años, pero que en los últimos dos años y medio el sector pegó un salto significativo. Incluso aseguró que se superaron récords históricos de producción: petróleo a niveles de 1998 y gas como en 2007.
El mensaje es claro: donde antes había retroceso, ahora hay superávit energético. Y, en su hoja de ruta, el objetivo es aún más ambicioso: exportaciones por más de 30.000 millones de dólares hacia 2031.
El juicio millonario: del abismo al alivio
Otro de los puntos calientes fue el frente judicial. Marín celebró el reciente fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York que evitó que Argentina tuviera que desembolsar 16.000 millones de dólares por la expropiación, un fallo que en primera instancia había dictado la jueza Loretta Preska.
Aunque admitió, en tono coloquial, que "futboleramente zafamos", rápidamente corrigió el concepto para subrayar que el resultado fue producto de un "trabajo profesional" de la Procuraduría. Según explicó, la probabilidad de revertir la sentencia era baja, lo que magnifica el impacto del fallo favorable.
Críticas al pasado y advertencias hacia adelante
El CEO no esquivó la crítica política. Apuntó contra el manejo del caso durante el kirchnerismo, al que acusó de falta de profesionalismo y de haber actuado con prepotencia en el plano jurídico. Un tiro por elevación que vuelve a tensar la grieta en torno a YPF.
En paralelo, dejó una advertencia implícita: sin seguridad jurídica ni reglas claras, el desarrollo energético vuelve a ponerse en riesgo. Con ese mensaje, Marín no solo defendió el presente del sector, sino que buscó marcarle la cancha al futuro.
El trasfondo es evidente: la discusión por YPF ya no es solo sobre el pasado. Es, sobre todo, una disputa por el modelo energético que viene. Y ahí, las palabras ya no son inocentes.