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EL DIARIO digital
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En un movimiento que expone el deterioro estructural del sistema judicial, el Gobierno de Javier Milei decidió pisar el acelerador y enviar de forma urgente 60 pliegos de jueces, fiscales y defensores al Senado. La jugada busca empezar a tapar un agujero que ya resulta inocultable.
El encargado de poner los números sobre la mesa fue el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien no dudó en describir el cuadro con crudeza: 364 de los 1.002 cargos de la Justicia federal están vacantes. Traducido: el sistema funciona apenas al 60% de su capacidad.
Una Justicia vaciada y al borde del colapso
El diagnóstico oficial no deja margen para matices. La falta de jueces y fiscales no es un problema técnico, sino una falla estructural que impacta de lleno en el funcionamiento del Estado.
Causas que se acumulan, expedientes que se empantanan y decisiones que nunca llegan: ese es el combo que, según el Gobierno, alimenta la "anomia social" y erosiona la confianza pública.
Pero hay un dato más incómodo: esta crisis no es nueva. Es el resultado de años de parálisis política, donde cada nombramiento judicial se convirtió en una batalla de poder.
El trasfondo político que nadie quiere admitir
Adorni fue más allá y apuntó directamente contra la lógica que frenó designaciones durante años. Según planteó, el temor a que un juez "se convierta en un problema futuro" terminó bloqueando el sistema.
En otras palabras: la política priorizó el cálculo antes que el funcionamiento institucional.
Ese esquema, que atravesó distintas gestiones, dejó una Justicia incompleta, lenta y vulnerable a presiones.
El Senado, otra vez en el centro de la escena
El envío de los pliegos abre ahora un nuevo capítulo, con el Senado como actor clave. Allí se definirá si la ofensiva del Ejecutivo logra avanzar o si vuelve a empantanarse en negociaciones, vetos cruzados y tensiones partidarias.
No es un trámite menor: cada designación requiere acuerdos políticos en un contexto donde la grieta sigue condicionando todo.
Más que nombramientos: una prueba de poder
El Gobierno busca mostrar decisión y marcar agenda en un terreno históricamente dominado por la rosca política. Pero el desafío real empieza ahora.
Porque cubrir vacantes es solo una parte del problema. La otra más profunda es reconstruir credibilidad en un sistema judicial que hace tiempo dejó de dar respuestas a la velocidad que la sociedad exige.
Y en ese terreno, los anuncios sobran. Lo que faltan, hace años, son resultados.