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Ojos secos en verano: seis medidas simples para prevenir el síndrome

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El calor, el aire acondicionado, la deshidratación, el humo y el cloro pueden agravar la sequedad ocular. Qué señales no pasar por alto y qué hábitos ayudan a cuidar la vista.

Ardor, picazón, enrojecimiento o sensación de arena: en verano, el síndrome de ojo seco suele intensificarse por el calor, los ambientes con aire acondicionado y la falta de hidratación, según explicó la oftalmóloga Florencia Valvecchia.

"La sequedad ocular aparece cuando los ojos no producen suficientes lágrimas o cuando la película lagrimal se evapora demasiado rápido", señaló Valvecchia, especialista en superficie ocular. La profesional recordó que las lágrimas no solo hidratan: también protegen al ojo "de bacterias, polvo, polen y otros agentes irritantes". Cuando ese equilibrio se altera, la superficie ocular queda más expuesta y aparecen molestias persistentes.

Síntomas: qué tener en cuenta

De acuerdo con el Consejo Argentino de Oftalmología, los signos más habituales del ojo seco incluyen:

- Sensación de resequedad, ardor o picazón.

- Enrojecimiento ocular.

- Sensación de cuerpo extraño o arena.

- Mucosidad fibrosa alrededor del ojo.

- Visión borrosa, especialmente al leer.

- Mayor sensibilidad a la luz.

"Muchas personas minimizan estos síntomas o los naturalizan, pero cuando persisten pueden afectar seriamente la calidad de vida", advirtió Valvecchia. Según explicó, actividades como leer, manejar, usar pantallas o incluso estar al aire libre pueden volverse incómodas.

Por qué el verano puede empeorar el ojo seco

Aunque algunos estudios sugieren que el aire cálido y húmedo podría aliviar ciertos casos, la especialista planteó que los hábitos y ambientes típicos de la temporada suelen ir en sentido contrario. Entre los factores que más inciden mencionó:

Aire acondicionado y ventiladores: reducen la humedad ambiental y aceleran la evaporación de la lágrima. "El aire frío dirigido directamente a los ojos es uno de los principales enemigos de la superficie ocular", sostuvo.

Deshidratación: "El agua es un componente esencial de las lágrimas. Cuando el cuerpo está deshidratado, también lo están los ojos", explicó.

Humo y contaminación: fogatas, incendios y aire contaminado aportan partículas que irritan la superficie ocular, con mayor impacto en quienes ya tienen ojo seco crónico.

Piletas y cloro: "El cloro altera la película lagrimal y deja al ojo más expuesto a la irritación", indicó.

Seis medidas simples para prevenirlo

La buena noticia, según Valvecchia, es que hay hábitos accesibles que ayudan a reducir las molestias:

1 - Hidratarse bien, tomando agua de forma regular.

2 - Evitar el aire directo del aire acondicionado o ventiladores hacia la cara.

3 - Usar anteojos de sol con filtro UV, que además protegen del viento y el polvo.

4 - Aplicar lágrimas artificiales antes y después de nadar y, si es posible, usar gafas de natación.

5 - No nadar con lentes de contacto puestos, para reducir irritación y riesgos.

6 - Hacer pausas si se usan pantallas, para descansar la vista y parpadear con más frecuencia.

"Las gotas lubricantes alivian, pero no siempre alcanzan", aclaró la especialista. Y advirtió que, si los síntomas persisten, es clave consultar al oftalmólogo para evaluar tratamientos personalizados y prevenir complicaciones en la córnea.

El síndrome de ojo seco puede dejar de ser una molestia ocasional y transformarse en un problema sostenido. "Detectarlo a tiempo permite intervenir antes de que el problema se vuelva permanente", concluyó Valvecchia.

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