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EL DIARIO digital
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Especialistas advierten que anuncios en redes y buscadores usan lenguaje médico para vender productos sin aval sanitario. Señalan riesgos de irritación, alteración del microbioma y demoras en la consulta profesional.
Anuncios que prometen "mejorar" la fragancia vaginal, eliminar el flujo, aclarar la piel íntima o "equilibrar" el pH se multiplican en redes sociales y buscadores, y especialistas advierten que muchas veces no explican qué problema real estarían tratando. Con estética prolija, tono científico y promesas de "bienestar", este tipo de mensajes puede instalar la idea de que la vagina necesita correcciones constantes, aun cuando no exista una condición médica.
La médica y divulgadora en salud femenina Emmalee Ford advirtió que esa comunicación "desdibuja la frontera entre lo cosmético y lo médico", y empuja a que el cuidado íntimo se viva como una lista interminable de "arreglos" más que como salud.
En esa línea, la investigadora australiana Giselle Newton, de la Universidad de Queensland, analizó más de 175.000 anuncios de productos íntimos difundidos en redes sociales y detectó un patrón repetido: "Las afirmaciones suelen centrarse en el olor, la apariencia y el 'bienestar', más que en problemas de salud concretos", explicó.
Según Newton, esa vaguedad no es casual y puede funcionar como disparador de dudas y compras innecesarias. "Cuando los anuncios hablan de 'olores desagradables' o 'desequilibrios del pH' sin mencionar una condición médica específica, pueden hacer que las personas se pregunten si lo que sienten es anormal y las impulsa a comprar un producto innecesario", sostuvo.
A diferencia de la publicidad tradicional, los avisos digitales se "pegan" a los hábitos de cada usuaria. Los algoritmos detectan búsquedas, pausas, clics y hasta cuánto tiempo se mira un contenido. "No se trata solo de qué anuncio ves, sino de cuántas veces, en qué momento del día y con qué insistencia", señaló Newton. El resultado puede ser una sensación de urgencia por un problema inexistente: cuanto más se interactúa, más se refuerza la exposición y más cuesta salir del círculo.
El punto más delicado, advierten especialistas, aparece cuando productos íntimos se venden como si fueran tratamientos: antibacterianos, antifúngicos o "reguladores" del pH, sin evaluaciones sanitarias rigurosas. Newton lo planteó sin rodeos: "Si un producto se promociona como si fuera un tratamiento médico, pero no pasó por procesos de aprobación, el riesgo es que se use algo inadecuado en una zona muy sensible del cuerpo".
El problema, remarcan, no es solo la ineficacia. También existe potencial de daño: irritaciones, alteraciones del microbioma vaginal o, peor, el retraso de la consulta cuando sí hay una patología que requiere diagnóstico.
Los especialistas coinciden en una idea central: la vagina es un órgano autolimpiante. Por eso, el uso de jabones, cremas o productos perfumados dentro de la vagina puede alterar su equilibrio natural y favorecer infecciones. "Presentar la vagina como 'sucia' es un error frecuente en la publicidad. En la mayoría de los casos, el agua es suficiente para la higiene externa", remarcan desde el ámbito médico.
En el mismo sentido, señalan que el flujo vaginal suele ser un proceso fisiológico normal y variable según edad, ciclo menstrual, embarazo o uso de anticonceptivos, y que no debería convertirse en un "enemigo" a eliminar por mandato publicitario.
La recomendación ante síntomas como olor muy intenso, cambios marcados en el color del flujo, picazón persistente o dolor es no guiarse por anuncios y consultar a un profesional de la salud. En un escenario de hiperpublicidad, advierten que dejar que un algoritmo defina qué es "normal" puede derivar en gastos innecesarios y decisiones que afecten la salud íntima.