El pehuajense radicado hace 20 años en España habló del regreso del World Tour y confesó cómo es la vida en plena pandemia.

 

Buenos Aires - Fernando Belasteguín fue el número uno del pádel durante 16 años y es una leyenda viviente que se mantiene competitivo a los 41 años, y jugando en pareja con el joven catamarqueño de 20 años Agustín Tapia. En una entrevista con Marca, celebró el regreso del World Pádel Tour y reveló sus sensaciones durante la pandemia de coronavirus.
“Este virus me ha ayudado a que mis amigos entiendan lo que les llevo diciendo desde hace 20 años, los que llevo en España. He visto a mis padres envejecer por teléfono, en una pantalla. A mis abuelos también. Yo a mis amigos les decía siempre: ‘Si tienen la oportunidad de ir a ver a su familia, vayan. Por respeto a nosotros, los que los tenemos lejos, pasen a saludarles 15 minutos’. Y se podían tirar 15 o 20 días sin verles. Ahora, con el encierro, ellos han experimentado esa sensación, y sólo han sido dos meses y medio. Y sí, me han dicho, ahora lo han entendido”, dijo Bela, quien ha venido a jugar a Santa Rosa una exhibición en el Complejo Cristal Pádel.
El Circuito volvió con un torneo en Marbella y la pareja argentina, que llegó hasta cuartos de final en el campeonato. Sin embargo, Bela no viene de buenos años.
“Vengo de tres años muy difíciles. En 2017 me operé el menisco a mitad de temporada, pero tuve la suerte de mantener el número 1. En 2018 se me rompió el tendón del codo, pero pude volver para el Masters. Y en 2019, en el quinto torneo, en Argentina, se me rompe el tendón de Aquiles. No del todo, porque entonces hubiera perdido la temporada y pude volver. Este año me había cuidado mucho en lo físico y esperaba por fin poder jugar a buen ritmo toda la temporada, y termina pasando esto. Tres años y medio sin poder jugar una temporada entera. Ojalá en 2020 podamos jugar lo más posible y en 2021 podamos jugar una temporada normal. A mí me ha ayudado siempre a ser competitivo jugar lo más posible”, indicó.
La pareja con Tapia lo llevó a cambiar de posición en la cancha, “luego de 30 años jugado al padel y 25 como profesional”.
“El año pasado, cambio al lado del drive, y en el segundo torneo ya salimos campeones. Pese a ello, aún tengo que mejorar mucho. Es un mundo nuevo, en el que estoy aprendiendo un montonazo de cosas, y como soy una persona a la que siempre le ha gustado mejorar siempre en todo lo que hago, me lo tomo como un desafío profesional y personal. Nos ponemos el listón muy alto, pero eso es lindo, porque se nos tiene en cuenta para ganar torneos”, expresó.
Para el, casi con seguridad, mejor de la historia de su deporte, el secreto es “entrenar cada día como si fuera el último”, algo que le da “incluso más satisfacción que ganar”.
“Cuando entro a una cancha, hasta mi último día me van a ver tirar de cabeza por cada pelota como si nunca hubiera ganado nada. Primero, por respeto a mí mismo, luego, por respeto al deporte, y sobre todo las cosas, por respeto a mi familia. Para mí, mi familia es mi fuente de inspiración diaria. Nadie sabe todo lo que hemos tenido que hacer para que yo sea jugador profesional. Cuando entro en la cancha pienso siempre en mi familia. Si no lo hiciera, les estaría faltando al respeto. Y si alguien conoce alguna fuente de inspiración más grande que su propia familia, que me lo diga, porque yo no la conozco”, concluyó.