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EL DIARIO digital
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El automovilismo pampeano despidió a uno de esos hombres que ayudó a construir su historia desde los talleres, con las manos siempre cerca de un motor y la cabeza ocupada en encontrar nuevas soluciones.
José Enrique "Nene" Grissare falleció a los 80 años y sus restos fueron velados y sepultados en General Acha, la ciudad donde residía y desarrolló buena parte de su vida.
El "Nene" perteneció a una generación de mecánicos que hicieron del ingenio, el trabajo y la perseverancia una forma de vivir el automovilismo.
Fue uno de los impulsores de la Fórmula Uno Pampeana, pero su legado fue mucho más amplio: dejó una manera de entender la competición, de imaginar proyectos y de buscar siempre algo nuevo. Así lo recordó la FEPAD.
Su vínculo con los autos de carrera comenzó cuando era apenas un muchacho. En los tiempos de "Pecos Bill", cuando el recordado Antonio Rodríguez competía con los Ford T Semipreparados, Grissare empezó a frecuentar los talleres y a descubrir los secretos de la mecánica.

Primero trabajó junto a los hermanos José y Pedro Lambrecht, y después con José Seisdedos. Fueron años de aprendizaje, coincidentes con la época dorada de la Limitada '27, una categoría que marcó a generaciones de aficionados pampeanos.
A comienzos de la década de 1970 consiguió abrir su propio taller. Poco después cumplió uno de sus grandes sueños: tener un auto de competición.
Adquirió un vehículo de motor delantero que había pertenecido a Carlos Lanatta, lo equipó con un Chevrolet de cuatro cilindros y lo hizo debutar en el circuito Panorámico del Valle Argentino, con Héctor Visenz al volante.
Pero Grissare no se conformaba con reparar motores o preparar autos. También imaginaba nuevas posibilidades para el automovilismo.
Con la desaparición de la Limitada '27 comenzó a trabajar en la creación de otra categoría. Encontró el acompañamiento de los hermanos Orlando y Rolando Sotro y, el 2 de julio de 1977, aquella idea tomó forma en la Peña La Rueda, el recordado restaurante de la Ruta Nacional 152.
Ese día nació la Fórmula Uno Pampeana, que con el tiempo se convertiría en una de las expresiones más importantes y potentes del automovilismo sobre tierra.
Su propio auto también fue evolucionando. En la etapa de los motores de seis cilindros en línea, un chasis Martos reemplazó al viejo motor delantero y llegó el momento de Alfredo Coronel, quien consiguió un campeonato con aquella máquina. Más adelante, otro piloto destacado, Heraldo "Chichín" Medrano, ocupó la butaca del recordado auto crema y rojo.
Grissare disfrutó de las victorias, pero también defendió sus convicciones. Los desacuerdos que surgieron con el tiempo lo llevaron a alejarse de la Fórmula Uno Pampeana y probar suerte en la Fórmula Uno Mecánica Nacional, donde llegó a competir frente a los poderosos motores de cuatro litros.
Aunque en distintas oportunidades se habló de su posible regreso a la categoría que había ayudado a crear, nunca pudieron convencerlo.
Sin embargo, su pasión por los fierros permaneció intacta. El auto de competición, aunque desarmado, siguió durante años en un rincón de su taller. Allí, el "Nene" continuó trabajando, pensando modificaciones y buscando innovaciones. Para él, la mecánica nunca fue solamente un oficio. Era también una forma de expresar su creatividad.
Podía recuperar una tapa de cilindros o imaginar un chasis completo. Era estudioso, autodidacta, inquieto y profundamente apasionado por su trabajo.
Algunos podían considerarlo un loco por sus ideas y su obstinación. Otros, un verdadero genio de la mecánica.
En esa combinación de talento, carácter y perseverancia estaba buena parte de su personalidad.
Con la muerte de José Enrique Grissare se va uno de los protagonistas de una época irrepetible del automovilismo pampeano. Un tiempo en el que los autos nacían en pequeños talleres, los proyectos se construían con esfuerzo y los sueños podían transformarse en una categoría entera.
Fotos: FEPAD