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EL DIARIO digital
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El 8 de octubre de 1976, Miguel Ángel "Cloroformo" Castellini derrotó al español José Durán en el Palacio de los Deportes de Madrid y se convirtió en el primer pampeano campeón mundial de boxeo.
Una pelea de quince asaltos, una caída decisiva y un fallo dividido marcaron el momento más glorioso de su carrera.

Miguel Ángel Castellini en su gimnasio de Buenos Aires, por donde pasaron muchas figuras de la farándula.
Aquella noche del 8 de octubre de 1976, Miguel Ángel Castellini tenía 29 años y estaba frente a la oportunidad que había perseguido desde que comenzó a ponerse los guantes en Santa Rosa.
En el Palacio de los Deportes de Madrid lo esperaba el español José Durán, dueño del título mundial de los medianos juniors de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Quince asaltos después, el pampeano levantaría los brazos y entraría definitivamente en la historia del deporte argentino.
Pasaron exactamente 50 años de aquella consagración. Medio siglo de una pelea que convirtió a Castellini en el primer pampeano en conquistar un campeonato mundial de boxeo y que todavía permanece como uno de los acontecimientos deportivos más importantes de La Pampa.

La famosa foto en el Luna Park de Castellini, Pascual Pérez y Víctor Emilio Galíndez, en diciembre del 76.
El desafío de tocar el cielo
El desafío era enorme. Durán combatía ante su público y había conquistado la corona apenas cinco meses antes, cuando derrotó por nocaut en el decimocuarto asalto al japonés Koichi Wajima, en Tokio. Era un boxeador experimentado, con pasado de campeón europeo, que llegaba dispuesto a defender por primera vez su título.
Castellini, en cambio, desembarcaba en España con una extensa campaña profesional, una pegada que le había valido el apodo de "Cloroformo" y el respaldo de Juan Carlos "Tito" Lectoure, el empresario que había impulsado su carrera desde el Luna Park.
El argentino había recorrido un largo camino hasta conseguir aquella oportunidad. Había peleado en escenarios del interior del país, Brasil y Europa, había enfrentado a rivales de diferentes estilos y había aprendido que su poderosa derecha, aunque decisiva, no siempre alcanzaba para resolver una pelea.

El pampeano realizó 94 peleas como profesional de las cuales ganó 74, perdió 8 y empató 12, con 51 nocauts.
En Madrid necesitaba algo más que un golpe contundente: debía sostener su iniciativa durante quince asaltos frente a un campeón que sabía desplazarse, esquivar y contragolpear.
El derechazo que cambió la pelea
El combate comenzó con Castellini decidido a imponer su potencia y Durán buscando administrar las distancias. El español se movía constantemente, evitaba los intercambios prolongados y procuraba responder con golpes de contraataque.
El momento decisivo llegó en el tercer asalto. Castellini encontró el espacio para conectar una derecha que derribó al campeón. Durán consiguió recuperarse y continuar, pero aquella caída representó un punto de inflexión en el desarrollo de la pelea.

Muchos años después, el propio pampeano recordaría que ese golpe terminó de convencerlo de que podía conquistar el cinturón.
La pelea continuó con un desarrollo exigente. Castellini sostuvo la iniciativa y buscó acortar las distancias para imponer su mayor fortaleza física, mientras Durán apeló a sus desplazamientos y a una estrategia más especulativa.
No fue una actuación brillante desde lo estético ni una victoria construida sobre una sucesión de caídas. Fue, sobre todo, una demostración de perseverancia y decisión ante un adversario que procuraba impedirle desplegar su mejor boxeo.
Los asaltos se fueron acumulando. El campeón resistió y el retador mantuvo su búsqueda. La definición quedó en manos de los jueces después de quince rounds que exigieron al máximo al santarroseño.
Entonces llegó el fallo dividido. Las tarjetas marcaron 146-142 y 147-144 para Castellini, mientras que la restante favoreció a Durán por 147-146. La decisión dividida coronó al santarroseño después de quince asaltos y desató su llanto de emoción en el ring madrileño.
El pampeano rompió en llanto cuando conoció la decisión. La emoción contrastó con las protestas de parte del público madrileño, que había llegado al Palacio de los Deportes para acompañar al campeón local.
En el rincón argentino estaba Lectoure. Entre quienes acompañaron la consagración desde las tribunas se encontraban los boxeadores Víctor Galíndez y Hugo Corro.
La alegría que llegó hasta Santa Rosa
Mientras el santarroseño celebraba en Madrid, miles de kilómetros más lejos su ciudad natal vivía una noche inolvidable.
Los pampeanos habían seguido la pelea por radio. Cuando se conoció el resultado, la alegría se trasladó a las calles de Santa Rosa y a los lugares donde los aficionados se habían reunido para escuchar las alternativas del combate.
Al día siguiente, la televisión provincial permitió observar las imágenes de aquella victoria. La consagración también ocupó un lugar destacado en la prensa nacional, en tiempos en que Carlos Monzón y Víctor Galíndez mantenían al boxeo argentino entre los grandes protagonistas del escenario internacional.
El regreso de Castellini al país estuvo acompañado por una recepción multitudinaria. El 10 de octubre llegó al aeropuerto de Ezeiza, donde lo esperaba una multitud, y luego recorrió las calles sobre una autobomba, en una celebración reservada para los grandes campeones.
El muchacho que había comenzado a boxear en Santa Rosa había regresado con el cinturón mundial.
De Santa Rosa al Luna
Miguel nació el 26 de enero de 1947 en Santa Rosa. Comenzó a entrenarse desde muy joven junto a su amigo Hugo Daniele y, a los 17 años, se trasladó a Tucumán para continuar su formación. Allí debutó el 28 de mayo de 1965 debutó como profesional con una victoria por nocaut ante Domingo Gérez, como semifondo de Ringo Bonavena, su amigo.
A partir de entonces comenzó una carrera que lo llevó por distintos puntos del país y también por Brasil, donde derrotó a Edmundo Leite en São Paulo.
En aquella ciudad permaneció durante un tiempo y trabajó como disc jockey, una actividad que también formó parte de su vida fuera del cuadrilátero.
Su ascenso definitivo llegó cuando Lectoure lo convocó para combatir en el Luna Park. El empresario vio en aquel joven pampeano a un boxeador con una pegada excepcional y comenzó a organizarle enfrentamientos que le permitieron adquirir experiencia y proyección internacional.
El 4 de noviembre de 1972, Castellini se consagró campeón argentino de los medianos juniors al noquear a Héctor Ricardo Palleres en el Luna Park.
Su potencia lo convirtió en una de las figuras del boxeo nacional. Incluso Carlos Monzón, con quien había compartido sesiones de entrenamiento, reconoció la dureza de sus golpes.
Pero la construcción del campeón mundial también tuvo momentos difíciles y cuestionamientos.
La crítica de Cortázar
El 7 de abril de 1973, el escritor Julio Cortázar asistió al Luna Park para presenciar el combate entre Castellini y el estadounidense Doc Holliday. El pampeano ganó, pero su actuación no convenció al autor de Rayuela, quien publicó en la revista El Gráfico una columna titulada "El triunfo con algunas nubes".

Castellini ante Doc Holliday, la pelea que presenció Cortázar y de la cual hizo una dura crítica al pampeano.
Cortázar consideró que Castellini todavía debía desarrollar recursos técnicos para complementar su potencia y convertirse en un boxeador verdaderamente completo.
La crítica tuvo una repercusión particular porque provenía de uno de los escritores argentinos más reconocidos y de un profundo aficionado al boxeo. Con el paso de los años, Castellini reconoció que aquellas palabras habían terminado funcionando como un estímulo.
"No me dolió esa columna. Me ayudó, me desafió para luchar hasta lograr ser campeón del mundo", recordó.
Después de aquel episodio, su carrera tomó un nuevo impulso. Peleó en Europa, consiguió victorias importantes en Italia y Francia y consolidó el prestigio que finalmente le abrió las puertas de la oportunidad mundialista.
El reinado y la despedida
La permanencia de Castellini en la cima fue breve. El 5 de marzo de 1977, en su primera defensa, perdió el título por puntos ante el nicaragüense Eddie Gazo, en Managua.
Aquella pelea quedó marcada por un contexto de violencia e intimidación que el propio argentino denunciaría años después, en una Nicaragua gobernada por la dictadura somocista.
Castellini continuó su carrera. El 9 de junio de 1979 protagonizó una dura pelea con su coterráneo Alfredo Horacio Cabral en el Luna Park, donde perdió por nocaut técnico en el octavo asalto, aunque recibió el reconocimiento del público por su entrega.
Su despedida llegó el 20 de septiembre de 1980 cuando volvió a enfrentar a Gazo y consiguió una victoria por nocaut técnico en el noveno round. Fue una revancha deportiva y el cierre de una trayectoria que había comenzado quince años antes.
Durante su carrera fue entrenado, entre otros, por Ademar "Chito" Teves, Vicente Espinoza, Diego Corrientes, Víctor Arnotein y Juan Carlos Pradeiro.
Realizó 94 peleas como profesional de las cuales ganó 74 (51 de ellas por la vía del nocaut), perdió 8 y empató 12.
También fue un personaje singular fuera del ring. Sus años en Europa lo vincularon con figuras del espectáculo y la cultura internacional, como Jean-Paul Belmondo, Alain Delon, Mina, Dalida y Charles Aznavour.
Después del retiro siguió relacionado con el boxeo, especialmente desde la enseñanza y la actividad recreativa.
Falleció en octubre de 2020, a los 73 años, después de contraer coronavirus.
Fotos: archivo El Gráfico - Facebook - Clarín