El profesor Omar Lastiri recuerda el paso de Diego por La Pampa y sus sensaciones con la noticia.

El profesor Omar Lastiri tiene todo anotado y registrado en la memoria. Tomó la punta de lanza y denunció el doping en la Vuelta de La Pampa de ciclismo a nivel nacional. Entendía -y entiende- el deporte limpio como una forma de la existencia.

El equipo que lo tenía al frente, Tiempo Libre, peleaba contra un pelotón de forma desleal. En ese entonces Néstor Lentini estaba al frente del Centro de Salud de la Secretaría de Deportes de Nación. Y sentía que en La Pampa un profesional derecho iba una misma dirección.

Corría el año 1994. Diego Armando Maradona quería ponerse al cien para llegar al campeonato del mundo de Estados Unidos. Y eligió La Pampa para realizar una preparación intensa que sería coordinada, fuera del trabajo de campo, por el propio Lastiri a pedido del doctor Néstor Lentini y Marcos Franchi, en ese momento, su representante.

“La posibilidad de que Diego viniera a La Pampa se debía a mi relación con Néstor Lentini. Un 4 de abril me llamó y no sabía si me estaba tomando el pelo. Nuestra relación fue formal con Lentini, cuando me lo propuso me habló de que lo querían poner bien a Diego, en sus evaluaciones, no solo entrenamiento con (Fernando) Signorini, necesitaba el gimnasio, una pileta de natación, y recreativamente el boxeo”, le cuenta Omar a El Araucanito.

Operativo La Pampa 

Bajo esos lineamientos, el operativo La Pampa se puso en marcha. La estancia El Marito iba a ser su búnker para el trabajo de campo, mientras que luego había tres puntos donde Diego iba a prepararse: el gimnasio Tiempo Libre, la pileta del club All Boys y el gimnasio de Miguel Ángel Campanino.

“Estaba en ese momento como coordinador de natación en All Boys y hablé con Julio de Paz, que era presidente. No hubo problemas. Con Campanino había una relación personal y cuando le conté de esto, me dijo que también estaba dispuesto. Y tendría el gimnasio de Tiempo Libre a disposición. Ahí lo atendería mi hijo Alejandro”, cuenta Lastiri, quien recuerda que con el excampeón de boxeo se la pasaron muy bien.

“Fui el nexo gestor silencioso de esos trabajos, menos el de campo. Ellos venían a las 15:30, mi hijo mayor Alejandro lo atendía y de ahí iban a boxeo y a la pileta cubierta. Teníamos todas las rutinas armadas. Alejandro sabía qué agua tenía que tomar, en qué momento, él se encargaba de Diego en el gimnasio”, aporta Lastiri, quien recuerda en una anécdota la cordialidad del Diez con toda la familia: “Le pidió permiso a mi mujer, que estaba embarazada, para tocarle la panza. ‘Permiso señora, me dijo la Tota que esto trae suerte. Va a ser un varón’. Hoy el varón tiene 26 años y es ingeniero químico”.

La noticia en secreto 

Lastiri tuvo que hacer silencio por unos días para conservar el secreto de esta llegada del 10. “Desde el 5 de abril lo sabía. Ya teníamos todo arreglado, hubo que hacer unos seguros y declaraciones, pero todo estaba listo. Sus hijas y su mujer llegaron el jueves 14. Nunca hablé... no declaré antes, no declaré durante y no lo hice luego. Ahora siento que no hago nada mal. Estamos hablando de quien en ese momento era el hombre más famoso del mundo, sin Facebook, sin WhatsApp, sin redes... su figura era impactante y nosotros no teníamos que cometer errores. Alejandro estaba al ciento por ciento disponible para él. Cuando nos estábamos mudando al nuevo gimnasio, me hizo una sugerencia de cambiar el piso y usar uno flotante, como se usaba en Sevilla. Y así lo hicimos”.

Lastiri destaca el costado humano del mejor del mundo. Es que en la comitiva, además de su familia, vino Rubén González, un chico sordomudo correntino que había adoptado don Diego y doña Tota.

“Le juntaba la ropa a Diego, estaba detrás de él... Ese fue un acto de gran humanidad”. Cuando supo la noticia, ayer, lo primero que se le cruzó por la cabeza a Omar Lastiri fue resistirse a creerla.

“No estás preparado para recibirla. Me hace acordar a cuando murió Senna. La sorpresa es inversamente proporcional a la razón, porque querés buscar justificativos donde no hay. Por más que su salud tenía desgastes y los márgenes se achicaban, me invade una sensación de profunda tristeza y consternación y, a la vez, me queda el orgullo de haber trabajado en su momento para quien fue una megaestrella”.