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El pampeano Torello dejó su huella en Mont Blanc

El atleta de Winifreda completó la CCC del UTMB de 104 kilómetros, con 12 mil metros de desnivel y casi la mitad del camino bajo la lluvia. "Cumplí un sueño de mi vida", graficó luego de cruzar la línea de meta.

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EL DIARIO digital

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Por Walter Goñi

Especial para El Diario de La Pampa desde Courmayer/ Chamonix

Nunca me gustó escribir un hecho noticioso en primera persona, porque me parece que el periodista queda en un lugar de protagonismo que no le corresponde. Casi nunca escribo sobre deportes. Y de running conozco poco y nada. Pero si puedo escribir desde ese sentimiento tan único de cariño, de respeto y de admiración que rodea a la amistad.

Por eso, hoy quiero contarles la hazaña de Gustavo "El Tavo" Torello, mi amigo. El papá de Tomás y de Berenice, la pareja de Daiana, el comerciante de Winifreda, el corredor amateur pampeano, acaba de cumplir uno de los deseos más anhelados que tenía como atleta de montaña. "Cumplí un sueño de mi vida", dijo -consumido y balbuceante- después de que le bajaran la bandera, de los abrazos interminables y en medio de una alta dosis de emoción y felicidad.

La largada ya había tenido todos los condimentos necesarios. El ambiente fue una extraña mezcla de silencio concentrado y murmullo colectivo que dejaba escuchar el suave crujido de las zapatillas de mil colores y marcas, el sonido casi rítmico de los bastones al ser ajustados y el roce incesante de las camperas rompevientos, que algunos se sacaban y se volvían a poner casi al mismo tiempo. No había gritos de aliento, solo conversaciones en voz baja, casi susurros, y mucho nerviosismo compartido.

En medio de ese escenario, quieto, apenas buscando ponerse en punta de pies, está la figura de "El Tavo". Sobresale por su estatura de más de 1,90 metros, pero también porque lleva una llamativa gorra de color naranja y una camiseta con la 10 de Messi en la mano -con las tres estrellas, por supuesto- que le alcanzó Daiana. La única vez que lo vi sonreír en ese momento fue cuando un fotógrafo brasileño que inmortalizaba rostros en primerísimo primer plano en la línea de largada amagó con no sacarle una foto, pero -sonrisas cómplices mediante, por la rivalidad futbolística, claramente- volvió sobre sus pasos y lo retrató. A partir de ahí fueron todas lágrimas de emoción. "El Tavo" no podía ocultarlas ni siquiera debajo de esos enormes lentes que les exigen a modo de prevención.

Los corredores que tiene alrededor son un mosaico de humanidad. Están los atletas de elite, delgados y fibrosos, cuya calma aparente esconde una concentración de acero, pero también los "aficionados" (muy entre comillas, porque correr Mont Blanc es cosa seria) que se ajustan por décima vez la mochila de hidratación y al mismo tiempo comprueban el GPS de reloj y las dos linternas necesarias. Faltan apenas unos minutos para las 9 de la mañana, pero la mayoría de ellos sabe que los abrazará la noche en medio de la montaña.

El arco de salida, cubierto de logos de patrocinadores, es el epicentro de toda esta actividad. La música electrónica, el rock potente y una ambientación sonora épica empiezan a sonar por los altavoces como un intento de inyectar adrenalina a un ambiente casi gélido. Un animador con una voz de demasiado enérgica para la hora, lanza lo que creo que es una especie de arenga: lo hace en italiano y en francés, porque la carrera comienza en Courmayer (Italia) y finaliza en Chamonix (Francia), ambas ciudades (ambos países) divididas por poco más de media hora en auto.

El animador por fin inicia la cuenta regresiva "Diez, nueve, ocho…". Ya se viene la promesa de aventura y "El Tavo" junto a una marea de corredores de muy diferentes partes del mundo se adentra en la inmensidad de un paisaje maravilloso.

La largada fue, luego en sus propias palabras, un momento inolvidable: "Muchas emociones al estar en la largada de la carrera más importante del mundo. Y cuando digo que es la más importante del mundo, es porque en muy pocos deportes un corredor amateur puede compartir una salida con atletas de nivel internacional. Es un lujo correr al lado de verdaderas bestias de este deporte. Estar rodeado de más de dos mil corredores, con gente que quiero, con el público aplaudiendo… son sensaciones inexplicables", relató Torello ya repuesto de un desgaste que lo dejó al borde de la deshidratación.

La carrera, según él mismo describió, tuvo dos partes muy diferentes. La primera, con "buenas sensaciones" aunque marcada por la falta de adaptación: "Por motivos ajenos llegamos apenas un día antes y además nos habían extraviado la maleta con todo el equipo. Recién tres horas antes pude presentar la mochila con los elementos obligatorios. La adaptación a la altura no estuvo y se sintió, pero hasta el kilómetro 60 pude mantener el ritmo previsto que había calculado", explicó.

A partir de allí, el clima convirtió la prueba en un desafío mucho mayor: "Luego llegó la lluvia y la carrera fue otra. Es la primera vez que me toca correr más de diez horas con lluvia, viento fuerte, frío y en la noche. Decidí no arriesgar nada que me provocara un golpe o una lesión", recordó.

El tramo final también tuvo su cuota de drama: "Faltando siete kilómetros, en La Flégère, una bajada muy técnica, me quedé sin linterna. La primera había fallado y la segunda agotó la carga. Esos últimos kilómetros fueron arriesgados y difíciles, pero con paciencia y aprovechando la luz de otros corredores pude llegar a las calles de Chamonix, donde por fin había luz".

La llegada a la meta, 21 horas después, en el puesto 71 de su categoría, fue una explosión de emociones: "Si bien mis tiempos no fueron los que tenía en mente, fue una lucha total. Se lo debía a toda la gente que nos estuvo siguiendo desde Winifreda, mi pueblo, desde La Pampa y también compañeros de otras partes del mundo".

En sus agradecimientos, "El Tavo" fue contundente: "Quiero agradecer a mi mujer Daiana, quien fue mi gran asistente en todo el recorrido. Ella me iba alentando y transmitiendo las muestras de afecto de la gente que hacía fuerza para que pudiera terminar. Infinitas gracias a todos, a mis hijos, a las empresas Creativa Construcciones, El Badén, y la Cumbre Aventura que fueron mucho más que auspiciantes. El cariño se sintió, se siente, y ese es el reconocimiento más lindo que uno puede recibir".

Además de cumplir uno de los grandes sueños de su vida, a partir de ahora Gustavo Torello, mi amigo "El Tavo", no solo pasa a integrar un selecto grupo de corredores amateur argentinos que pudieron completar la CCC del Ultra Trail UTMB -una de las pruebas de montaña más prestigiosas y duras del planeta- sino que además tiene el enorme mérito y el orgullo de ser el primer pampeano en haber dejado su huella en Mont Blanc. ¡Chapeau!

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